Eucaristía del Lunes 30 de marzo y Carta a Diogneto

Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y nos asiste desde la casa natalicia de San Vicente Ferrer, en Valencia, España. Es miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual.

Carta a Diogneto

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Eucaristía del Domingo

2° Clase abierta de Filocalía

San Ignacio de Antioquía

Donaciones

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Eucaristía de hoy

Sábado de la Cuarta semana de Cuaresma

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Homilía del Papa Francisco en el momento de oración por la pandemia

Blog “Escritura Sagrada”

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Confiar sin límites

“Lo propio de la confianza es vivir sin garantía, en todos los planos, abandonando todo lo que podría darnos seguridad. Es también el sentido de la pobreza, que abre a la posesión del Reino de los cielos.

En el Evangelio todo se empalma; no se puede orar al Padre en el nombre de Jesús sin fiarse de él, y para fiarse, hay que ser pobre y no mirarse a sí mismo; por lo tanto hay que llegar a ser humilde.

Desde el momento en que un hombre entra en esta actitud de pobreza absoluta, puede pedir todo a Dios, con una audacia sin límites”.

Jean Lafrance
El poder de la oración

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Misa del Viernes de la cuarta semana de Cuaresma

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Un texto y un vídeo

San Clemente Romano, tercer sucesor de Pedro

Entrenar la mirada

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Eucaristía y dos textos

Eucaristía del Jueves 4° Semana de Cuaresma

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Enlaces de hoy

Se necesitan gestos

El misterio de la encarnación

Hermanas y hermanos, os agradecemos cualquier donación que podáis hacer, por mínima que sea, para el sostenimiento de los que participamos del equipo del blog y sus páginas subsidiarias. También haremos llegar una parte de vuestros aportes para colaborar con el Padre José y su labor apostólica. Aquí el enlace respectivo: DonacionesSaludos fraternos en Cristo.

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Solemnidad – Anunciación del Señor

Miércoles 25 de Marzo de 2020

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Enlaces de hoy

¿Que queremos en la vida?

La página de María del Carmen

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Eucaristía del martes 24 de marzo, 4° semana de cuaresma

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Dos textos

La Práctica de la Presencia de Dios

La pertenencia del corazón

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Eucaristía – Lunes de la 4° Semana de Cuaresma –

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Hoy reunión virtual

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Eucaristía de hoy

4° Domingo de Cuaresma – Ciclo A-

Esta Misa ha sido oficiada desde la casa natalicia de San Vicente Ferrer, en Valencia, España, por el Padre José A. miembro de la Orden de Predicadores y miembro de nuestra Fraternidad Monástica Virtual

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Homilía del Padre José

4° Domingo de Cuaresma – Ciclo A –

La mirada de Dios y la nuestra son distintas. En la primera lectura tomada de 1Samuel 16,1b.4ª.6-7.10-13ª, Dios escoge al más pequeño de los hermanos. El detalle de elegir al pequeño aparece con frecuencia en la Historia de la salvación. Dios ama a los pequeños y a los pobres y los elige para llevar adelante su plan salvífico.

La segunda lectura de Efesios 5,8-14 hace referencia a la luz en clara alusión al bautismo, sacramento de la iluminación, por el que pasamos a ser hijos de la luz, es decir miembros de Cristo, luz del mundo. Las obras realizadas en su nombre, serán luz que penetra las tinieblas para transformarlas.

El Evangelio de Juan 9, 1-41, nos presenta a Jesús curando al ciego de nacimiento; toda una catequesis bautismal, pues no olvidemos que la cuaresma era la preparación de los que se iban a bautizar en la noche de Pascua.

En aquel tiempo, el sufrimiento estaba vinculado al pecado. Jesús afirma claramente que la ceguera (sufrimiento) es la situación del hombre que está enfermo (pensemos en la situación que estamos viviendo de alarma por el coronavirus) y que él es el médico que toma la iniciativa de curar al ciego con sus gestos y palabras, que nos recuerdan la creación (barro aplicado a los ojos). El ciego es curado y cree en Jesús, disponiéndose a seguirlo y dando así gloria a Dios.

El autor nos muestra asimismo el camino de la fe que el neófito o catecúmeno deberá recorrer.

1º El encuentro con Jesús que vivió reamente entre nosotros.

2º Un hombre que habla en nombre de Dios y transmite su Palabra que denuncia, anuncia y consuela.

3º Jesús como nuevo Moises, viene de Dios y realiza las obras de Dios.

4º Confesar que Jesús era el verdadero Mesías suponía ser expulsado de la sinagoga, lo que equivalía a quedarse en una situación de indefensión total jurídica y socialmente hablando.

5º La meta es el reconocimiento de que el hombre llamado Jesús es el Señor (Dios volcándose en la salvación de los hombres). El Señor de la historia y el que da sentido pleno al ser humano abriéndole el camino de la trascendencia a partir de la humanidad.

Que podamos hacer un acto de fe como el de Tomás al final del Evangelio: ¡Señor mío y Dios mío!

Haz click aquí para descargar la homilía

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6° Reunión virtual y dos enlaces recomendados

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Muy estimadas/os en el amor a Jesús y a la vida monástica. El próximo lunes 23 de marzo, realizaremos el 6° encuentro virtual para miembros de la Fraternidad y también para quienes participan del curso de Filocalía. Lo haremos Dios mediante, a las 20 horas de España, 16 horas de Argentina, 14 horas de Colombia y 13 horas de México central. Aquí les dejamos el enlace de la aplicación Zoom, con la cual continuaremos, ya que hemos empezado a funcionar mejor con ella. Hacer click aquí para el enlace .

Oración “A todas las personas que quiero” del blog “Soplo de vida”

Aquí un texto de Karol Wojtila de 1960 sobre San José

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Homilía del Padre José

San José

José es el hombre justo. En el Antiguo Testamento, justo es el que sigue la ley y la voluntad de Dios. La ley no es estrictamente el cumplimiento de los diez mandamientos, sino que es todo el Pentateuco, es decir, creer en el designio histórico y moral de Dios sobre los hombres, viendo en los acontecimientos la mano misericordiosa de Dios. De este modo, el justo es el que rompe también las cadenas injustas, como cuando decide no denunciar a María. José es el hombre que sabe escuchar desde lo profundo del corazón, por eso, hace caso del ángel que se le aparece en sueños y hace lo que le dice: «hizo lo que le había mandado el ángel del Señor».

José es el servidor fiel en quien el amo confía. Los buenos servidores son los que se ganan la confianza de aquellos a quienes sirven. José es en una palabra el hombre justo según la justicia que proviene de la fe. Abrahan y José tienen en común no solo la fe y el ser justos, sino su capacidad de escuchar y de obedecer. Abrahan será Padre de los creyentes y José será padre de Jesús. A él le corresponde darle nombre como padre que le reconoce como tal y que indica la misión que tendrá: salvar a todos los que creen en él.

Si Moisés nos revela al que «es», José nos muestra al que es el «Señor», cuyo nombre es: Jesús, el Señor, el Hijo de Dios. Dios le ha concedido ser Padre de su Hijo. Dichoso y querido José que acoge, da nombre y nos muestra al Señor, al que podemos llamar con el dulce nombre de Jesús. Pablo, Apóstol de los gentiles, dirá que: «al nombre de Jesús, toda rodilla se doble, en el cielo en la tierra, en el abismo y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre» (Flp 2,10-11).

Gracias a José nosotros podemos acoger y repetir este nombre como señal y camino seguro de salvación. Repetirlo es acoger al Salvador que él acogió en sus brazos y nosotros lo acogemos en nuestro corazón. Es también de alguna manera convertirnos en padres de Jesús, llevarlo a nuestra vida, a nuestro trabajo a nuestras preocupaciones a todo lo que somos y hacemos. Todo momento y toda ocasión, todo acontecimiento, como el que estamos viviendo estos días de confinamiento, es ocasión propicia para hacer por la recitación del nombre de Jesús, que viva en nosotros la presencia del Señor, nuestro Salvador y por tanto, de la salvación que viene de Dios.

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Lista de 8 audios sobre La Oración de Jesús

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Llamada al amor creativo

Estimadas/os en el amor a Jesús y la vida monástica. Os dejamos aquí un texto enviado por el hermano Sergio Cardona, miembro activo de nuestra Fraternidad, que aborda puntos de vista interesantes para acoger la situación actual. Debajo podéis hacer click y descargarlo. También os invitamos a participar del espacio de intercambio sobre las vivencias personales de cada uno ante esta particular situación, a la luz de la fe y de nuestra búsqueda constante de unión con Dios. También podrán encontrar debajo el enlace a una comunidad de oración creada por María Jesús, para enfrentar con oración comunitaria la situación actual

El coronavirus, desde la providencia: llamada al amor creativo

Espacio de intercambio

Comunidad de oración

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Homilía del Padre José

3° Domingo de Cuaresma – Ciclo A

Hambre y sed son dos constantes del camino por el desierto que es tierra y purificación, donde solo se puede avanzar por medio de la fe.

