Sobre la ira, la tristeza y la acedia

Una hermana, participante del curso de Filocalía, monja de clausura; nos comparte la síntesis temática que va realizando en torno a Casiano, El Romano.

LA IRA: Hasta ahora ignoraba esta emoción como una facultad para luchar contra las pasiones y la consiguiente perversión que le hemos dado. Un estado en sí desagradable y al que de modo alguno quisiéramos quedar aprisionados  y que sin embargo hasta haber tomado comprensión consciente de este estado, de sus causas y efectos, difícilmente podemos tener un control y equilibrio.

Casiano nos muestra a fondo el mal que produce esta reacción incluso en los pensamientos aun cuando no tomen por decirlo así “cuerpo”, no se exterioricen, es el mal escondido en el interior, es como la semilla que al menor descuido germina, ningún brote de animosidad ha de aparecer en el cristiano. 

Basta recordar lo que el Apóstol Santiago nos dice. “El hombre encolerizado no obra lo que agrada a Dios”, sencillamente dejamos de ser gobernados por el Santo Espíritu, para ser dominados por el espíritu de la ira que entorpece cualquiera otra virtud que practiquemos. Podemos a fin de comprender mejor esta pasión, observar la transformación que se produce en nuestro cuerpo: el ritmo cardíaco aumenta, la respiración se acelera, los músculos se tensan, el rostro que toma “otra forma”, nos modifica en nuestro habitual modo de ser, perdemos el aura de hijos de Dios, nuestra verdadera imagen; todo lo contrario del impasible que conserva la suavidad, la armonía de quien no se ha soltado de los brazos de su Padre Dios y cualquier acto externo no perturba su tranquilidad y paz.

Y a modo de colación esta frase de San Escrivá de Balaguer: “Serenidad. ¿Por qué has de enfadarte si enfadándote ofendes a Dios, molestas al prójimo, pasas tú mismo un mal rato… y te has de desenfadar al fin?” “Eso que has dicho, dilo en otro tono, sin ira y ganará fuerza tu raciocinio y sobretodo no ofenderás a Dios”. Camino nn.8 y 9

Y frente a la ira como facultad, el ejemplo de San Francisco de Asís y San Benito que ante una violenta tentación de la carne, se desnudan y se arrojan el uno a la nieve y el otro a espinas, hiriéndose el cuerpo pero saliendo victoriosos. ¿Por qué nos cuesta a veces vencer en la tentación? ¡Nos falta ira!

LA TRISTEZA

“No dejes que la tristeza se apodere de tu alma, ni te aflijas a ti mismo con tus pensamientos. La alegría del corazón es la vida del hombre, y un tesoro inexhausto de santidad; el regocijo alarga la vida del hombre. Apiádate de tu alma, agrada a Dios y sé continente; fija tu corazón en la santidad del Señor, y arroja lejos de ti la tristeza, porque a muchos ha matado, y para nada es buena”. Eclesiástico 30,21

El observar la tristeza como falta de fe implica dar un giro a nuestro modo de mirar, también a una profundidad de sentido existencial y espiritual, un ordenar la escala de valores donde hemos tergiversado lo transcendental; examinándonos podemos ver que la mayoría de las veces la causa de nuestras tristezas y su intensidad no coordinan, damos importancia a ligerezas que más parecen proceder de nuestra inmadurez y poca solidez en la confianza a Dios que en la gravedad de los acontecimientos. Sucesos que nos hicieron derramar copiosas lágrimas en el pasado ahora lo vemos como niñerías y nos causa risa.

El caer presas de este espíritu nos impide avanzar, nos nubla, como las nubes oscurecen y ocultan el sol, nos priva de la luz, de la lucidez necesaria para ver con los ojos de Dios y dejarnos orientar según su beneplácito siendo sumisos a los aconteceres. Esta cita bíblica ilumina mucho lo que nos transmite Casiano y darnos cuenta que aumenta en grado según nos dejemos llevar de los pensamientos, éstos son el combustible para abatirnos aún más y lo que nos limita en nuestras acciones diarias, en nuestra vida espiritual.

