El Reino está en nuestro corazón

En todo momento, en cada instante, guardemos nuestro corazón de los pensamientos que vienen a oscurecer el espejo del alma (Prov 4,23). Jesucristo, sabiduría y fuerza de Dios Padre pone su marca e inscribe su imagen luminosa sobre él (1 Cor 1,24). Entonces, sin reposo, busquemos en nuestro corazón el Reino de los Cielos (Mt 6,33). (…)

            Quien se libra a los malos pensamientos, es imposible que se guarde puro de los pecados del hombre exterior. Si de su corazón no extirpa de raíz los malos pensamientos, ellos lo llevarán a las malas obras. La causa de la mirada adúltera es que el ojo interior ya se ha librado al adulterio y a las tinieblas. La causa del deseo de escuchar infamias es que escuchamos a los demonios infames que están en nosotros. Debemos entonces, en el Señor, purificarnos en el interior y en el exterior, guardar limpios nuestros sentidos, mantenernos puros alejándonos de toda actividad inspirada por la pasión y el pecado. Anteriormente, dados a la vida mundana, en la ignorancia y vanidad de nuestra inteligencia, nos mostrábamos serviles con nuestra inteligencia y sentidos a la mentira del pecado. Ahora, retornando a la vida según Dios, con nuestra inteligencia y sentidos es necesario servir al Dios vivo y verdadero, a su justicia y voluntad (1 Tes 1,9). (…)

            Emprendamos el combate de la inteligencia contra esos demonios, para que su voluntad malvada no llegue a nuestras obras como pecados reales. Si extirpamos de nuestro corazón el pecado, encontraremos en él el Reino de Dios. Con esta bella ascesis, guardemos en nombre de Dios la pureza y la continua compunción de nuestro corazón.

 Filoteo el Sinaíta

“Capítulos Népticos” 23, 33, 36

De qué forma el espíritu penetra en el corazón

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2 respuestas a El Reino está en nuestro corazón

  1. HNO BETOCUA dijo:

    Paz y bien hn@s: Concédenos la abundancia de tu misericordia Señor y perdona la multitud de nuestros pecados y el castigo que por ellos merecemos. Bendiciones

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  2. José A. dijo:

    Es interesante poder discernir entre buenos y malos pensamientos para poder acoger en nosotros la verdad y la grandeza de Reino que está en nosotros. Pienso que es un regalo poder llegar hasta él y no siempre podemos hacerlo sino es con ayuda y con la Gracia.

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