En la primera lectura de Ex 17, 3-7 el pueblo, en el desierto, desconfía de Dios y duda de que Moisés sea el hombre enviado para salvarle. Este acontecimiento tuvo una especial relevancia tanto en el pueblo como en la vida de Moisés, que solidarizándose con el pecado del pueblo deberá morir sin entrar en la tierra prometida, contemplándola de lejos y convirtiéndose en figura de Cristo que carga con el pecado de la humanidad.

La segunda lectura de Rm 5, 1.2,5.8 muestra cual es la razón de nuestra fe. Esta no es otra que el amor gratuito de Dios con que nos ha amado en Cristo, el cual, siendo enemigos, dio la vida por todos. Esta prueba o razón es incuestionable. Podemos afirmar que, toda la pedagogía y acción de Dios culmina en la vida y en la obra de Jesucristo. En él Dios nos lo ha dicho todo.

El Evangelio de Jn 4,5-42 nos recuerda aquel pasaje del Éxodo en que Moisés pide a Dios que le revele su nombre. Jesús cuando la mujer intenta indagar quien es, y le dice que: el Mesías vendrá, le responde: Yo soy, el que habla contigo. Yo soy, es la respuesta que Dios dio a Moisés en el Sinaí. La samaritana se asombra al ver que no está hablando con un simple judío, sino que es un profeta.

Todos nosotros, al igual que la samaritana buscamos saciar nuestra sed. Ella ha tenido cinco maridos y el que tiene ahora no es su marido. Todo indica que su sed de amor no puede saciarla sino Dios que por medio de Jesucristo nos da el Espíritu que nos enseña la manera de dirigirnos a Dios en Espíritu y Verdad. Pero antes Jesús debe cansarse y mucho para desenmascarar nuestra falsa sed, por la que cada día estamos dispuestos a recorrer un largo camino llevando cántaros pesados.

Todo esto nos muestra que la humanidad está representada en esa samaritana que ha tenido cinco maridos y que se encuentra con Cristo, el único y verdadero marido, el que puede salvarnos, el que nos ama y hace que todo concurra para nuestro bien.

Que en esta cuaresma podamos también adorar a Dios en Espíritu y verdad por medio del encuentro con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, que nos llama a ofrecernos en un sacrificio de oración y alabanza continua y a vivir en su presencia. Que ese encuentro como el de la samaritana, nos permita reconocer nuestros ídolos, nuestros falsos dioses (maridos) los que ocupan nuestra existencia, pero no la pueden salvar.

Estemos ante la tentación como el pueblo en el desierto o ante la expectación como la samaritana, el Señor hoy se cruza con nosotros y nos muestra su amor en la cruz, allí donde su amor esponsal no tiene ninguna contradicción ni medida, allí donde nos muestra su sed, sed de ti, de tu salvación, de tu amor.

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Comunidad de oración a raíz de la pandemia de Corona virus

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Percibir la dimensión interior

Es preciso que nos habituemos, en la oración misma, a despertar en nosotros una atención constante a la vida divina escondida a nuestros ojos.

Prestarle atención es ya captarla y hacer que refluya hacia nuestro espíritu y  nuestro corazón. Es todo lo que Dios espera de nuestra parte, esa humilde atención a lo que El realiza en el universo y en la naturaleza humana. Prestamos nuestra atención, casi exclusivamente, a las apariencias de las cosas, sin percibir su prodigiosa dimensión interior.

Gracias a la fe, sabemos que este mundo no tiene sentido más que en Dios y por Dios. Eso mismo hay que decir de nuestra entera existencia. Todo acto humano tienen unas resonancias infinitas en el orden humano y más aún en el orden espiritual.

Yves Raguin, s. j .

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5° Reunión virtual

Estimadas/os en Cristo Jesús.

Quienes lo deseen pueden participar hoy lunes 9 de Marzo del encuentro virtual en torno a la temática de Filocalía, a las 20 horas de España, 16 horas de Argentina, 14 horas de Colombia y 13 horas de México central. Aquí les dejamos el enlace de la aplicación Zoom. 

https://zoom.us/j/3101503658

Esta será la última reunión a través de esta aplicación, ya que no podemos resolver el tema de la suscripción a la misma. Las próximas reuniones las realizaremos a través de Skype y les avisaremos del modo de ingreso oportunamente. Un abrazo fraterno para todos.

El Nombre entre nosotros

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Homilía del Padre José

2° Domingo de Cuaresma – Ciclo “A”

Dios llama a Abrahán a dejar su pasado, un pasado idolátrico y politeísta para comenzar el camino hacia el encuentro con el Dios único y verdadero. Un camino no falto de dudas, de búsquedas, de purificaciones y es así que comienza su vocación como el gran peregrino de la fe. Esa peregrinación, estará alentada por la búsqueda y la sorpresa, pero también, la dureza y la dificultad. De este modo, se convierte en el primer eslabón de un gran pueblo en medio de las naciones y un punto de referencia para todos los que invocan el nombre del Señor manifestado en Cristo Jesús, que con su muerte y resurrección ha derribado todos los muros y fronteras y en quien se cumple la promesa hecha a Abrahán, nuestro Padre en la fe.

En la segunda lectura, tomada de 2 Tim 18b-10, Pablo escribe a su discípulo Timoteo, advirtiéndole que la tarea evangelizadora no está libre de dificultades. Esta consiste en presentar ante los hombres la obra de Dios realizada en Cristo Jesús a través de su muerte y resurrección y que nosotros la actualizamos y hacemos viva en nuestra vida cotidiana y con nuestra oración continua. Al igual que Pablo y Timoteo, es inevitable que tengamos que sufrir por Cristo, pero no estamos solos: la gracia de Dios nos sostiene y nos fortalece en la debilidad.

El Evangelio de Mat 17, 1-9 nos presenta el relato de la Transfiguración que se enmarca después de la confesión de Pedro en Cesarea y del primer anuncio de la Pasión, que provocó en Pedro el rechazo, asustado por el escándalo de la cruz. Jesús aparece como un nuevo Moisés, cuando recibe las tablas de piedra en el Sinaí, mostrándonos ahora en el tabor, que la ley y los profetas se sintetizan en su nuevo mandamiento: el del amor a Dios y al prójimo. La nube y la voz que se oyen ponen de manifiesto que Jesus es el profeta más grande y lo es por ser el «Hijo predilecto de Dios».

Toda la escena nos permite contemplar que en Jesús, cielo y tierra se han unido y Él es el centro donde converge la realidad de lo alto y la realidad de lo terreno. Así podemos experimentar que Jesús es el auténtico mediador entre Dios y los hombres, al que hemos de escuchar y en cuyo Nombre todo se renueva. La promesa de la bendición divina colmó de esperanza la vida de Abrahán; la fuerza de Dios ayuda a Timoteo a obtener la gracia de Cristo para difundir el Evangelio con entusiasmo; la visión de Cristo transfigurado corrobora a los discípulos en la hora de la ignominia de la cruz y el Espíritu no deja de alentarnos a nosotros en la oración continua y en el seguimiento de Jesucristo.

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Enlace sugerido:

La epidemia del miedo

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El Reino está en nuestro corazón

En todo momento, en cada instante, guardemos nuestro corazón de los pensamientos que vienen a oscurecer el espejo del alma (Prov 4,23). Jesucristo, sabiduría y fuerza de Dios Padre pone su marca e inscribe su imagen luminosa sobre él (1 Cor 1,24). Entonces, sin reposo, busquemos en nuestro corazón el Reino de los Cielos (Mt 6,33). (…)

            Quien se libra a los malos pensamientos, es imposible que se guarde puro de los pecados del hombre exterior. Si de su corazón no extirpa de raíz los malos pensamientos, ellos lo llevarán a las malas obras. La causa de la mirada adúltera es que el ojo interior ya se ha librado al adulterio y a las tinieblas. La causa del deseo de escuchar infamias es que escuchamos a los demonios infames que están en nosotros. Debemos entonces, en el Señor, purificarnos en el interior y en el exterior, guardar limpios nuestros sentidos, mantenernos puros alejándonos de toda actividad inspirada por la pasión y el pecado. Anteriormente, dados a la vida mundana, en la ignorancia y vanidad de nuestra inteligencia, nos mostrábamos serviles con nuestra inteligencia y sentidos a la mentira del pecado. Ahora, retornando a la vida según Dios, con nuestra inteligencia y sentidos es necesario servir al Dios vivo y verdadero, a su justicia y voluntad (1 Tes 1,9). (…)

            Emprendamos el combate de la inteligencia contra esos demonios, para que su voluntad malvada no llegue a nuestras obras como pecados reales. Si extirpamos de nuestro corazón el pecado, encontraremos en él el Reino de Dios. Con esta bella ascesis, guardemos en nombre de Dios la pureza y la continua compunción de nuestro corazón.

