Encarna tu oración

(…)

Los cristianos no hemos sido llamados a orar con el puro espíritu, rechazando nuestro propio cuerpo o el de Jesús. No, no, nuestra oración ha de ser enteramente humana. (A veces se habla de una oración que trasciende la condición humana,  mas no me es  posible tenerla por oración cristiana.) Huelga de cir que esa oración incluye la contemplación mística: ¿hay algo más humano que esto? Por desgracia, suele creerse que la oración mística es una oración de puro espíritu. Nada más lejos de la verdad. El silencio y el vacio místicos, la oscuridad mística, están profundamente encarnados Pero hablaré de ello más adelante.

Para encarnar de veras la oración en tu centro, te aconsejo dar un puesto preferente a estas dos mesas: la de la palabra y la de la Eucaristía.

Por la mesa de la palabra entiendo la lectura de la Biblia. Toda nuestra oración debe esencialmente basarse en la Sagrada Escritura. No quiere decir que sus palabra estén siempre en tu mente consciente -a veces tu oración discurrirá en un “silencioso vacío”-, sino que han de ser la  fuente suprema de tu experiencia religiosa. Si tu silencio es auténtico, la palabra de Dios seguirá viva en tu inconsciente, o sea en las zonas subliminales de tu mente. Te exhorto, pues, a que leas una y otra vez las Escrituras y las recites en común, hasta convertir lo más hondo de tu espíritu en una mina de imágenes arquetipicas de la Biblia.

La segunda es la mesa de la Eucristía. Concede a la Eucarístia un lugar privilegiado en tu centro. No me refiero únicamente a la celebración del sacramento, sino también a la ulterior reserva del Santísio, problamando así la presencia a la vez divina y humana de Jesús. Con ello honrarás tanto seu espíritu como su cuerpo. Jesús mismo vivirá en ti y exclamarás con san Pablo: “No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí”. Además, por la Eucarístia Jesus vivirá en tu comunidad, uniéndoos y dándoos así a entender que en virtud de un solo pan sois un solo cuerpo.

A éstas anadiré una tercera: la mesa de la vida. Haz que tu vida fluya en tu oración y la alimente. Recuerda cómo María oraba poderando en su corazón los acontecimientos relacionados con su viaje a Belén: “María, por su parte, reunía todas estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc 2, 19). Así puedes tú también meditar en el tuyo lo que sucede en tu vida y en el mundo, sobre todo en el mundo que sufre. Esto alimentará tu oración y te ayudará a mantener la cabeza sobre los hombros.

William Johnston

Enamorarse de Dios. Práctica de la oración cristiana. Herder, Barcelona, 1998, pp. 32.33

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4 respuestas a Encarna tu oración

  1. Hno. Horacio de Jesús Crucificado. FMV dijo:

    Oh mi buen Jesús vive siempre dentro de mi corazón. Nunca me abandones. Llename con el pan de la Eucaristía e ilumina mi vida con la luz de tu Palabra.

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  2. HNO. BETOCUA dijo:

    PAZ Y BIEN, PERFECTA MEDITACION, BENDICIONES

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  3. virginia alejandra oropeza baez dijo:

    Gracias Hermano por tus palabras
    son dirección espiritual para mi
    bendiciones y un saludo invocando el Nombre de Jesús

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  4. Muy concreto y práctico. Gracias hermanos.
    Un saludo invocando el Nombre de Jesús.

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