Dejarse Amar. [El camino de la infancia espiritual]

discipulo amado

En eso consiste todo el problema. Pero no lo crea Dios, pues él ama. Es obra del hombre, que duda en dejarse amar, que no quiere -¡oh Nicodemo!- hacerse de nuevo niño, dejarse amar como un niño que se entrega confiado a los brazos de su Abba.

Rilke, poeta de sensibilidad extrema, presentó al final de los Cuadernos de Malte Laurids Brigge la parábola del hijo pródigo. Malte Laurids Brigge –el mismo Rilke– camina hacia su ruina porque no ha conseguido dar el paso decisivo aceptar que Dios le ama. Para él, la parábola del hijo pródigo es “la leyenda del que no quiso ser amado”. Para Rilke, el amor no puede tener más dirección que la del hombre a Dios, sin retorno posible. Y habla de “la imposible respuesta de Dios a nuestro amor”. Rilke conoce la “noche”. “Creo en la noche”, decía. Pero qué diferencia tan grande entre la noche de Rilke, opaca, y la de Teresita del Niño Jesús. Esta siguió dejándose amar por Dios en la noche. Rilke quería ser honesto. Acusaba a los santos de ser hombre “excesivamente tensos que querían abordar inmediatamente a Dios”. Y pedía que se hiciera “pausadamente el largo trabajo que nos separa de él”. Quería que el sufrimiento no fuera el apoyo casi abusivo y precoz para encontrar a Dios. Deseaba que se tuviera la valentía de seguir los caminos de la felicidad:

“Dichoso hay que ser para encontrar a Dios,
Pues quieres por angustia lo inventan
Acelerado van y buscan poco
La intimidad de su ardiente ausencia.”

[…]Hablando del libro del padre De CaussadeEl abandono en la divina Providencia”, decía el Charles de Foucault que era el escrito que más profundamente había marcado su vida. Y se conoce la oración de abandono escrita por el hermano Charles siguiendo esa línea. Ese camino de abandono vivido y cantado por Teresita del Niño Jesús es el punto inicial de las mismas bienaventuranzas.

Este camino de infancia y de abandono –del que se ha hablado mucho en la iglesia romana desde hace más de un siglo– es muy sutil y difícil. Y resulta revelador ver cómo las personas se han defendido de manera sorda, pero radical, de ese camino. Muchos predicadores que hablaron de él quedarían asombrados si tuvieran la valentía de analizar en profundidad sus afirmaciones, de caer en la cuenta de que, en realidad, ellos fueron un pantalla que atenuaba una luz demasiado viva. Resulta significativa la desnaturalización que han padecido los dichos de Teresita del Niño Jesús a partir de su muerte. Ese camino de infancia preconizado por ella resultaba verdaderamente insoportable. Por eso se le sometió a una operación de pérdida de perfiles reduciéndolo a una actitud pueril, completamente sentimental, a pesar de que Teresita de Lisieux lo vivió y describió como un más allá de toda afectación y tuvo la valentía de abandonar las riberas del infantilismo familiar en la Navidad de 1886. Lejos de tomar el estilo de una regresión a las nostalgias y a las vinculaciones de los primeros años de la vida, este camino de infancia es la aceptación de la muerte. Es nacer al Abba, del que Rilke decía en el “Libro de la pobreza y de la muerte”: “Du bist der Arme, du der Mittellose” (“Eres el pobre, el desvalido”).

Cuando Jesús se encomienda a su Abba en Getsemaní y en el Gólgota, entonces sigue lealmente el camino de infancia.

[…]Nadie puede ser libre por nosotros; nadie puede abandonarse al Abba en nuestro lugar. Cada uno puede convertir su muerte en un gesto de abertura al Abba; una entrega ardiente de sí, en confianza. Es el secreto profundo de cada persona: cada uno puede, día a día, sentirse en su último día, dar el paso, avanzar, inerme y desnudo, en nacimiento nuevo; lanzarse a lo desconocido de la muerte en un sobresalto de vida; precipitarse hacia el Abba con confianza decisiva; atreverse a decir “si”.

[…]Nuestro mundo envejece no en el sentido de que cada vez es mayor el número de ancianos que viven en nuestro planeta, sino en el sentido de que nuestro mundo ha perdido aquella capacidad de infancia que consiste en dar nuestro consentimiento a lo real, a la vida y a la muerte.

[…]El consumo, las cobardías cotidianas, los sentimientos devotos, los fundamentalismos religiosos o estáticos, todo tiende a hacer que olvidemos o evitemos la muerte, y nos impide verla como Bernanos: como una mañana, una aurora, un puerto, “la hora incomparable en que Dios se dignará soplar sobre su criatura extenuada”.

[…]El “camino de la infancia” no es para nada un consuelo y una compensación frente a ese estado de “desamparo” que es la condición humana misma. Este camino exige “dejar padre y madre”, las certezas paternas y la tierra materna, y atreverse a avanzar hacia una ausencia ardiente.