 Filoteo el Sinaíta

“Capítulos Népticos” 23, 33, 36

De qué forma el espíritu penetra en el corazón

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Tres formas de afrontar una crisis

Muy buenos los comentarios y este autor, Casiano, totalmente desconocido para mí. Con respecto a la atención y al discernimiento quería dejar un comentario de Juan Taulero, beato dominico, místico de gran influencia en San Juan de la Cruz, que escribe sobre el año 1300 y se pregunta sobre la crisis de los monjes que a la edad de 50 años dejan el monasterio o abdican de su vocación. Para él una crisis es una coyuntura de cambio en cualquier aspecto de una realidad organizada, pero inestable. Un cambio crítico tiene incertidumbre en sus consecuencias que ponen en riesgo el desarrollo y crecimiento normal. En las crisis espirituales no hay gusto, no hay paz, uno queda agotado. No puedo hacer nada, sin embargo hay que ver que la crisis es obra de Dios. Descubrir mi fondo, es fundamental madurar… pero reaccionamos mal. Incluso no vale solo la oración ni la ascesis. Dios obra por mi vida.

Existen tres formas de afrontar una crisis:
* Primero la huida:
1. Me niego a mirarme, busco la reforma de lo externo. Que cambie otro.
2. Aferrarme a las prácticas de toda la vida de manera formal, no afronto lo interior.
3. Nuevas formas de hacer incesante. Espero solución de fuera, consumismo espiritual. La vida espiritual tiene un escalonamiento que no acepto ni entiendo.
De aquí provienen los famosos giróvagos, nada les contenta en donde están y cambian de lugar. Dice Tomás de Kempis: “El cambio de lugar a engañado a muchos.”

* Segundo inhibición y endurecimiento:
1. Endurecimiento de mis prácticas de piedad. Caigo en la dureza de corazón y la intransigencia. Solo vale la forma exterior, sin amor. Mis principios son mis ídolos. Mi seguridad son mis convicciones, no en el encuentro con el Dios vivo. Fariseísmo. Hay miedo.
2. Dios es un extraño, caemos en ser cisternas secas.
3. Las monjas de Port Royal, puras como ángeles y orgullosas como demonios.

* Tercera respuesta, la correcta: El autoconocimiento desde Dios, la madurez y la interioridad:
1. Es una vía dolorosa. Hay verdades que no deseo ni quiero escuchar, por eso me endurezco, pero debo seguir. Aquí es de donde San Juan de la Cruz saca la idea de la noche oscura.
2. Proyecto mis errores en los demás. Es una conmoción, sin embargo me ayuda a madurar.
3. El Espíritu Santo guía a la apertura. Y hay que pasar por apretura, como una serpiente que muda la piel.
4. ¿Cuáles son mis motivaciones y mis actitudes? Observarse, e imaginar. Aquí es donde la lectura del cuento del Padre Sergio y del monje que pone ejemplo Casiano en boca de Moisés cuando dice que deja la Pascua por su ascetismo… ¿a mí qué me mueve a hacer lo que hago?
5. Cuál es mi verdad sin autojustificaciones.
6. Autoconfianza. Descubrir mis mentiras. Focalizar la atención en Cristo.

De esta reacción sacamos un gran beneficio: La serenidad:
1. No es paz estoica.
2. Es entregar mi voluntad a la voluntad de Dios. Es dinámica.
3. Dejar incluso lo bueno, es como una novia que cambia el vestido. Hay cosas que me sirvieron espiritualmente de joven, de adulto son otras, lo anterior tuvo su valor, pero en el avance espiritual descubro nuevos métodos que me valen mejor que lo que hacía de niño y que me hacen crecer en la fe.
4. Disposición para sufrir, pasar por apretura. Como el cambio de piel de la serpiente.
5. Confiar en el Espíritu Santo. Madurar.
6. Hacer, hacer, hacer no vale, sino…….. dejar hacer a Dios. Entrega del corazón. Y entonces hay como una segunda conversión en la vida, es un nuevo nacimiento de Jesucristo en nuestro interior.

Creo que son ideas muy interesantes que incluso el mismo psiquiatra austriaco Carl Jung subraya: la crisis de la madurez, de los 40-50, es una crisis espiritual cuya respuesta está en la interioridad. De esta manera nuestro discernimiento y atención a lo esencial es bien distinta a la infancia espiritual y nos hace crecer.

Espero que estas líneas ayuden. Saludos.

El texto reproduce un comentario realizado por Sergio Cardona, en el ámbito de la 6° clase de Filocalía en elsantonombre.org Sergio es participante del curso y miembro de la Fraternidad Monástica Virtual

Link recomendado de hoy:

Vuestro nombre me consuela

Ejercicios de Cuaresma 2020

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La avidez

Hermanas y hermanos en Cristo Jesús. Aquí debajo un comentario que María del Carmen hizo a propósito del texto “Ayuno y oración”. Recuerden que cualquier miembro de la Fraternidad puede publicar textos de su autoría o hacernos llegar otros que parezcan de interés para enriquecimiento de todos. El intercambio entre hermanos cristianos es fundamental hoy como nunca, en un mundo que se desacraliza de continuo. Un abrazo fraterno!

Saludos en Cristo hermanos.
Muy interesante el tema del ayuno pues me hace tomar conciencia del automatismo de ese yo que tiene en el cuerpo su residencia, impidiendo que lo vivamos como Templo del Espíritu. En esa incesante carrera y búsqueda que nos lleva la avidez, necesitamos desprogramar ese funcionamiento para obedecer al Espíritu en lugar de al falso yo.

Y veo que cuando evitamos comida, o nos disponemos a ” dejar de…” ese automatismo materializado en tantas cosas, esa renuncia, es liberación y no sufrimiento. El sufrimiento viene de nuestra dependencia del deseo y obedecer esa ansia que no busca a Dios y ensombrece y eclipsa nuestro anhelo de Él.

Cuando hemos soltado esas falsas necesidades y búsquedas fraudulentas, podemos ver que se abre un nuevo estado más espacioso y libre desde el cual el Espíritu Santo nos puede hacer ver nuestra esclavitud con apariencia de señorío en la que vivimos contrastada con un nuevo orden interno conectado con el contento y una mayor Presencia y silencio. Muy agradecida

M.Carmen Piña

Evangelio del día

Evangelio de hoy

Hozana

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Ejercicios de Cuaresma 2020

Haz click aquí para escuchar el audio de Hna. Carolina

Ejercicios de Cuaresma 2020

Estimadas/os en el amor a Jesús y la vida monástica. El próximo lunes 9 de Marzo a las 20 horas de España, 16 horas de Argentina, 14 horas de Colombia y 13 horas de México central, haremos nuestra quinta reunión virtual en esta nueva etapa de la Fraternidad que iniciamos en Noviembre del 2019. Aquí les dejamos el enlace que es el mismo que las reuniones anteriores. https://zoom.us/j/3101503658 Saludos en Cristo Jesús.

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Homilía del Padre José

1º Domingo de Cuaresma, Ciclo A

Acabamos de comenzar la cuaresma, que nos llevará a la Pascua, a la Resurrección, pero pasando por el escándalo de la cruz. Nos hemos de preparar a fondo para ese sorprendente paso.
La primera lectura del libro del Génesis 2,7-9; 3,1-7 nos muestra la creación del hombre por Dios, que recibe de él su aliento, pasando así de ser mera figura de barro a tener vida, de manera que, si Dios le retira su aliento, volverá a ser barro. Y lo coloca, dice en el texto, en el
jardín, para que lo cultive. El trabajo, no es pues, ningún castigo, sino la manera de colaborar con el Creador.

Ahora bien, Al don de la vida se une la presencia del mal como queda manifestado con la serpiente. Esto nos indica que hay alguien que no quiere el bien del hombre y puesto que es libre para decidirse entre el bien y el mal, pero no para determinar lo que está bien y lo que está mal, que eso lo hace Dios, finalmente sucumbe a la tentación de querer ser como Dios y el pecado entra así en la historia.
La segunda lectura tomada de Rm 5,12-19, nos muestra que, si por el misterio del mal ha entrado el pecado en el mundo, por el misterio de la cruz nos ha venido la vida nueva de la gracia abundante. Habiendo sido creados para la comunión con Dios el pecado nos impide entrar en ella y sentimos la tentación de hacer el mal.

La ley nos ayuda a enderezar nuestros pasos y a cumplir la voluntad de Dios, pero no es suficiente ya que el hombre no puede levantarse por sí mismo, pero la obediencia del Hijo que ha cumplido la voluntad del padre hasta dar la vida por todos nos ha abierto el camino de la salvación, del reencuentro con Dios, de una vida eterna. En el hemos sido creados de nuevo de ahí que él sea el nuevo Adán, cabeza de la nueva humanidad. Ahora lo que importa es que creamos en él. Solo así tenemos acceso al Padre.

