Homilía del Padre José

Presentación del Señor

El Señor viene a su templo, nos dice el profeta Malaquías en la primera lectura: Malaquías 3,1-4. Viene a su casa, viene a lo suyo; lo nuestro es lo suyo. San Juan, en el prólogo de su Evangelio dice que: «vino a los suyos y los suyos no le recibieron, pero a los que lo recibieron les da la potestad de ser hijos de Dios».

Necesitamos de purificación para poder acceder a la presencia de Dios. Tanto en el culto como en la vida, necesitamos de coherencia para que culto y vida, amor a Dios y al prójimo puedan ir juntos. Hemos de ser, así, mensajeros que proclamen la presencia de Dios en el mundo y en la historia, una presencia viva en nosotros, que somos como dice San Pablo: templos del Espíritu.

La segunda lectura tomada de Hebreos 2,14-18, nos recuerda que el que viene a nosotros es el que se ha hecho semejante a nosotros en todo menos en el pecado. El ha querido estar sujeto a las tentaciones y al sufrimiento como nosotros y su vida fue el camino marcado por el Padre, de forma que la humanidad, especialmente los que sufren, no están desamparados, pues desde esta comunión real con los hombres, curtida en la experiencia del sufrimiento, es como Jesús ejerce el ministerio de pontífice fiel. El sufrimiento de Cristo es la respuesta a nuestro sufrimiento y el de toda la humanidad y su coherencia de vida es una llamada a vivir también nosotros en la coherencia.

El Evangelio de Lucas 2, 22-40, nos presenta el más bello de los cánticos lucanos, en él hay un marcado «ahora» que expresa la idea de la promesa cumplida. De este modo, Simeón que simboliza al siervo-pueblo de Dios, puede irse en paz, porque Dios ha cumplido su palabra: la salvación ha llegado a todos los pueblos. Simeón, coloca al principio lo que ocurrió al final: que será bandera discutida y signo de contradicción de manera que el juicio ya se da en función de la actitud que tomemos ante él.

También María no solo será madre, sino que también participará de la fidelidad del discípulo. La dialéctica de elección (a favor o en contra) se da en todos, incluso entre sus propios familiares. La imagen de la espada, sugiere la dificultad que ella misma va a experimentar para comprender que la obediencia a la Palabra de Dios, está por encima incluso de los más sagrados vínculos familiares. El camino de fe de María realizado con fidelidad llegó así a su plena madurez superando todas las pruebas y dificultades.   

Haz click aquí para descargar la homilía

   Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

Acerca de Blog El Santo Nombre

...Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en Él vivimos, nos movemos y existimos... (Hechos de los Apóstoles 17, 27-28)
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