El lugar de Dios en nosotros

            Redire ad cor: la vuelta al corazón. Los antiguos Padres repetían incansablemenes al novicio este consejo. ¿Qué significa?

            El joven monje ha reconocido muy pronto que es difícil acercarse a Dios para entrar en contacto con él. (…)En esta maduración hay un aspecto importante que consiste en el descubrimiento –quizá solo presentimiento- del órgano interior que le permite entrar en  contacto con Dios.

(…)

            En efecto, en cada hombre existe un lugar donde Dios lo toca y donde él mismo está en incesante contacto con Dios. Simplemente, por el hecho mismo de que Dios nos conserva a cada instante en la existencia, es decir porque ininterrumpidamente salimos de sus manos. El lugar donde se realiza sin interrupción ese contacto creador entre Dios y yo permitiría tocar realmente a Dios, si llegara a abstraerme de toda otra cosa y dirigir  la mirada de mi espíritu exclusivamente a ese punto de contacto divino, al lugar de encuentro con Dios en mí.

(…)

            Done está ese lugar de Dios en mí, está también el lugar de la oración; una oración que es ya incesante mucho antes del momento en que yo sea capaz de adivinarla o incluso  de interesarme por ella. En efecto, no soy yo quien me entrego a la oración, sino el Espíritu Santo que no cesa de orar allí con gemidos inefables (Rom 8,26).

            Esta oración es el tesoro de mi corazón. Tesoro en verdad escondido, hundido en lo más profundo de mi ser, cuyo acceso está provisionalmente obstruido por una multitud de realidades que me distraen de la oración,  que me llaman y solicitan fuera de mí mismo, sin  que yo sea capaz todavía de responderles, como es necesario, con un corazón verdaderamente desprendido, sin perder nunca el contacto con el horno ardiente que se encuentra en estado latente dentro de mí.

            Es importante insistir. Desde el comienzo de mi búsqueda, antes incluso de ella, ya me es dada la oración. Es una base previa, anterior a todos mis esfuerzos y a toda técnica. Desde el momento en que recibí la vida de Dios en mi, en la hora misma de mi bautismo, la oración quedó derramada, por así decir, en mi corazón; al mismo tiempo que el Espíritu Santo, que entonces me fue dado (Rom 5,5). Ella ha plantado su tieneda allí, allí mora. El Espíritu Santo en persona intercede allí por mí y por todos los santos; allí celebra una liturgia incesante, se hace la voz de Cristo y mi propia voz, se eleva ante Dios y, sin darme cuenta incluso, arrebata el corazón de Dios en favor del mundo, de la Iglesia y del pecador que soy yo.

            Vivir en estado de gracia significa siempre, pues, a un nivel profundo de mi ser, vivir, en estado de oración. Al comienzo, esta oración es perfectamente inconsciente. Precisamente todo mi esfuerzo consistirá en hacerla aflorar a mi conciencia. Nada más. De inconsciente, debe convertirse en consciente. Tengo que dejarme envolver por ella desde dentro, a fin de poder unirme a ella, acogerla y dejarme llevar continuamente por ella. El Camino monástico no tiene en definitiva otro objetivo: despertar el corazón y hacerlo sensible a la oración que lleva en sí.

Extracto de: André Louf, El camino cisterciense. Ed. Verbo Divino, Estella, 2000, pp 70-73

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8 respuestas a El lugar de Dios en nosotros

  1. Olga dijo:

    lindo texto, gracias
    que el espíritu santo se apodere de mi siempre para estar en la presencia de mi señor
    que ese tesoro siga por siempre, que mi corazón siempre este despierto y a atento al espíritu

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  2. Pablo dijo:

    Preciosa pagina nos regalas Hno. par comenzar la semana en nuestra cotidianidad, que así sea. Un fraternal y agradecido saludo desde Buenos Aires

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  3. Horacio de Jesus Crucificado dijo:

    Senor, dame un corazon limpio para estar siempre en oracion contigo. Cuan bueno es mi Senor Jesus orar junto a ti, alli en lo mas profundo de mi corazon. Senor, dame la fortaleza para no dejar de orar. Senor, tu mas que nadie sabes lo debil que soy, y cuantas veces me distraigo cuando intento onversar contigo. Senor, hoy cuando mio corazon esta triste y abatido por la grave enfermedad de mi hermano, quiero orarte por el, para que tu hagas tu obra en el, y para que posibilites su pascua hacia la casa del Padre mientras yo estoy aca an Chicago. Senor, dale la paz y la tranquilidad que necesita en estos momentos. Prepara su alma para ese encuentro definitivo con el Padre.

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  4. ALEXIS dijo:

    La oración personal es ese encuentro con Dios; donde uno reflexiona y medita. A mí me sucede que hay momentos que estoy “Arriba” una oración que me hace sentir feliz… Medito la sagrada escritura con mucha fe fervorosa y trato de ser un minje contemplativo. Pero tengo momentos o espacios de tiempo que la Oración no me dice nada, es como si yo estuviera “abajo”. ¿A QUÉ SE DEBE ESO?.

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    • Oscar Kowal dijo:

      La oración no siempre es sensible y es mas ,en las épocas de insensibilidad es cuando mas crecemos pues es solo la Fe la que actúa : puede ser esto dios nos conoce y nos hace crecer en la forma mas oportuna .

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  5. Anónimo dijo:

    Que bueno es orar…orar siempre, sin desfallecer nunca, esa inspiración que sale desde lo más profundo del ser, que no puede ser otro que el Espíritu Santo,

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  6. Grevin Jesús dijo:

    Muy interesante el texto, me da alegría al saber que la oración está actuando muy antes que se va entrar en oración, que está allí presente desde nuestro bautismo, el Espíritu Santo haciendo inhabitación con la Santísima Trinidad, el tesoro que llevamos en vasos de barro, como diría San Pablo, ante esta realidad y regalo, cuando más me llama a conciencia a buscarle constamente en la oración, pido a la Virgen María perfecta adorada de este misterio, me ayude a vivir este don del Amor de Dios. Saludos a todos/as hermanos/as Fraternidad.

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  7. rosa de María dijo:

    Que Dios me conceda esta gracia la de “despertar el corazón y hacerlo sensible a la oración que lleva en sí”.

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