El Evangelio tomado de Mt 4,1-11, nos presenta a Jesús en el desierto, tentado por el diablo, como Israel fue tentado en el desierto, pero donde Israel falló, Jesús vence. El pan remite al milagro del maná. Los judíos esperaban que el Mesías repitiera continuamente este milagro. Por eso en el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, los allí presentes proclaman: «este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo» (Jn 6,14) Pero si el pan es necesario más necesaria es la Palabra que se nos ha manifestado en Cristo Jesús.
El pueblo judío entendió al mesías como un líder que conduce al pueblo hacia la liberación social y que se manifiesta públicamente en Jerusalén, pero Jesús se manifiesta como un profeta galileo sin apariencias y que sube a Jerusalén a escondidas. La segunda tentación hace referencia a la ostentación frente a la silenciosa eficacia salvadora. Solo en la cruz Jesús se manifiesta como salvador del mal el pecado y la muerte, lo que provoca un escándalo.
La tercera tentación gira en torno al poder político-militar que el pueblo esperaba del mesías y así quedar libre del influjo romano. Pero el poder de Dios se manifiesta de otra manera y Jesús quiere encarnar y realizar ese plan.

Todo nos hace ver que Jesús fue durante toda su vida terrena, inducido a rechazar la misión que el Padre le había encomendado: la salvación a través del verdadero mesianismo y de la tarea del Siervo de Yavé.

Haz click aquí para descargar la homilía

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El Retiro del Peregrino ruso está disponible para cualquier miembro de la Fraternidad

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Del ayuno y el bautismo


“Elías, por un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches mereció poner fin, gracias al agua del cielo, a una sequía larga y terrible en toda la tierra (cf 1R 19,8; 18,41). Apagó la sed ardiente del suelo con una lluvia copiosa. Estos hechos se produjeron como ejemplo para nosotros, para que nosotros, después de un ayuno de cuarenta días, merezcamos la lluvia bendita del bautismo, para que el agua celestial riegue toda la tierra árida en los hermanos de todo el mundo.

El bautismo como un rocío de salvación pondrá fin a la larga esterilidad del mundo pagano. En efecto, quien no ha sido bañado en la gracia del bautismo padece sequía y aridez espiritual.”

Máximo de Turín

Cualquier miembro de la Fraternidad puede publicar por sí mismo textos en el blog que es de todos. Basta para ello ser incluído en calidad de autor en la administración del sitio, que es algo sencillo. Escribir a bloghesiquia@gmail.com

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Hacia la pureza del corazón

” Con esto aprendemos como la perfección no es cosa que se verifica en seguida que nos despojamos de las cosas y renunciamos a ellas, sino más bien, luego que hayamos obrado con amor”.

Y de este amor, el Apóstol mismo nos describe sus características: “El amor no es celoso, no se ensancha, no se irrita, no envidia, no ama la ostentación, no piensa mal”. (1Cor 13, 4 y ss.)

… No debemos vanagloriarnos inútilmente de nuestro ayuno, nuestros desvelos, nuestra pobreza, nuestra lectura de las Escrituras, sino ponemos en práctica el amor hacia Dios y hacia el prójimo… El que pone en práctica el amor, tiene en si mismo a Dios y su mente está siempre con Dios.

Fragmento del “Discurso sumamente útil a propósito del discernimiento” de Casiano, El Romano, a Leoncio Igúmeno; en Filocalía.

Estimadas/os en el amor a Jesucristo. Antes de iniciar los ejercicios propios de Cuaresma, habilitaremos para todos, los vídeos expositivos del retiro del Peregrino Ruso, que realizáramos los días 2, 3 y 4 de diciembre de 2019. Aunque en aquella ocasión también hubo encuentros virtuales que ayudaban a intercambiar sobre los temas, creemos que puede servir igualmente para ustedes seguir la parte teórica y práctica de dicho retiro.

Aquí el vídeo de preparación

Pedimos al hermano Daniel, que participó de la 4° reunión virtual el pasado lunes, que se comunique con nosotros a bloghesiquia@gmail.com lo antes posible.

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Para los hombres es imposible

Hablando con una amiga me comentaba lo difícil que le resultaba amar al prójimo y sobre todo a veces a los más cercanos. Entendía muy bien su angustia porque yo también vivo esa imposibilidad. Y la verdad es que me encantaría que amar fuera fácil. Pero, no sé, ¡uno se lleva tantos desencantos! Crees conocer a los demás y no es así. Muchas veces no conoces más que una parte muy superficial o lo que ellos te quieren mostrar. También te encuentras con mucho egoísmo. O piensas que tú te entregas mucho y que no recibes nada.

Y si amar a “los amigos” es difícil no digamos con los enemigos… A veces me pregunto por qué los apóstoles le preguntaron a Jesús como podía salvarse un rico y no le preguntaron cómo puede amarse al prójimo. ¿Tal vez ellos amaban? Yo creo que la respuesta de Jesús hubiese sido la misma que para lo del rico: “Para los hombres es imposible, pero Dios lo puede todo”.

Si un mandamiento tan importante es imposible para el hombre, yo creo que esto es una demostración de que la salvación está en Cristo y no en nuestras obras como repite incansablemente San Pablo. Y esto me lleva al tema de la gratuidad, al de la pobreza y al de que todo se resume en Jesucristo.

Por Cristo, con Él y por Él. Con El podemos todo. Él nos ha justificado y redimido. Yo creo que todas nuestras imposibilidades se explican en Jesús. Es inútil que creamos que nuestras obras nos justifican. Es bueno sentir esa incapacidad y entonces clamar a Jesús. Al final suplicar a Jesús es la respuesta a todo.

Mª Jesús

María Jesús es miembro activo de nuestra Fraternidad Monástica Virtual y autora del blog Soplo de la vida

Contacto:

bloghesiquia@gmail.com

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4° Reunión virtual

Estimadas/os en el amor a Jesús y la vida monástica. En pocos minutos, a las 20 horas de España, 16 horas de Argentina, 14 horas de Colombia y 13 horas de México central, haremos nuestra cuarta reunión virtual en esta nueva etapa de la Fraternidad que iniciamos en Noviembre del 2019. Aquí les dejamos el enlace que es el mismo que las reuniones anteriores. https://zoom.us/j/3101503658 Saludos en Cristo Jesús.

Si no podéis ingresar al primer intento, volved a intentar una o dos veces más, ya que se requiere una aprobación desde la sala de reunión, que a veces tiene una demora de varios segundos.

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Homilía del Padre José

7° domingo, Tiempo ordinario, ciclo A

El libro del Levítico tiene una parte llamada ley de santidad, concretamente el capítulo 19, de donde se extrae este domingo, la primera lectura. En ella se pone de manifiesto la llamada a la santidad que Dios nos hace.

La Santidad, es uno de los atributos esenciales del Dios de Israel. Dios es el Otro que trasciende al hombre y a todo el mundo creado. Esto quiere decir, por una parte, que Dios, carece de nuestras miserias humanas y por otra, que es compasivo, fiel y misericordioso. Esto se traduce por nuestra parte, en una vida de santidad, en la que el amor al prójimo brilla y adquiere una gran relevancia: «amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor». Posteriormente Jesús dirá en el Evangelio que el amor a Dios y el amor al prójimo son como las dos caras de una misma moneda.

La segunda lectura tomada de 1Cor 3 ,16-23, nos habla de las dificultades de la comunidad de Corinto para vivir en la santidad pues se daban entre ellos divisiones producidas por los líderes que allí habían aparecido: Apolo, Pedro y Pablo. Estas divisiones, fruto del orgullo, obstaculizan la obra del Espíritu y minan el edificio de Dios que es la comunidad. En medio de esta situación, Pablo proclama que hay un solo Señor, Cristo Jesús, que ha dado la vida por todos y a todos nos ha hecho partícipes de los bienes que Dios ha ofrecido al mundo. Frente a la sabiduría autosuficiente del hombre viejo, Pablo recuerda que solo quien acoge con humildad la locura de la Cruz, podrá ser realmente sabio. Esta es la sabiduría de los pequeños a quienes Dios revela su misterio. Así pues, no hay más soberanía que la de Cristo, de la que todos participan en la celebración de pan único y partido.

En el Evangelio, de Mt 5, 38-48, seguimos leyendo el Sermón de la montaña. Existía la ley del Talión, en ella se procedía según el principio: ojo por ojo y diente por diente. Jesús, no solo invalida esta ley, sino que nos lleva al corazón mismo de su Evangelio, a su propio corazón y nos dirá que no solo no debemos devolver una humillante bofetada recibida, normalmente dada con la mano del revés, sino que hemos de estar dispuestos a poner la otra mejilla. Y esta ha de ser la manera de actuar en cualquier situación de conflicto. Es más, amar a los enemigos es la suprema novedad del Evangelio. En tiempo de Jesús, los enemigos eran los invasores romanos hacia los que el pueblo de Israel sentía un profundo desprecio y un odio visceral. Solo desde las entrañas de un Dios Santo y misericordioso podemos acoger esta palabra de Jesús en la oración, que nos lleva a lo más profundo del misterio del amor de Dios, que él nos ha manifestado, y que le llevó a entregarse por todos nosotros cuando éramos pecadores, enemigos suyos.

