Escuchar la palabra

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El evangelista san Lucas señala que María retiene y conserva todos estos acontecimientos en su memoria, antes de meditarlos en su corazón”. Hay en ella una calidad de escucha, de silencio y de atención que moviliza todas sus energías para acoger al esposo que viene. En María, esta calidad de atención puede llegar hasta la delicadeza de deferencia y la, cortesía del corazón, a fin de esperar la venida de la Palabra hecha carne. El silencio de María en el Evangelio es un silencio hecho de escucha y de atención, un’ silencio de preferencia, que es una castidad de todo el ser ante Dios y para él. Ella presenta sencillamente su corazón desnudo y solitario a la palabra de Dios. En otrós términos, María sabe “leer” la palabra y los acontecimientos en el “desierto de los sentidos” como decía ya Orígenes. En la oración, no hay que dar al corazón profundo otro alimento que la palabra de Dios misma, que la profundidad de la palabra.

¿Por qué ese silencio y esa escucha atenta en el desierto de los sentidos? Sencillamente porque Alguien —Cristo— es esperado y escuchado. Es preciso cavar en nuestro corazón un amplio espacio de libertad capaz de acoger la verdad de Dios. Como esta verdad de Dios desborda nuestros marcos de pensamiento, nuestro corazón no estará suficientemente cavado en profundidad para contener el agua viva de Dios.

La parra de Dios se dirige a nosotros cada día; por eso hay que ese, char su voz y no endurecer el corazón. En la vida, sólo una osa se hace única necesaria: el encuentro y la comunión n la Palabra de Dios hecha carne. Nada debe preferirse este encuentro con Cristo.

Cuando estéis leyendo estas líneas, deteneos y sorprendeos en fragante delito de circuito. Vuestros pensamientos dan vueltas alrededor como en el circuito de las veinticuatro horas de Le Mans. Bosquejáis proyectos, alimentáis deseos y vuestro cine imaginario proyecta fantasmas, con variantes, pero, en definitiva, siempre en el mismo circuito. En cierto momento, es preciso que todo esto cese: paremos el motor y tratemos de escuchar.

Desde hace muchos años tal vez, Dios ha tratado de hablarnos y de hacernos escuchar el canto del Amado a su viña. Quisiera dejar oír su canto, pero su tono, modulado y orquestado de cien maneras diferentes, no consigue franquear la barrera del sonido. Entonces, con ocasión de un retiro por ejemplo, Dios espera que podrá tal vez conseguirlo… Es una cuestión de ritmo y de circuito. Dios tiene el suyo, que gira a velocidad mayúscula, y nosotros tenemos el nuestro. Para percibir el amor loco de Dios, que asedia nuestro corazón, utilizando como única arma de persuasión, la fuerza terrible de la humildad y de la dulzura, hay que romper nuestro circuito, pararse y escuchar.

María es así el modelo de aquellos que escuchan el canto del Amado a su viña, cuando le dice: “Alégrate, llena de gracia”, y para escucharle, ella hace callar a sus pensamientos, a sus preferencias y a sus maneras de ver. No se agita con muchas cosas como Marta sino que se sienta a los pies del Señor para escucharle. Pero, hay maneras y maneras de escuchar y María ha escogido la mejor parte, en el sentido de que no interfiere. nunca el circuito de Dios con sus pensamientos propios: “Como el cielo se eleva por encima de la tierra, así los pensamientos de Dios se elevan por encima de nuestros pensamientos”.

Hay una manera de callarse que no es silenciosa del todo: es el demonio mudo del Evangelio, que tiene sellados los labios como una tumba a causa de su corazón de piedra. Es el reproche constante de Cristo resucitado a sus apóstoles: “No creéis, no me véis, porque tenéis el corazón duro”.Y Jesús se ve obligado a abrir el corazón de sus apóstoles para que entiendan “las Escrituras”. Se. puede hablar sin decir nada, pero se puede también callar porque uno se cierra al otro para no escucharle. Así María habla en la anunciación, cuando el ángel le anuncia que va a ser la madre del Salvador, pero habla para plantear las verdaderas preguntas: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?” (Lc. 1,34). Es una pregunta abierta a Dios que no cierra el corazón de María. No dice: “esto es imposible”, sino que se abre a otro pensamiento que desborda y supera el suyo.

P. Jean Lafrance [Extracto de…]
“El Poder de La Oración”. Narcea. Madrid. 2000. PP 170 ss.

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8 respuestas a Escuchar la palabra

  1. olga dijo:

    abre señor mi corazón para entender tus escrituras

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  2. joaquín C. dijo:

    Hola, escribo al correo que tenéis en el alta y vienen devueltos. Ha ocurrido dos veces. Pasa algo. Por favor, escribidme aqui: [indica correo, que se omite]

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    • Francisco dijo:

      A mi se me notifica que el correo que ya he enviado un par de veces a la Hermana Maria para se aceptado en la Comunidad no ha sido recibido… podria alguien ayudarme ?. Francisco

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  3. carlos moreno dijo:

    Gracias por vuestros mensajes. Dios os bendiga

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  4. carlos moreno dijo:

    Gracias por esta página. Dios os bendiga.

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  5. El silencio del corazón trasciende la simple falta de palabras, es una actitud de escucha, de receptividad, una mansa entrega de amor.

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  6. Juan García Callejas dijo:

    Gracias por el texto compartido. Que el Señor nos bendiga.

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