Homilía del Padre José

4° Domingo de Cuaresma – Ciclo A –

La mirada de Dios y la nuestra son distintas. En la primera lectura tomada de 1Samuel 16,1b.4ª.6-7.10-13ª, Dios escoge al más pequeño de los hermanos. El detalle de elegir al pequeño aparece con frecuencia en la Historia de la salvación. Dios ama a los pequeños y a los pobres y los elige para llevar adelante su plan salvífico.

La segunda lectura de Efesios 5,8-14 hace referencia a la luz en clara alusión al bautismo, sacramento de la iluminación, por el que pasamos a ser hijos de la luz, es decir miembros de Cristo, luz del mundo. Las obras realizadas en su nombre, serán luz que penetra las tinieblas para transformarlas.

El Evangelio de Juan 9, 1-41, nos presenta a Jesús curando al ciego de nacimiento; toda una catequesis bautismal, pues no olvidemos que la cuaresma era la preparación de los que se iban a bautizar en la noche de Pascua.

En aquel tiempo, el sufrimiento estaba vinculado al pecado. Jesús afirma claramente que la ceguera (sufrimiento) es la situación del hombre que está enfermo (pensemos en la situación que estamos viviendo de alarma por el coronavirus) y que él es el médico que toma la iniciativa de curar al ciego con sus gestos y palabras, que nos recuerdan la creación (barro aplicado a los ojos). El ciego es curado y cree en Jesús, disponiéndose a seguirlo y dando así gloria a Dios.

El autor nos muestra asimismo el camino de la fe que el neófito o catecúmeno deberá recorrer.

1º El encuentro con Jesús que vivió reamente entre nosotros.

2º Un hombre que habla en nombre de Dios y transmite su Palabra que denuncia, anuncia y consuela.

3º Jesús como nuevo Moises, viene de Dios y realiza las obras de Dios.

4º Confesar que Jesús era el verdadero Mesías suponía ser expulsado de la sinagoga, lo que equivalía a quedarse en una situación de indefensión total jurídica y socialmente hablando.

5º La meta es el reconocimiento de que el hombre llamado Jesús es el Señor (Dios volcándose en la salvación de los hombres). El Señor de la historia y el que da sentido pleno al ser humano abriéndole el camino de la trascendencia a partir de la humanidad.

Que podamos hacer un acto de fe como el de Tomás al final del Evangelio: ¡Señor mío y Dios mío!

Haz click aquí para descargar la homilía

Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y nos asiste desde la casa natalicia de San Vicente Ferrer, en Valencia, España. Es miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

Acerca de Blog El Santo Nombre

...Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en Él vivimos, nos movemos y existimos... (Hechos de los Apóstoles 17, 27 y 28)
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3 respuestas a Homilía del Padre José

  1. Hoy me tocó especialmente la Lectura de S.Juan, 9. Tomar conciencia de nuestra pequeñez y fragilidad para ser salvados, sanados. Y creo es una de las enseñanzas de esta pandemia. Siento que nos llama a ser convertidos al Señor de todo corazón, dejando a un lado nuestra autosuficiencia. De todo sufrimiento ya sea percibido como castigo, justicia, prueba o crecimiento, podemos aprender… a revisar nuestra conversión. Abrir los ojos para discernir esas señales de los tiempos, de ahora, pero abrirlos al Amor de Dios siempre presente.
    Como el ciego que recobró la vista por Jesús, la vista física y la de los Ojos del Alma y del Corazón, cuando limpió ese barro ensalivado por Jesús en sus ojos en las aguas de Siloé, volver de nuevo a ser limpiados por Sus Aguas, las Bautismales, las de la fe y de la reconciliación.
    Jesús nos salva y nos ama, Dios nos salva en su Amor.
    Encontrémosle vivo y presente en la Palabra, en los Sacramentos, pero especialmente en lo más hondo de nosotros: nuestra Alma y nuestro Corazón, en lo más íntimo de nuestra intimidad.
    Seamos esa lámpara y Luz del Resucitado, vivo en cada uno y una, que desde la eternidad brilla en nuestra humanidad y Espíritu para todos.
    Jesús, sabemos dónde estás, que podamos abrir más los ojos a tu Misterio y reconocerte como el Señor y Rey de nuestras vidas!

    M.Carmen Piña

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