Cristo es pues el icono visible del Dios invisible y de su amor por nosotros y cuando Jesús proclama estas palabras lo hace como último enviado del Padre y como intérprete autorizado de su voluntad. Por él sabemos que Dios no manda nada imposible y que el amor a todos incluso a los enemigos pertenece a su plan creador y redentor. Para él todos somos iguales y todos dignos de su eterno amor.

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Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

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“Para decir no dijeres”

Para decir, no dijeres.
Para amar sólo abrieres ese pequeño gran corazón,
como celestial Casa
donde Él ama sin cesar.

¡Oh, pequeña carísima hermana!
hija eres del Creador
subir al Carmelo es cosa
de azarosas almas del Señor.

Mirad, hija de Dios, la Palabra,
miradla con los ojos del interior,
ponedla en el plato invisible
como alimento superior.

Sois pequeña, grande alhora
amadle sin reposición,
amadle sin descanso alguno
esa es la llave para el corazón.

Os amo en ese Carmelo Celeste,
que es silencio, altura y humildad.
Por vos ruego, con mis hermanos
que volváis a la unidad.

No desfallezcáis en seguirle,
Él es Maestro de Vida y Oración,
Él es Camino seguro, Verdad y Eterna Vida,
para llegar y unirse a Dios.

Abriendo y cerrando los ojos
vivid entregada a Él,
en las horas de días y noches,
orad sin cesar en Dios.

Vivid así, hermana,
sencilla, humilde y sabiamente.
Buscad lo auténtico y esencial,
dejad adornos y esa tonta vanidad.

Andad Su Camino atenta,
cada cosa en su tiempo terrenal,
y saboread la Gracia
en su eternidad celestial.

Amiga y hermana de vos soy,
vuestro amor al Padre me llega
y en esa casa que ahora estoy
soy luz y dicha eterna.

Mirad el cielo a menudo
y llevad esa amplitud infinita
a la tierra en cada cosa,
en cada gesto hermanita.

Cuidad y respetad el cuerpo,
esa caja del interior Tesoro,
no sea que alguien se acerque
y os quiera robar el oro.

Para hoy pues, suficiente
sólo un amoroso saludo
para recordaros niña
vivir ese Amor Puro.

Este poema nos fue enviado por María del Carmen, hermana miembro activo de nuestra Fraternidad Monástica Virtual.

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Reunión virtual y texto de intercambio

Estimadas/os en el amor a Jesús y la vida monástica. El próximo lunes 24 de febrero a las 20 horas de España, 16 horas de Argentina, 14 horas de Colombia y 13 horas de México central, haremos nuestra cuarta reunión virtual en esta nueva etapa de la Fraternidad que iniciamos en Noviembre del 2019. Aquí les dejamos el enlace que es el mismo que las reuniones anteriores. https://zoom.us/j/3101503658 Cualquuier duda o consulta nos hacen saber. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

La Soberbia (de Casiano, El Romano)

La octava lucha es contra el espíritu de la soberbia. Es un espíritu terrible el más salvaje de todos los precedentes. Combate sobre todo a los perfectos, y trata de derrocar, sobre todo, a aquellos que han alcanzado el ápice de la virtud. Como un morbo contagioso y pernicioso, no destruye solamente una parte del cuerpo, sino el cuerpo entero; así la soberbia no destruye solamente una parte del alma sino el alma entera. Cada una de las otras pasiones, aún turbando el alma, combate a la sola virtud que se le opone, y solamente ésta se esfuerza en vencerla. Por tal motivo, oscurece solamente en parte al alma y la turba. Pero la pasión de la soberbia oscurece el alma toda y la arrastra a una caída extrema.

Para entender mejor cuánto se ha dicho, observemos lo siguiente: la gula se esfuerza por corromper la continencia; la fornicación tiende a corromper la templanza; el amor por el dinero está en contra de la pobreza; la cólera, contra la humildad; así, cada uno de los distintos vicios trata de corromper la virtud opuesta. Pero el vicio de la soberbia, cuando domina al alma mísera, como un tirano feroz que ha ocupado una grande y excelsa ciudad, la abate completamente desde sus cimientos. Testimonio de todo esto es aquel mismo ángel que cayó del cielo por causa de su soberbia: creado por Dios y adornado de toda virtud y sabiduría, no quiso atribuir todos sus dones a la gracia del Soberano, sino a su propia naturaleza. Y hasta llegó a concebir la idea de ser igual a Dios. Y el Profeta, confrontando este pensamiento, le dijo: Has dicho en tu corazón: Me sentaré sobre la excelsa montaña, pondré mi trono entre las nubes y seré parecido al Altísimo. ¡Pero eres hombre y no Dios! E incluso otro profeta dijo: “¿De qué te alabas en tu malicia, oh poderoso? (Sal 51:1), y continúa el salmo.

Conociendo esto, temamos y pongamos toda vigilancia en custodiar nuestro corazón del letal espíritu de la soberbia, recordándonos siempre a nosotros mismos, cuando ejercemos alguna virtud, lo dicho por el Apóstol: No yo, sino la gracia de Dios que está conmigo (1 Col 15:10); y lo que dice el Señor: Sin mí no podréis hacer nada (Jn 15:5), y cuanto ha sido dicho por el Profeta: Si el Señor no constituye la casa, vano es el trabajo de los constructores (Sal 126:1); y aun esta palabra: No de quién quiere ni de quien corre, sino de Dios que hace misericordia (Rm 9:16). Puesto que si alguno fuera ardiente en su celo, solícito en su determinación, aún así, revestido de carne y sangre como lo es, no podrá alcanzar la perfección si no es por la misericordia de Cristo y de su gracia. Dice Santiago: Todo regalo bueno… viene de lo alto (St 1:17). Y el apóstol Pablo: ¿Qué tienes que no lo hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te alabas como si no lo hubieras recibido? (1Col 4:7), exaltándote como por cosas de tu pertenencia.

De que la salvación nos provenga de la gracia y de la misericordia de Dios, es veraz testimonio aquel ladrón, que adquirió el Reino de los Cielos no ciertamente como recompensa por sus virtudes, sino por la gracia y la misericordia de Dios. Nuestros Padres, que bien conocen todo esto, nos han transmitido con unívoca sentencia que no se puede alcanzar de otro modo la perfección de la virtud si no es mediante la humildad, y ésta es habitualmente generada por la fe, por el temor de Dios y la perfecta pobreza: cosas gracias a las cuales se origina el amor perfecto. Por la gracia y por el amor de nuestro Señor Jesucristo a los hombres, a Él la gloria de los siglos. Amén.

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Homilía del Padre José

6° Domingo del T.O. – Ciclo A –

Todos nacemos libres, pero no siempre somos libres para escoger el bien, es decir, lo que Dios quiere, pues ser libre es saber escoger, y esto es el resultado de la conjunción de conocimiento y amor, de entendimiento y voluntad. El que vive en el odio o en la mentira, en el mal o en la falsedad, aunque sea libre no vive en libertad. La primera lectura del libro del Eclesiástico 15,15-21, nos invita a saber escoger: «Fuego y agua he puesto ante ti, alarga tu mano a lo que quieras»; para ello necesitamos de la sabiduría que viene de lo alto y así, poder escoger libre y responsablemente el bien: «A ninguno obligó a ser impío, a ninguno ha dado permiso para pecar».

Esa sabiduría como nos enseña San Pablo en la segunda lectura de 1ª Cor 2, 6-10, no es de este mundo. Es la sabiduría que brota de la cruz, por ello nos dice: «ninguno de los príncipes de este mundo la conoció, pues si la hubiesen conocido nunca hubiesen crucificado al Señor de la gloria». Pues bien, a nosotros esa sabiduría se nos ha dado por medio del Espíritu. El nos recuerda continuamente el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, del que nada ni nadie nos podrá separar.
El Evangelio de Mt 5, 17-37, nos enseña en que consiste esa sabiduría que nos da Jesús. En primer lugar, él no ha venido a abolir la ley sino a mostrarnos la última voluntad de Dios. Toda la vida de Jesús ha consistido en ser fiel a esa voluntad, de ahí que haya vivido una libertad verdadera y por eso puede añadir al «se dijo», «pero yo os digo». De manera que: Los escribas y fariseos cumplen la ley, pero son duros con los demás, desprecian a los pecadores a quienes consideran impuros. No han entendido lo mejor de Dios, como es la misericordia y la interioridad en el obrar que Jesús nos enseña.