El espíritu de la tristeza lo veríamos como propio del espíritu que no está unido a Dios, que carece de contacto con su poder como para soltarse de la tensión, de la amargura, del dolor y dejarlo todo en manos del Señor. La tristeza según Dios es la que da salud al alma, proviene de su Espíritu que baña con su unción, aquí las lágrimas más que lastimar producen alivio  y consuelo porque regeneran al hombre viejo que hay en nosotros. Como decía el P. Paisio: “El corazón se purifica con lágrimas y suspiros”.

LA ACEDIA

Este espíritu que está tan emparejado con la tristeza viene a crear un tedio, una intranquilidad que imposibilita para toda obra buena. El desequilibrio que se patentiza en buscar por fuera, en lo exterior, el bien, la paz que interiormente ha perdido, lo empuja a vanos pretextos, a la ociosidad, al fastidio por su entorno habitual, es como una especie de tibieza en donde la virtud se le hace cargante, todo trabajo le resulta penoso.

El cuerpo predomina más en el acidioso, es un no esforzarse ni fatigarse, más bien un buscar lo placentero, es flojedad. La acidia nos puede atacar y de hecho ataca para impedirnos avanzar y dejarnos estancados y si puede perdernos. Sin poder vernos exentos  de tan maligno espíritu nos corresponde estar en guardia, es decir ocupados, el trabajo resulta un contra que ayuda notablemente a que este espíritu no tome control en nuestras vidas.

Aquí info sobre el curso de Filocalía

Vídeo sobre las emociones de Sergio Cardona

Acerca de Blog El Santo Nombre

...Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en Él vivimos, nos movemos y existimos... (Hechos de los Apóstoles 17, 27-28)
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6 respuestas a Sobre la ira, la tristeza y la acedia

  1. Su espiritualidad me hace sentir muy bien encaminado, es algo muy profundo, yo quisiera conocerlos más, cómo puedo hacer esto posible

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  2. Hno Betocua dijo:

    Paz y bien hn@s: Muy interesante, yo me quedo con los sgte. ” Basta recordar lo que el Apóstol Santiago nos dice. “El hombre encolerizado no obra lo que agrada a Dios”, sencillamente dejamos de ser gobernados por el Santo Espíritu, para ser dominados por el espíritu de la ira que entorpece cualquiera otra virtud que practiquemos “. Bendiciones

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  3. Carmen Piña dijo:

    Gracias hermana en Cristo.
    Interesante esta visión de cada estado, en su aspecto de sombra y de luz, que me señala esa actitud de aprender aún de aquello tedioso, poco consolador y esencialmente recordar que todo debe remitirnos a Dios, a Cristo.
    En su Presencia y actividad nuestro corazón es purificado, nuestra mente, espíritu y cuerpo a través de estadios, vivencias y circunstancias.
    Tomar conciencia de que como humanos tenemos aspectos a reconducir, ser sanados, de que aún en la oscuridad y a través de ella, llega y brilla la Luz del Espiritu… que todo debe llevarnos al Bien último.
    Cuántos impedimentos ponemos a Dios aferrados a nuestro modo de vivir, de comprender, de percibir. Cada día me veo más llevada a ese abandono consciente y confiado en Su Voluntad y es como abrir a Dios esa puerta que muy a menudo hemos cerrado con llave.

    Saludos fraternos hermanos.
    M.Carmen Piña

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    • Hola Carmen, es un gusto leerte. La hermana no pude responder habitualmente porque vive en una orden de clausura, pero le haré llegar tu comentario por correo. Aquello de los impedimentos que ponemos aferrados a nuestro modo de vivir, es una buena síntesis de lo que nos ocurre al permanecer en la “zona cómoda”. Un abrazo fraterno, Cristo te cuide.

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    • Hola Carmen, el gusto de verte por aquí! La hermana difícilmente pueda contestarte, ya que es religiosa de clausura y tiene las limitaciones propias de su estado. Sin embargo le haré mención de tu comentario a través del correo electrónico. Te envío un abrazo fraterno invocando a Cristo Jesús.

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