Dios en el corazón

El camino del Espíritu


Son los puros de corazón los que ven a Dios (Mt 5,8). Pero ¿cómo definir el corazón y cómo describir su actividad?

Es un término bíblico que los místicos utilizan constantemente; los autores orientales recientes lo toman a veces como emblema para distinguirse del Occidente «racionalista», que, según ellos, olvida demasiado fácilmente que el fundamento de la vida cristiana es el corazón. Escribe uno de ellos: «Tratar de alimentar el corazón es dirigirse a Dios: Dios mismo es un corazón que abraza todo. Sólo en el corazón es posible captar el secreto del universo, lo que Kant llama la “cosa en sí”. Quien tiene un corazón capta el sentido de Dios, de los hombres, de los animales y de la naturaleza. El corazón es el único órgano capaz de dar la paz al espíritu».

La oración más perfecta, según los autores orientales, es la oración del corazón. Dice Teófanes el Recluso: «¿Acaso no ha mandado el Señor cerrarse en la propia habitación para orar? (Mt 6,6). La habitación del hombre es su corazón; por tanto, el Señor nos manda orar en nuestro corazón».
Pero es preciso dar la noción precisa de este término porque tiene un uso muy amplio. En la Biblia el corazón indica toda la vida interior: el corazón reflexiona, proyecta y decide. Siente el temor de Dios y en él reside la fidelidad a Yavé. En el Nuevo Testamento es la sede del Espíritu Santo (cfr. Rom 10,10). Pero a menudo para los Padres y para los autores medievales, las expresiones bíblicas tienen un toque demasiado semítico y se ven obligados a interpretarlas con una terminología más aceptable para la psicología tradicional. Su interpretación revela claramente la corriente de espiritualidad a la que pertenecen.

Los griegos son especulativos por naturaleza y sustituyen el corazón bíblico por la mente. El sursum corda se convierte entonces en «la elevación de la mente a Dios». Por el contrario, la literatura espiritual de la Edad Media en Occidente oponía el «afecto del corazón» al pensamiento racional puro. Para santo Tomás de Aquino, el precepto «amar a Dios con todo el corazón» (cfr. Mc 12,30) es «un acto de voluntad que se expresa con la palabra corazón». Pero en seguida iba a darse una reacción, sobre todo en la piedad, a favor de los sentimientos. En el lenguaje de hoy, «corazón» significa la parte sentimental del hombre. Eso hace que no siempre se entiendan bien los textos clásicos de espiritualidad. Y se advierte claramente que la pista que parte de las nociones psicológicas no podrá aclarar nunca la cuestión. Se ha intentado situar el corazón en el esquema de la estructura psicológica del hombre y sólo después se ha planteado qué función podía tener ese «corazón» en la vida espiritual.

Pero en realidad se debe proceder al revés. El corazón es el punto de contacto entre el hombre y Dios. ¿Qué órgano nuestro tiene una función privilegiada en ese contacto? Los griegos, siguiendo la tradición platónica, atribuían esta función a la mente, a la
inteligencia. Con eso influyeron mucho en la terminología cristiana. Pero se necesitaban adaptaciones. La mente es sólo una de nuestras facultades, aunque sea la suprema. El contacto con Dios no puede reducirse a una parte de nuestra persona sino que debe implicar al hombre entero: el intelecto, la voluntad, los sentimientos, la memoria y también el cuerpo.

El precepto de amar a Dios «con todo el corazón» significa «con toda el alma, con toda la mente, con todas las fuerzas» (Mc 12,30). Conscientes de que el término «corazón» contenía esa integridad o totalidad del hombre, algunos Padres volvieron a este lenguaje y pensaron que es mejor definir la oración como la «elevación del corazón a Dios». Entonces los autores espirituales ven el corazón como principio de la unidad espiritual; el corazón «mantiene la energía de todas las fuerzas del alma y del cuerpo», es «trono del Espíritu Santo» (Teófanes el Recluso).

Pero esa unidad del hombre se puede considerar bajo dos aspectos, que podemos definir como «horizontal» y «vertical». En el aspecto horizontal, un acto humano «sale del corazón» cuando en él no hay contradicciones, cuando todas las fuerzas humanas colaboran armoniosamente. Teófanes se sirve de una comparación del mundo teatral. Cuando un actor representa su parte fuera de la escena, su trabajo pierde mucho. Lo mismo sucede con el ejercicio de una facultad aislada: su ejercicio es forzado y disminuye su eficacia. La representación fuera de la escena simboliza una oración que se pierde en pensamientos abstractos o en actos de voluntad demasiado «ascéticos». Para realizarlos, la voluntad debe contrariar los sentimientos opuestos y la tendencia del cuerpo, y hacer lo contrario de lo que le insinúa la fantasía. Esa violencia ascética por el bien es necesaria para vencer la naturaleza corrompida. Pero su objetivo es volver a la armonía plena. Sólo así la oración y la conducta humana salen «del corazón». Toda la persona será santificada. Su devoción respirará la belleza natural.

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9 respuestas a Dios en el corazón

  1. daniel dijo:

    Tal vez sea interesante remitirse al texto hebreo en Deuteronomio 6,5 para observar que la palabra para “corazón” es “lev” לב. Este término bajo la perspectiva semítica (que, tal como se afirma en el artículo, se diferencia de la griega) significa “conciencia, interior, intimidad”, entre otras acepciones, sin excluir “entendimiento y comprensión” En síntesis, para la perspectiva semítica, propia también de Jesús, el “Corazón” debe entenderse como sede de la vida consciente. Saludos y bendiciones

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  2. José A. dijo:

    Es cierto hermano, creo que me he metido en un asunto que no está en el texto.

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  3. HNO BETOCUA dijo:

    Paz y bien hn@s, me gusta mas esta idea al respecto del tema tratado:”esa unidad del hombre se puede considerar bajo dos aspectos, que podemos definir como «horizontal» y «vertical» Bendiciones

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  4. José A. dijo:

    La palabra conciencia no existe en la Biblia y sí la palabra «corazón». San Pablo es el único que emplea la palabra «syneidesis» que los latinos traducen por «cumscire» y de ahí «conciencia». la conciencia dice el nº 16 de la Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II, es entre otras cosas, el sagrario del hombre, donde el hombre se encuentra a solas con Dios. Conciencia y corazón, se ve que tienen mucha relación.

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  5. Raymundo dijo:

    Desde el punto de vista religioso acepto el concepto del “ corazón” como punto de contacto entre hombre y Dios. Pero al mencionar la psicología, entonces ya estamos hablando dese otro término, el científico y científicamente el corazón nada tiene que ver con los sentimientos. El cerebro es el que nos da el pensamiento, emociones, etc

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    • Claro Raymundo es verdad que depende desde el campo en que se lo trate el significado del término. Por lo que conozco, el término corazón alude en general al centro de la persona, a lo más íntimo y cercano a Dios o como llamaba algún místico renano el “fondo del alma” o el lugar “sin fondo” (ungrund). Gracias por comentar. Un saludo fraterno en Cristo.

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