No basta con no matar, sino que cualquier clase de violencia es un atentado contra la vida. En la libertad que Jesús nos da, es necesario fomentar la paz y la concordia para garantizar el respeto a la vida y la integridad del prójimo. El adulterio es duramente castigado en Israel, pero la libertad que Jesús nos da, llega a la purificación del corazón, allí donde se toman las decisiones. Es eso, lo que hay que vigilar. El matrimonio y el divorcio inquietaban ¿Cómo abordarlos? Jesús nos invita a ser libres yendo a los orígenes, cuando Dios dijo: «serán los dos una sola carne». Nos recuerda así que el matrimonio es uno e indisoluble porque el amor de Dios es indisoluble e irrompible, como aparece en su intimidad: tres y uno, inseparables.

Con respecto al juramento, Jesús nos dice que el que es libre no jura, sino que su relación se basa en la sinceridad, la lealtad y la franqueza. Un sí o un no, basta. Todo lo demás viene del maligno, que es mentiroso y no quiere el bien del hombre. Jesús nos enseña, por tanto, a ser libres cumpliendo la voluntad de Dios. Si obramos en su nombre y vivimos en oración y alabanza continua, podremos ser libres para así poder cumplir la voluntad del Padre, como él. Que el Espíritu, nos guíe en esa gran aspiración y deseo de seguir a Jesús.

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Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

Aquí un comentario sobre la película “Ostrov” del Hermano Pablo Rafael

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Dios en el corazón

El camino del Espíritu


Son los puros de corazón los que ven a Dios (Mt 5,8). Pero ¿cómo definir el corazón y cómo describir su actividad?

Es un término bíblico que los místicos utilizan constantemente; los autores orientales recientes lo toman a veces como emblema para distinguirse del Occidente «racionalista», que, según ellos, olvida demasiado fácilmente que el fundamento de la vida cristiana es el corazón. Escribe uno de ellos: «Tratar de alimentar el corazón es dirigirse a Dios: Dios mismo es un corazón que abraza todo. Sólo en el corazón es posible captar el secreto del universo, lo que Kant llama la “cosa en sí”. Quien tiene un corazón capta el sentido de Dios, de los hombres, de los animales y de la naturaleza. El corazón es el único órgano capaz de dar la paz al espíritu».

La oración más perfecta, según los autores orientales, es la oración del corazón. Dice Teófanes el Recluso: «¿Acaso no ha mandado el Señor cerrarse en la propia habitación para orar? (Mt 6,6). La habitación del hombre es su corazón; por tanto, el Señor nos manda orar en nuestro corazón».
Pero es preciso dar la noción precisa de este término porque tiene un uso muy amplio. En la Biblia el corazón indica toda la vida interior: el corazón reflexiona, proyecta y decide. Siente el temor de Dios y en él reside la fidelidad a Yavé. En el Nuevo Testamento es la sede del Espíritu Santo (cfr. Rom 10,10). Pero a menudo para los Padres y para los autores medievales, las expresiones bíblicas tienen un toque demasiado semítico y se ven obligados a interpretarlas con una terminología más aceptable para la psicología tradicional. Su interpretación revela claramente la corriente de espiritualidad a la que pertenecen.

Los griegos son especulativos por naturaleza y sustituyen el corazón bíblico por la mente. El sursum corda se convierte entonces en «la elevación de la mente a Dios». Por el contrario, la literatura espiritual de la Edad Media en Occidente oponía el «afecto del corazón» al pensamiento racional puro. Para santo Tomás de Aquino, el precepto «amar a Dios con todo el corazón» (cfr. Mc 12,30) es «un acto de voluntad que se expresa con la palabra corazón». Pero en seguida iba a darse una reacción, sobre todo en la piedad, a favor de los sentimientos. En el lenguaje de hoy, «corazón» significa la parte sentimental del hombre. Eso hace que no siempre se entiendan bien los textos clásicos de espiritualidad. Y se advierte claramente que la pista que parte de las nociones psicológicas no podrá aclarar nunca la cuestión. Se ha intentado situar el corazón en el esquema de la estructura psicológica del hombre y sólo después se ha planteado qué función podía tener ese «corazón» en la vida espiritual.

Pero en realidad se debe proceder al revés. El corazón es el punto de contacto entre el hombre y Dios. ¿Qué órgano nuestro tiene una función privilegiada en ese contacto? Los griegos, siguiendo la tradición platónica, atribuían esta función a la mente, a la
inteligencia. Con eso influyeron mucho en la terminología cristiana. Pero se necesitaban adaptaciones. La mente es sólo una de nuestras facultades, aunque sea la suprema. El contacto con Dios no puede reducirse a una parte de nuestra persona sino que debe implicar al hombre entero: el intelecto, la voluntad, los sentimientos, la memoria y también el cuerpo.

El precepto de amar a Dios «con todo el corazón» significa «con toda el alma, con toda la mente, con todas las fuerzas» (Mc 12,30). Conscientes de que el término «corazón» contenía esa integridad o totalidad del hombre, algunos Padres volvieron a este lenguaje y pensaron que es mejor definir la oración como la «elevación del corazón a Dios». Entonces los autores espirituales ven el corazón como principio de la unidad espiritual; el corazón «mantiene la energía de todas las fuerzas del alma y del cuerpo», es «trono del Espíritu Santo» (Teófanes el Recluso).

Pero esa unidad del hombre se puede considerar bajo dos aspectos, que podemos definir como «horizontal» y «vertical». En el aspecto horizontal, un acto humano «sale del corazón» cuando en él no hay contradicciones, cuando todas las fuerzas humanas colaboran armoniosamente. Teófanes se sirve de una comparación del mundo teatral. Cuando un actor representa su parte fuera de la escena, su trabajo pierde mucho. Lo mismo sucede con el ejercicio de una facultad aislada: su ejercicio es forzado y disminuye su eficacia. La representación fuera de la escena simboliza una oración que se pierde en pensamientos abstractos o en actos de voluntad demasiado «ascéticos». Para realizarlos, la voluntad debe contrariar los sentimientos opuestos y la tendencia del cuerpo, y hacer lo contrario de lo que le insinúa la fantasía. Esa violencia ascética por el bien es necesaria para vencer la naturaleza corrompida. Pero su objetivo es volver a la armonía plena. Sólo así la oración y la conducta humana salen «del corazón». Toda la persona será santificada. Su devoción respirará la belleza natural.

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Estimadas/os en el amor a Jesucristo: Os presentamos aquí unos enlaces a los blogs de miembros de la Fraternidad Monástica Virtual. Cualquier hermana/o que quiera difundir un sitio de temática espiritual o afín a los temas que tratamos avise para que lo incluyamos en nuestras listas de recomendados.

Cristianismo Espiritual (Blog de Alejandro)

Nueva vida en Dios (Blog de María del Carmen)

Soplo de la vida (Blog de María Jesús)

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Homilía del Padre José

5º Domingo del T.O. Ciclo A

La alegría por el retorno a la tierra que quedó atrás tras el exilio, ha sido un momento de ilusión y de desaliento a la vez, pues a pesar de todo, seguía habiendo injusticias. De hecho, en el pueblo de Dios, nunca faltaron los pobres y los despojados de su herencia por la avaricia de los poderosos y las calamidades de las invasiones. El profeta levanta su voz ante un culto vacío, sin alma, sin vida y para remediarlo, Isaías en la primera lectura: 58, 7-10, emplea una frase: «no te cierres a tu propia carne», una expresión que indica algo así como: ante Dios todos somos iguales.

Es más, rechazar, al pobre y al necesitado, es rechazar a Dios mismo, como nos recordará Jesús en Mt, 25. El ayuno deberá ir acompañado de la misericordia y la compasión. Solo quien sabe asumir el sufrimiento y las limitaciones del otro y hace justicia al pobre, verá a Dios y será como un manantial en la estepa. La paz es, por tanto, un fruto preciado de la justicia y del amor sincero y operante entre los hombres. San Pablo, en la segunda lectura de 1ªCor 2,1-5 nos recuerda que es el Espíritu el que nos mueve a obrar y esto se ve sobre todo en la evangelización en la que se manifiesta el poder del Espíritu.

Él mismo, ha experimentado en su propia pobreza y debilidad, es decir, en el rechazo por parte de algunos en Corinto, ese poder del Espíritu. A lo largo de su ministerio ha comprobado que tanto el llevar una vida digna como el poder anunciar el Evangelio es obra del amor de Dios y del conocimiento de Jesucristo crucificado, en quien todos hemos sido acogidos, amados y perdonados sin distinción.
He ahí la clave para acoger a todos, especialmente a los más necesitados. El Evangelio de Mt 5,13-16, nos recuerda que este andar con Cristo, día y noche, de forma continua, nos convierte en sal y en luz, para los demás y para el mundo, pues ni la sal sala para sí, ni la luz ilumina para sí, entonces nuestras obras tampoco son para nosotros, sino para los demás y para que, a través de ellas, Dios, que las hace posibles, reciba gloria y alabanza.