[…]Jesús invita precisamente a vivir sin presiones, a respirar al tiempo que se pierde la vida propia para ganarla. Abandonarse a la vida no significa dejarse llevar, sino, por el contrario, dejarse penetrar por las pulsaciones de la vida, atreverse a vivir. Un cristiano no se abandona al Abba precisamente dejando en barbecho su talento, reprimiendo y economizando sus fuerzas vitales. Tal comportamiento no es sino una manera cómoda de no afrontar la existencia, de desertar de los combates del ser humano. Jesús entro libremente en su vida pública y en su pasión; se atrevió a zambullirse en toda la vorágine de la condición humana. Quiso vivir en las estructuras políticas y religiosa de su tiempo como hombre libre, como “niño que ríe”, que llama a las cosas por su nombre, que proclama a los cuatro vientos la desnudez del rey, por grande que sea su poder.

[…]Pero aquella persona, hombre o mujer, que acepta esta situación, que se fija como meta el no querer poseer a otra persona, ni la verdad, esa persona –hombre o mujer– entra en la vida verdadera y en la creatividad. Se le concede entonces el familiarizarse cada vez más con lo real, el encontrar la verdad en su camino y saludarla alegremente a su paso. El verse confrontado con el vacío, con la noche, con la ignorancia, con la impotencia, no conduce al suicidio, sino que por el contrario, alimenta la actividad creativa.

El camino de la infancia se encuentra ahí, en ese gozo de la pobreza, en ese admitir que no somos dioses. El cristiano tiene que entrar en ese camino. Su fe no le dispensa de emprender este trabajo de verdad: igual que a todo ser humano, se le pide que ame al prójimo como a sí mismo. Y precisamente en este amor es donde se abandona a la vida en vez de querer dominarla. Ahí es donde el cristiano puede comprobar si ama al Abba al que quiere abandonarse. De lo contrario, se mentirá a sí mismo, como dijo el apóstol Juan.

Podemos seguir este camino de infancia poniendo nuestra mirad en el Abba, que es padre, pero también niño, sin que esto suponga merma alguna de su amor. Qué equivocación y ridiculez la de haber presentado tantas veces a Dios como un viejo con barbar. La “eterna inocencia de Dios” de la que habla Claudel, le hace mas semejante, mas bien, a un niño. Si se puede dar un rostro a Dios, éste se parecerá al de un niño.

Extracto de “Las Bienaventuranzas hoy”, de JEAN-FRANÇOIS SIX. Paulinas, Madrid, 1986, pp. 15-22

[Sobre la espiritualidad de la Infancia espiritual, vean la experiencia de Fabiana Corraro, en “Dejate-amar. Una experiencia concreta de crecimiento expiritual”]

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5 respuestas a Dejarse Amar. [El camino de la infancia espiritual]

  1. lavsdeo dijo:

    Reblogueó esto en Laus Deo.

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  2. HNO. BETOCUA dijo:

    PAZ Y BIEN, EL QUE NO SE HACE COMO NIÑO….BENDICIONES

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  3. fabiola dijo:

    Excelente extracto y entrada.
    Saludos

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  4. Queridos hermanos/as. Como siempre les agradezco todas las cosas hermosas que me envian y me ayudan a perseverar en la Oracion de Jesus, y mas todavia, me acompañan a todos lados y en todo momento que puedo entrar en quietud.

    A veces no puedo dejar de pensar en lo paradojico que es ser “monje urbano”, porque ciertamente veo en los conventos al menos se juntan los hermanos/as de una misma familia, y supongo que eso los hace sentir “no tan solos”.

    Es que al menos ami me sucede que estando en el mundo y no amando al mundo hasta las amistades mas intimas no pueden acercarse mucho a uno porque simpplemente tienen otros intereses, los cuales yo puedo compartir muy pocas veces.

    Ya de por si, parezco de otro planeta por no tener television ni estar enterada de las ultimas noticias de los famosos, las cuales , por supuesto, todo el mundo conoce.

    Tampoco puedo “conversar” acerca de lo que hago, porque no les gusta escuchar acerca de la pobreza y el dolor que veo en el hospital y en mi Capilla (soy agente pastoral y en la capilla ejerzo el ministerio de escucha) tanto mas que aunque quisieran oir las conversaciones, que tengo con la gente es privada y no la debo trasladar a otro ambito que no sea el personal…

    Supongo que la cercania de las fiestas me puso un poco melancolica y por eso me extendi un poco.

    Quiero desearles unas muy felices fiestas a todos, Es mi deseo que todos crezcamos mucho este año en el amor de Jesus.

    Un saludo en el Señor.

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    • Gabriel de Santa Maria dijo:

      Gracias por tu cálido y fraterno comentario. Sábete acompañada en el Éspiritu e integrada en esta comunidad virtual. Para cualquier cosa que quieras compartir puedes escribir a la “Hospedería”, donde la Hermana Maria te recibira con afecto fraterno. Me permito tambien enviarte privadamente mi mail con la misma intención.

      Un saludo en el Santo Nombre y en el Corazón de Mamita.
      Fraternalmente, Hno. Gabriel de Sta. Maria.

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