De vuelta al desierto

                La bondad y misericordia de Dios me han devuelto al desierto.

                De día se me llenan los ojos con la luz de las maravillosas dunas de Beni-Abbes, y de noche me dejo inundar horas y horas por la paz que baja hacia mi desde las estrellas amontonadas a millares en la Galaxia que, con su fluorescencia luminosa, parece destinada a recordarme con vigor y  dulzura que, parece destinada  recordarme con vigor y dulzura la nube destellante de la impenetrabilidad divina, en la andadura por el desierto de la vida. Me siento feliz. Como nunca. Hasta la emoción.

                Y cuando todo esto se adentra por mis ojos, el espectáculo del mundo se torna  más encantador; y en lo recóndito de mi mismo, advierto los pasos de Dios.

                (..)Para la mentalidad bíblica el desierto no es un término, sino jugar de paso, como en el caso de Elías: “Y levantándose, comió y bebió; y con la fuerza de aquel manjar caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb (1 Re 19, 8).

                 (..) Si los profetas hicieron de ese modo; si Jesús se comportó de esa manera, debemos hacerlo también nosotros de cuando en cuando; debemos retirarnos al desierto

                 (…) Se trata de hacer un poco de desierto en la propia vida. Se trata de aislarse, apartarse de las cosas y de los hombres. Es un principio indiscutible de salud mental.

                   Hacer el desierto interior significa habituarse a la autonomía personal, a encerrare con los propios pensamientos, la oración propia, el propio destino.

                   Hacer el desierto significa aislarse en una habitación, quedar solo en una iglesia vacía, construirse en lugar retirado de la casa o en el extremo de un corredor nuestro pequeño oratorio donde localizar el contacto personal con Dios, donde tomar respiro, donde hallar la paz.

                   Hacer el desierto significa dedicar periódicamente un día entero a la oración: significa subir a una montaña solitaria; significa levantarse de noche para orar.

                  En fin, hacer el desierto  no significa otra cosa que obedecer a Dios*. Porque existe un mandamiento –sin duda el más olvidado, especialmente por quienes se dicen “comprometidos”, por los militantes, los sacerdotes y… también los obispos—que nos manda interrumpir el trabajo, desprendernos de nuestros compromisos y  aceptar cierta inactividad en beneficio de la contemplación.

                    *[Cf. EX 20, 8-11]

Carlo Carretto, Más allá de las cosas, extracto pp 21-24. Paulinas 1969

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Para profundizar Ficha de Abandono.com El desierto es indispensable en el itinerario del corazón a Dios

 

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5 respuestas a De vuelta al desierto

  1. HNO. BETOCUA dijo:

    PAZ Y BIEN, MUY BUENA REFLEXION, BENDICIONES

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  2. Hno Horacio de Jesús Crucificado FMV dijo:

    Permíteme Señor entrar en mi desierto. Ayúdame Señor a levantarme en la noche para proclamar tus maravillas, para elevarte salmos y para meditar tu Palabra. Dame la fortaleza para encerrarme dentro de mi mismo para allí estar contigo siempre. Dame la entereza para hacer ayuno y oración, y dar limosna. Señor ven hoy a mi corazón cuando me encuentro triste y abatido, sin saber el porqué.No me desampares Señor hoy que me siento débil y acongojado. Dame la alegría de ir a la ermita que construí para leer y meditar tu Palabra, y en ella encontrarme contigo, con el Padre y con el Paráclito.

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    • uno-mas dijo:

      La Soledad, el Silencio; el no escuchar al homo-fabri…….es muy dificil; cierto es que solo DIOS basta y que Su creación nos rodea….mas nuestra sensibilidad es muy exigente. No estes triste Hº Horacio, Dios está siempre con nosotros y ademas cuentas con Nuestras oraciones.

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    • john dijo:

      Hno Horacio; La oración en el silencio (es la oración sin palabras) es vivificadora e iluminadora, nuestra mente es muy inquieta muy condicionada por el concepto, es un mar de desorden, las cosas son como son en si mismas y nada las hará cambiar, en cada una de ellas hay una pincelada de la manifestación sublime y de amor de DIOS. En un atardecer de un sol que nos lanza sus rayos dorados, en la noche de luna colmada y rodeada de puntos luminosos, en el pajarito que nos canta de madrugada, en la estoicidad del árbol que nos da su sombra, en el hermano que trabaja sin descanso para sobrevivir o el hermano que sufre o que ora en comunidad o a solas.
      No hay desiertos cuando se vive en comunión con DIOS, aun viviendo en un desierto natural, en el desierto de las ciudades donde la fe pocas veces se encuentra o en el desierto personal. El ayuno no debe ser una imposición y la oración llega en su momento, cuando entramos en silencio y comunión con el Padre, esperando en la quietud, en la tranquilidad, su voz, una voz sin sonidos ni conceptos, ni ordenes, es un estar simplemente en común unión con DIOS.

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