La sal, además de salar y conservar los alimentos, en tiempos de Jesús se utilizaba como placas que se colocaban en el interior de los hornos donde se cocía el pan, de esta manera, se mantenía el calor suficiente y necesario. Pero esas placas con el tiempo perdían su virtualidad y no servían para nada; había que tirarlas. Se arrojaban a la vera del camino. Nuestra vida sin Jesucristo y sin invocarlo continuamente, es como la sal que ha perdido su virtualidad, y que solo sirve para ser tirada y pisoteada, de la misma manera, que tampoco la ponemos al servicio de los demás, sino que nos encerramos en nuestra propia carne.

Pidamos al señor, nos conceda la alegría de vivir entregados al servicio de los demás y especialmente de los más necesitados.

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Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

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La comunión con Cristo es libertad

En mi opinión la libertad no tiene tanto que ver con el libre albedrío sino con la comunión con Cristo.

Respecto a la relación de la gracia y el esfuerzo en la obra de Dios en nosotros, siempre que sale a colación este tema recuerdo la parábola del sembrador. En esta parábola Cristo dice que es posible que la semilla se siembre en mala tierra y no fructifique. Es precisamente en la tierra en lo único en lo que nuestra acción es necesaria. Lo demás, el crecimiento de la planta, es obra de la gracia y ahí nosotros no podemos hacer nada como dice San Pablo: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. 1 Corintios 3:6-7”.

Pero en lo que toca a la tierra, esto es, a nuestra relación con lo terrenal, si que tenemos la responsabilidad de enfocar nuestra vida en la búsqueda de Dios y no diluirnos en el mundo como la semilla que fue plantada entre cardos y espinos y estos la ahogaron: “La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto” Lucas 8:14. Ya en génesis 3:18 se habla de la necesidad de trabajar la tierra y de que produciría espinos y cardos a consecuencia de la caída.

Los pies bien puestos en la tierra (buena conciencia) mirando al Sol (viviendo en oración).

En la experiencia dicen que el esfuerzo es mas necesario al principio, cuando las pasiones están mas vivas y el amor a Dios aún es débil en nosotros, después el árbol se hace grande y las aves de los cielos ¿quizás una alegoría de los pensamientos? hacen nidos en sus ramas. Lc 13:32. Yo creo que es el amor a Dios la principal muralla que nos protege de las tentaciones y hace dulce el esfuerzo.

En las etapas en las que ese amor es débil aparecen las tentaciones de buscar satisfacciones fuera de Dios pero cuando el fuego del amor a Dios arde con fuerza ni siquiera supone un esfuerzo abstenerse de los placeres del mundo porque lo único que se quiere es a Dios y todas nuestras pasiones están ordenadas correctamente hacia ÉL. Los que tienen experiencia dicen que es necesario pasar por crisis de fe y amor en el camino de unión con Dios a fin de purificar nuestras intenciones…

Alejandro191111

Hermano Alejandro es el autor de este blog y miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

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Identidad, seguridades…

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Homilía del Padre José

Presentación del Señor

El Señor viene a su templo, nos dice el profeta Malaquías en la primera lectura: Malaquías 3,1-4. Viene a su casa, viene a lo suyo; lo nuestro es lo suyo. San Juan, en el prólogo de su Evangelio dice que: «vino a los suyos y los suyos no le recibieron, pero a los que lo recibieron les da la potestad de ser hijos de Dios».

Necesitamos de purificación para poder acceder a la presencia de Dios. Tanto en el culto como en la vida, necesitamos de coherencia para que culto y vida, amor a Dios y al prójimo puedan ir juntos. Hemos de ser, así, mensajeros que proclamen la presencia de Dios en el mundo y en la historia, una presencia viva en nosotros, que somos como dice San Pablo: templos del Espíritu.

La segunda lectura tomada de Hebreos 2,14-18, nos recuerda que el que viene a nosotros es el que se ha hecho semejante a nosotros en todo menos en el pecado. El ha querido estar sujeto a las tentaciones y al sufrimiento como nosotros y su vida fue el camino marcado por el Padre, de forma que la humanidad, especialmente los que sufren, no están desamparados, pues desde esta comunión real con los hombres, curtida en la experiencia del sufrimiento, es como Jesús ejerce el ministerio de pontífice fiel. El sufrimiento de Cristo es la respuesta a nuestro sufrimiento y el de toda la humanidad y su coherencia de vida es una llamada a vivir también nosotros en la coherencia.

El Evangelio de Lucas 2, 22-40, nos presenta el más bello de los cánticos lucanos, en él hay un marcado «ahora» que expresa la idea de la promesa cumplida. De este modo, Simeón que simboliza al siervo-pueblo de Dios, puede irse en paz, porque Dios ha cumplido su palabra: la salvación ha llegado a todos los pueblos. Simeón, coloca al principio lo que ocurrió al final: que será bandera discutida y signo de contradicción de manera que el juicio ya se da en función de la actitud que tomemos ante él.

También María no solo será madre, sino que también participará de la fidelidad del discípulo. La dialéctica de elección (a favor o en contra) se da en todos, incluso entre sus propios familiares. La imagen de la espada, sugiere la dificultad que ella misma va a experimentar para comprender que la obediencia a la Palabra de Dios, está por encima incluso de los más sagrados vínculos familiares. El camino de fe de María realizado con fidelidad llegó así a su plena madurez superando todas las pruebas y dificultades.   

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   Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

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Inmersos en el mundo

Conozco personas que creen que para tener una vida de unión profunda con Dios necesitan retirarse del mundo. También hay quienes  piensan que viviendo en un mundo como el de hoy corren peligro de ser influidas, “contaminadas”, confundidas o escandalizadas. Hay personas que en su juventud se decidieron por una vida consagrada o contemplativa, pero las circunstancias de la vida o incluso el ejercicio de su propia libertad les llevó a salir de allí, y parecen que pasan el resto de su vida añorando eso o culpabilizándose o creyendo que su relación con Dios está incompleta.

Jesús pasó su vida en la tierra viviendo una vida normal, con su familia, su trabajo, sus amigos. Se retiraba a orar a solas pero luego volvía al ajetreo diario. Desde luego que hay personas a las que Dios llama a una vida retirada, pero esa llamada no es para todos. Muchos de nosotros estamos llamados a vivir profundamente la relación con Dios en el mundo. Hay personas que se lamentan de que los monasterios se estén vaciando. Pero el retirarse no es garantía de vivir la presencia de Dios, puedes vivir una vida solitaria y no estar en esa presencia continua, y al contrario,  puedes estar inmerso en el mundo, en calles abarrotadas de gente, con miles de obligaciones diarias, y estar muy unido a Dios. Es algo así como estar enamorado. Cuando lo estás la persona amada te acompaña a todas partes. Por lo tanto lo importante es enamorarse de Dios, estés donde estés.

La presencia de Dios es como un fuego que llevamos en nuestro interior. Este fuego se alimenta en nuestra oración diaria, en esos momentos de silencio y  soledad que buscamos cada día para que ese fuego no se apague. Lo que hace que nos apartemos de la presencia de Dios no es estar en el mundo sino el no tener esos momentos de intimidad con Él. Repetir el nombre de Jesús también va alimentando ese fuego. Y a veces el fuego ha crecido de tal forma que no necesitamos repetir ni siquiera su Nombre, el Espíritu ora en nosotros. 

Ese fuego alimentado en la oración no puede ser apagado por la influencia del mundo. Si tenemos miedo a ser desviados del camino o a perdernos y nos protegemos refugiándonos y huyendo de las actividades diarias es tal vez porque ese fuego es muy débil en nosotros. Entonces la solución no es huir del mundo, no es huir de nuestra condición de cristianos, porque los cristianos estamos llamados a ser luz del mundo. La  solución es incrementar la oración. 

Hay también  personas que tienen una herida en su interior porque creen que no fueron fieles a la vocación recibida o porque siempre tienen la sensación de que están donde no deberían. Tal vez les consuele saber que Dios habla a través de las circunstancias de la vida y que todo está bajo su mirada. Y tal vez esa insatisfacción, ese pesar, actúa en ellas como motor para hacer mucho más bien a los demás que el que hubiesen hecho en sus vocaciones “perdidas”,  por decirlo de alguna manera. 

El encuentro con Dios siempre se da en el presente. Y a veces gastamos muchas energías creyendo que estamos donde no debemos estar. Y es aquí, y es ahora donde Dios vive en nosotros. Nada ni nadie puede hacer que ese fuego que habita en nuestro interior se apague.

María Jesús

La hermana autora del texto participó en la 3° reunión virtual y es participante activa de nuestra Fraternidad Monástica Virtual

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Enlace a la 3° Reunión virtual de miembros

Muy estimadas/os en Cristo Jesús.

Hoy lunes 27 de enero a las 20 horas de España, 16 horas de Argentina, 14 horas de Colombia y 13 horas de México central, haremos nuestra tercera reunión virtual en esta nueva etapa de la Fraternidad.

