Vida de San Benito de Nursia – 6

Los santos alcanzaron de Dios el poder de hacer milagros

DE UN DISCÍPULO SUYO QUE ANDUVO SOBRE LAS AGUAS 

Un día, mientras el venerable Benito estaba en su celda, el mencionado niño Plácido, monje del santo varón, salió a sacar agua del lago y al sumergir incautamente en el agua la vasija que traía, cayó también él en el agua tras ella. Al punto le arrebató la corriente arrastrándole casi un tiro de flecha. El hombre de Dios, que estaba en su celda, al instante tuvo conocimiento del hecho. Llamó rápidamente a Mauro y le dijo: “Hermano Mauro, corre, porque aquel niño ha caído en el lago y la corriente lo va arrastrando ya lejos”. Cosa admirable y nunca vista desde el apóstol Pedro; después de pedir y recibir la bendición, marchó Mauro a toda prisa a cumplir la orden de su abad. Y creyendo que caminaba sobre tierra firme, corrió sobre el agua hasta el lugar donde la corriente había arrastrado al niño; le asió por los cabellos y rápidamente regresó a la orilla”. Apenas tocó tierra firme, volviendo en sí, miró atrás y vio que había andado sobre las aguas, de modo que lo que nunca creyó poder hacer, lo estaba viendo estupefacto como un hecho. 

Vuelto al abad, le contó lo sucedido. Pero el venerable varón Benito empezó a atribuir el hecho, no a sus propios merecimientos, sino a la obediencia de Mauro. Éste, por el contrario, decía que el prodigio había sido únicamente efecto de su mandato y que él nada tenía que ver con aquel milagro, porque lo había obrado sin darse cuenta. En esta amistosa porfía de mutua humildad, intervino el niño que había sido salvado, diciendo: “Yo, cuando era sacado del agua, veía sobre mi cabeza la melota del abad y estaba creído que era él quien me sacaba del agua”. 

PEDRO.- Portentosas son las cosas que cuentas y sin duda alguna serán de edificación para muchos. Yo, por mi parte, te digo que cuantos más milagros conozco de este santo varón, más sed tengo de ellos.

GREGORIO.- Pedro, el hombre de Dios Benito tuvo únicamente el espíritu de Aquel que por la gracia de la redención que nos otorgó, llenó el corazón de todos los elegidos; del cual dice san Juan: era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1,9), y más abajo: de su plenitud todos hemos recibido (Jn 1,16). Los santos alcanzaron de Dios el poder de hacer milagros, pero no el de comunicar este poder a los demás, pues solamente lo concede a sus discípulos, el que prometió dar a sus enemigos la señal de Jonas (Mt 12,39). En efecto, quiso morir en presencia de los soberbios, pero resucitar ante los humildes, para que aquéllos se dieran cuenta de quién habían condenado, y éstos, a quién debían amar con veneración. En virtud de este misterio, mientras los soberbios contemplaron al que habían despreciado con una muerte infame, los humildes recibieron la gloria de su poder sobre la muerte. 

DE UNA ENORME PIEDRA LEVANTADA POR SU ORACIÓN 

Un día, mientras estaban trabajando en la construcción de su propio monasterio, los monjes decidieron poner en el edificio una piedra que había en el centro del terreno. Al no poderla remover dos o tres monjes a la vez, se les juntaron otros para ayudarlos, pero la piedra permaneció inamovible como si tuviera raíces en la tierra. Comprendieron entonces claramente que el antiguo enemigo en persona estaba sentado sobre ella, puesto que los brazos de tantos hombres no eran suficientes para removerla. 

Ante la dificultad, enviaron a llamar al hombre de Dios para que viniera y con su oración ahuyentara al enemigo, y así poder luego levantar la piedra. Vino enseguida, oró e impartió la bendición, y al punto pudieron levantar la piedra con tanta rapidez, como si nunca hubiera tenido peso alguno. 

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4 respuestas a Vida de San Benito de Nursia – 6

  1. rosa de María dijo:

    Efectivamente muchos santos son taumaturgos aunque no todos, lo más curioso es que muchos sufren por serlo. Pero de este relato para mí lo más importante y con lo que yo me quedo son dos cosas: la obediencia, que como todos sabemos es pilar de la santidad y la segunda cosa es la disponibilidad del santo, su presteza para ayudar al prójimo, es decir, su caridad. Bien lo decía San Pablo, “de la Fe, la Esperanza y la Caridad, ésta última es la mayor y la más grande de las tres.

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  2. Nancy Lozano Hoyos dijo:

    Hace poco leí lo siguiente: “santo no es el que hace milagros sino auqel que permite que Dios haga de su vida, un milagro”. Menudo programa.

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  3. centinela dijo:

    PAX.
    Bendita obediencia a la Palabra que nos permite “caminar sobre las aguas” y tempestades que nos llegan a sumergir y ahogar sin la Presencia Divina…Nuestro caminar en esta vida es un continuo caminar sobre las aguas en donde se convina la escucha de Dios, la obediencia, la fe y la urgencia de estar con Aquel que nos amo primero….DEUS BENEDICTE!!!

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  4. uno mas dijo:

    ¡Milagros expectaculares! ¿Que no es un Milagro?

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