De la opacidad a la transparencia

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Para quienes oran de corazón, el mundo pierde su opacidad y se vuelve transparente; es decir, el mundo de la experiencia empieza apuntando, más allá de sí mismo, a la luminosa fuente de sabiduría y comprensión, a la esfera traslúcida del Espíritu de Dios. Contemplar es ver, hacer visible aquello que se oculta a la visión ordinaria.

Evragrio Póntico, uno de los Padres del desierto que más significativamente han influido en la espiritualidad monástica de Oriente y de Occidente, define la contemplación como theoria phsyké, lo que significa «visión» (theoria) de la «naturaleza real de las cosas» (physiké). El contemplativo es una persona que ve las cosas como realmente son; que ve las conexiones reales que hacen que las cosas encajen entre si; que sabe -como solía decir Thomas Merton- what the scoop is (aproximadamente: «cuál es la primicia» o «exclusiva»). Para conseguir semejante visión se necesita disciplina espiritual. Evragio aplica a esta disciplina el nombre de praktiké y se refiere a la acción de quitar de nuestros ojos la venda que nos impide ver con claridad. Merton, que estaba muy familiarizado con las enseñanzas de Evagrio, expresó la misma idea cuando dijo que en la vida contemplativa se pasa constantemente de la opacidad a la transparencia, de un lugar donde las cosas son oscuras, espesas, impenetrables y cerradas, a otro lugar donde esas mismas cosas son transparentes, abiertas y permiten ver mucho más allá de sí mismas1.

La práctica de la oración contemplativa nos revela la verdadera naturaleza de las cosas; desenmascara la ilusión de controlarlo todo, la posesividad y la pretensión del falso yo. Para quienes practican la oración contemplativa, el mundo (mundus) ha dejado de ser opaco u oscuro, para hacerse de nuevo y transparente: la «nueva Tierra», que brilla con su carácter intrínseco. Vivir espiritualmente en el mundo es desenmascarar la ilusión, disipar la oscuridad, y caminar en la luz.

De la misma manera que una ventano no es real si no podemos mirar a través de ella, nuestro mundo no puede mostrar su verdadera identidad si continúa siendo opaco y no apunta a algo que está más allá de sí mismo. En el proceso de formación espiritual, toda la vida puede convertirse en una theoria physiké, una clara visión de la naturaleza de las cosas. El Espíritu de Dios nos muestra cómo desplazarnos continuamente de la opacidad a la transparencia en tres relaciones centrales: nuestra relación con la naturaleza; con el tiempo y con la gente.

[…]

Si, en lugar de manipular la creación, nos decidiéramos a contemplarla, estaríamos en condiciones de verla naturaleza como un regalo de Dios que debemos apreciar y cuidar amorosamente. Si recibimos en nuestros corazones con agradecimiento y asombro lo que Dios ha creado, veremos la naturaleza tal como realmente es: como una realidad trasparente, y la vida empieza a hablar un nuevo lenguaje, revelándonos la bondad y la belleza de Dios. Las plantas y animales con los que vivimos nos dan lecciones acerca del nacimiento, el crecimiento, la maduración y la muerte, acerca de la necesidad de cuidar con delicadeza de las cosas, y especialmente acerca de lo importantes que son la paciencia y la esperanza.

[…]

Si experimentamos el tiempo como chronos (cronología), los acontecimientos de nuestra vida no son otra cosa que una serie, conectada al azar, de incidentes y accidentes sobre los que no tenemos control alguno. El tiempo se ha vuelto opaco, oscuro e impenetrable. No podemos ver a través de él la coherencia subyacente de nuestra historia.[…]El tiempo debe pasar, de chronos, a kairos: una oportunidad para un camio de corazón. Empezar a ver que los múltiples acontecimientos de nuestros días , semanas o años no representan obstáculos para una vida plena y valiosa, sino más bien un camino para alcanzar esto último, constituye una experiencia real de conversión.

En la vida y en el ministerio de Jesús, cada acontecimiento es reconocido como kairós. Jesús inaugura su ministerio público con estas palabras: «Se ha cumplido el tiempo…» (Mc 26,45). Él vive cada momento de su vida como una oportunidad para hacer nuevas todas las cosas.

[…]

Nuestra sociedad hace que resulte difícil ver como transparentes a las personas, porque estamos condicionados para referirnos a ellas como caracteres -diferente, interesante, no interesante… -para utilizarlas como corresponde a nuestras propias necesidades o deseos. «Sí, ella es buena en esto, y él es bueno en lo de más allá, lo que me permite manipularlos, explotarlos o utilizarlos para que desempeñen la función que mejor realizan»-, pensamos a menudo para nosotros mismos.

Si en la contemplación conseguimos ver toda la vida como un don, no nos será difícil después reconocer que en nuestras vidas las personas constituyen el más grande de los dones de Dios. Prescindiendo de su estatuto de personajes, se han convertido en personas con quienes podemos formar comunidad y a través de las cuales puede hablarnos Dios. Cuando nos convertimos en personas unos para otros, trascendemos las limitaciones de nuestros personajes individuales y comprendemos un objetivo más grande, como es el pueblo de Dios, estamos llamados a ser trasparentes unos para con otros, a apuntar, más allá de nuestro propio personaje, hacia Aquél que nos ha regalado amor, verdad y belleza.

[…]

La oración contemplativa nos ayuda a quitarnos la venda de nuestros ojos ver el mundo tal como es -como una realidad sacramental-,conectado y revelándonos ininterrumpidamente el gran amor de Dios.

Extractro : HENRI J. M. NOUWEN – FORMACIÓN ESPIRITUAL. «Siguiendo los impulsos del Espíritu». Sal Terrae, Santander, 2011. páginas. 47 a 57

1 Según Nouwen, Merton expuso estas ideas en una conferencia dada los monjes en la abadía trapense de Getsemaní (Kentucky, EE.UU.) Véase Clowning in Rome, p 89.

Hermanas/os está disponible la novena a Santo Domingo que publica Padre José OP en el blog de su autoría.

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2 respuestas a De la opacidad a la transparencia

  1. Anónimo dijo:

    👌👌👌

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  2. Hno Betocua dijo:

    Paz y bien hn@s: El buscador apasionado aprende a no obstinarse, si no a encontrar la manera para que el otro lo busque, bendiciones

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