El hombre, un ser espiritual.

 

Si bien es cierto que los seres humanos somos racionales e inteligentes, no deja de ser menos cierto que, ante todo, somos seres espirituales por naturaleza. Esa condición nos permite hacernos conscientes no solo de nuestras propias emociones sino de nuestro espíritu, así como de las emociones de los otros, y comprender que somos parte de algo más grande.

 La espiritualidad nos permite:

 1.            Ser conscientes de que somos más que cuerpo, mente y emociones.

 2.            Entender que somos parte de algo mayor, que tenemos en la vida una misión trascendental, y que amando al prójimo aprendemos a amarnos mejor a nosotros mismos.

 3.            Definir nuestro propio plan de vida personal, familiar, social, y laboral.

 4.            Practicar los valores del amor, la paz, la felicidad, la tolerancia, el respeto a la diversidad.

 5.            Poner nuestra mente en lo fundamental y lograr experimentar en nosotros una felicidad auténtica.

 6.            Disminuir y acabar los conflictos, los problemas interpersonales, la competencia interna, el odio, la violencia, la pobreza, las guerras, el hambre y la exclusión social.

 7.            Comprender y aceptar que la vida es corta, y que si nos lo proponemos, podemos tener un gran impacto en nuestras familias, en nuestros hijos, en la comunidad, en nuestras organizaciones y en nuestra cultura.

 La dimensión espiritual  del hombre se logra cuando nos identificamos con el Ser Espiritual por excelencia: Dios; cuando comprendemos nuestro papel en la vida; cuando somos imaginativos y sensibles ante la belleza y el arte; cuando traspasamos los límites y las fronteras del espacio y el tiempo; cuando se da la unión espiritual y emocional con los otros, la naturaleza y el mundo; y cuando estamos dispuestos en pelear por un mundo mejor.

 En el interior de nosotros mismos se moldea el destino de nuestras vidas, un destino que deja grabado a fuego el camino que deberemos recorrer durante nuestro transitar por esta tierra.

 Es en ese camino donde estamos obligados a descubrirnos a nosotros mismos para poder descubrir al otro.

La espiritualidad que anida allá en lo más profundo de nuestro ser nos ayuda a ver la vida a través del contacto con los otros, a desarrollar nuestra sensibilidad frente al sufrimiento y el dolor de quien está a nuestro lado, a compartir sus sentimientos y a respetar sus puntos de vista. La espiritualidad nos facilita la comprensión, tanto de nosotros mismos como del lugar que ocupamos en el círculo de la vida. Cada uno de nosotros es una parte importante de todo lo que existe.

 La espiritualidad nos facilita el desarrollo del potencial de amor, seguridad y alegría de vivir que existe en nuestro ser interior. La espiritualidad nos facilita la búsqueda continua de la verdadera esencia de la vida que reside en nuestro interior y nos permite, con sabiduría y humildad satisfacer las necesidades que trascienden la razón, para encontrar y superar así las limitaciones de nuestro Yo que nos impiden el encuentro sincero, leal y consciente con el otro y con el Creador. Tú y yo somos seres únicos y singulares. Cada uno de nosotros posee aptitudes especiales otorgadas por Dios.

 La espiritualidad se asemeja a la lluvia que nutre a la planta, y también se asemeja al sol que estimula el crecimiento de esa planta. A través de ella nosotros nos ayudamos mutuamente a reconocer y a desarrollar el potencial que se oculta en nuestro interior; nos permite compartir las penas y las alegrías del otro; y nos damos ánimo cuando el temor o la desconfianza se empeñan en derrotar a la esperanza.

La vida es mucho más que lo que aparenta ser, y mucho más que lo que de ella sabemos, ya que cada día se presenta un nuevo descubrimiento, y no podemos saber que podrá traer hasta nosotros el viento del porvenir. Solamente siendo unos seres espirituales podremos enfrentar ese futuro incierto que el transcurrir por el camino de la vida nos tiene preparado.

 La espiritualidad viene a ser esa fuerza, ese motor, ese algo, ese fuego, que nos hace perseverar en el camino de la vida para obtener el anhelado triunfo que esperamos encontrar al final. Con sobrada razón alguien dijo, “…así como el jilguero que trina su canto de alabanza, como la marea que abraza la orilla del mar, así mi espíritu se regocija en la magia que se ha creado entre el Creador y yo”.

Colaboracion del

Hno. Horacio de Jesús Crucificado. F.M.V. y del Santo Nombre

Esta entrada fue publicada en Aportes de los miembros, Espiritualidad, Meditaciones. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a El hombre, un ser espiritual.

  1. Sofía Canales Chávez dijo:

    Siempre hay “algo” en nuestro interior que nos hace buscar la trascendencia. Nos hace buscar a Dios, conectar con Él, sabiendo de alguna manera que somos parte de Él.

    Me gusta

  2. Héctor de Dios dijo:

    Hermanos: se ha dicho que somos seres espirituales que hemos venido a cumplir una misión especial trascendiendo el mundo material. Así, y a pesar de todo lo material que percibimos, nuestra verdadera esencia es espiritual y perseverando en los caminos de Dios alcanzaremos la gracia del regreso al Padre y a la vida eterna.

    Me gusta

  3. HNO. BETOCUA dijo:

    PAZ Y BIEN, MUY CIERTO: La vida es mucho más que lo que aparenta ser, animo

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s