Aquí os dejamos el enlace de acceso a la misma:


Unirse a la reunión Zoom
https://zoom.us/j/3101503658

ID de reunión: 310 150 3658

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Homilía del Padre José

3º Tiempo Ordinario Ciclo A

Un Pueblo que camina en tinieblas y que ha visto una gran luz, esta es la expresión que emplea el profeta Isaías para manifestar la presencia de Dios en la historia. Algo parecido vemos en el Magnificat cuando María proclama que Dios ha mirado la humillación de su sierva y que, desde ahora, todos la llamarán dichosa, bienaventurada.
Dios trae la alegría, la salvación y la paz al Pueblo que ha experimentado la humillación del exilio y que ahora se siente liberado del pesado yugo Asirio al que había sido sometido. A nosotros esto nos muestra que la presencia de Dios en nuestra vida y en nuestra historia es siempre iluminadora en nuestra ceguera, y salvadora de nuestros yugos, esclavitudes y opresiones.

En la segunda lectura de San Pablo a los Corintios, 1,10-13.17, el Apóstol, se dirige a la comunidad que estaba profundamente dividida, con una expresión típica en él: «por el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo…poneos de acuerdo». Es en este Santo Nombre, en el que nos reunimos y en el que es posible la armonía fraterna. No hay otro nombre: ni Pedro, ni Pablo, ni Apolo en el que podamos encontrar la salvación. La razón de nuestro vivir, de nuestro convivir y conmorir, está en el que ha dado la vida por todos y ha resucitado, dándonos la paz y el perdón, para hacer de nosotros instrumentos de su amor: «luz para el mundo», por ello, la necesidad de mantenernos unidos a él por la oración, la escucha de la Palabra y la alabanza continua.

El Evangelio de Mateo 4,12-23, muestra como esa luz de Cristo, llega a todos, incluidos los gentiles. Allí, en tierra de gentiles, comienza Jesús su predicación con una llamada a la conversión, es decir a un estar abiertos continuamente a la voluntad de Dios, y allí llama también, a los primeros discípulos. El mensaje de Jesús no deja impasible, interpela, llama, pues por medio de él se nos manifiesta el poder de Dios Salvador: «anunciaba la Buena Noticia del Reino y curaba las enfermedades y las dolencias del Pueblo».
Mateo resume, la predicación de Jesús, en un escueto y breve programa: «convertíos porque está cerca el reino de Dios». En ello centra Jesús toda su predicación y esta será nuestra tarea como seguidores suyos.

Esto supone, que es necesaria una rectificación profunda en nuestra vida, que nos permita pasar de la esclavitud a la libertad que ofrece el Evangelio de Jesús. Esta rectificación o arrepentimiento-conversión, pasa por el reconocimiento de Dios como soberano que con su soberanía hace posible la comunión y la libertad de todos los hombres y mujeres del mundo. Con Jesús, esta soberanía de Dios, ha dado comienzo en la historia. Con él queda de manifiesto la paternidad de Dios que nos hace más humanos y más hermanos, pues él nos manifiesta eso: que Dios es «Padre Nuestro» y consecuentemente, todos nosotros, hermanos.
Que esta Palabra sea luz que ilumina las tinieblas y nos permita avanzar hacia la claridad del encuentro con Dios.

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3° Reunión virtual

Estimadas/os en el amor a Cristo Jesús y la vida monástica.

El próximo lunes 27 de enero a las 20 horas de España, 16 horas de Argentina, 14 horas de Colombia y 13 horas de México central, haremos nuestra tercera reunión virtual en esta nueva etapa de la Fraternidad que iniciamos en Noviembre del 2019.

Para los que ya habéis participado, el link es el mismo por la aplicación Zoom. De todas maneras dejaremos el enlace en este blog minutos antes del inicio. De acuerdo a la cantidad de comentarios e interacciones por correo, convendrá intercambiar acerca de la película “Ostrov”, que ha suscitado el interés de muchos de los miembros, debido a diversos matices sobre el pecado, la vida de oración y demás que conviene conversar. Dejaremos espacio libre luego para lo que surja conversar y al final haremos una oración en común. Os enviamos un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

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Película “Ostrov”

Hermanas y hermanos, aquí una película muy interesante donde La oración de Jesús y la vida monástica es protagonista. Si os parece comentad vuestras impresiones luego de verla seria interesante. Un saludo fraterno invocando a Jesús.

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Homilía del Padre José

2º Domingo Tiempo Ordinario, ciclo A – 19 de enero 2020

La primera lectura tomada de Is 49,3.5-6, nos presenta a un personaje que se le conoce como: el Siervo de Yavé. Nos preguntamos: ¿Quién es este personaje, elegido por Dios, íntegro en su fe y al que se le ha confiado una misión universal? ¿Qué rostro o qué nombre le daremos?
Juan el Bautista emplea una expresión para dirigirse a Jesús, que guarda relación con la del Siervo: «este es el cordero de Dios». De modo que podemos decir que lo que Isaías presenta como «Siervo» y lo que el Bautista presenta como «Cordero», guarda una relación.
Efectivamente, este Siervo al cual Dios dice: «te convierto en luz de las naciones para que mi salvación llegue hasta los confines de la tierra», encuentra su pleno cumplimiento en Jesús, luz venida al mundo para alumbrar a todos los hombres y Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. En él vemos nuestra esperanza y la esperanza del mundo cumplida.

San Pablo en la segunda lectura, habla de un Pueblo formado por todos aquellos «que invocan en cualquier lugar el nombre de Jesucristo». Este es un pueblo que tiene un origen apostólico y como distintivo la fraternidad: «yo Pablo, llamado por voluntad de Dios a ser apóstol y el hermano Sostenes». Pues bien, este pueblo es llamado por Pablo: «Iglesia de Dios», lo que nos permite hablar de otros nombres para designar a este siervo que se manifiesta en Cristo como son: Iglesia de Dios y Pueblo de Dios.

Este pueblo, como hemos dicho, tiene su fuerza en la invocación del nombre de Jesús, lo que lo distingue de los demás pueblos. En el Evangelio, hemos escuchado que Juan es el que da testimonio de Jesucristo, con esa expresión que le caracteriza: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Es más, sobre él se posa el Espíritu, por tanto, este es el «Hijo de Dios» y éste será finalmente, el nombre más preciso para designar al Siervo, que desglosado viene a ser así: Jesús, el Cristo, es decir el ungido por el Espíritu y en consecuencia, el Hijo de Dios.

Nos preguntábamos al principio acerca de quién sería este siervo, pues bien, esta figura del Siervo la vemos reflejada en Jesús, cuya presencia atraviesa la historia, como Cordero de Dios, como Pueblo de Dios, Ungido de Dios, Hijo de Dios, y llega hasta nosotros, llamados a seguir sus pasos poniéndonos al servicio los unos de los otros como él, que ha venido a servir y no a ser servido.

El Evangelio hace hincapié en el Siervo que como Cordero, quita el pecado del mundo y forma un pueblo de Hijos, que invocan su Nombre continuamente y al hacerlo atraen continuamente su salvación, su misericordia y su paz.
El es en definitiva, el Siervo que carga con nuestras miserias e incoherencias; con nuestros pecados y transforma con su Gracia, toda iniquidad en santidad, uniéndonos así al Padre, por la sangre de su cruz. En él, todos hemos sido llamados a nacer de nuevo por el agua y el Espíritu, y así hacer posible un mundo nuevo en el que la fraternidad sea el estatuto y el amor la única regla de vida.

Haz click aquí para descargar la homilía en formato Word

Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

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2° Vídeo presentación del Curso de Filocalía

Algunos párrafos de Casiano, El Romano

Aquí info sobre el curso

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Columna del Arzobispo de Los Ángeles

Sobre La Oración de Jesús

Publicada en el sitio original el 26/02/16

Al terminar esta columna me encuentro en El Paso, Texas. El día de hoy, un poco más tarde, voy a cruzar la frontera junto con mis hermanos obispos de Estados Unidos y nos uniremos a los obispos de México para celebrar una Misa con el Papa Francisco, en Ciudad Juárez.

Como ustedes lo han hecho, he estado siguiendo la peregrinación del Papa a México con oración y un profundo interés. Su homilía en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe fue hermosa, y me llamó la atención por su frase final.

En ésta, él nos llama a salir y continuar la misión de San Juan Diego, esa obra que consiste en hacer del Continente Americano un “santuario de Dios”. Y el Papa aclaró que deberíamos acompañar a la gente de nuestro tiempo con las obras corporales y espirituales de misericordia.

“Y, sobre todo, roguemos y oremos a Dios”, dijo el Papa Francisco. “Y en el silencio digámosle lo que está en nuestro corazón”.

Por encima de todo, hay que orar.

El Papa nos recuerda que la oración no es un escape, no nos aparta de la vida. La oración nos sumerge, más profundamente, dentro del misterio del plan de Dios para la historia. La oración nos impulsa a buscar el rostro de Dios en el rostro de nuestros hermanos y hermanas; la oración nos llena de sentimientos de responsabilidad hacia la misión de compartir la promesa de la salvación de Cristo y la sanación con nuestros hermanos y hermanas dentro de la Iglesia.

El corazón de la misión cristiana y el corazón de la oración cristiana es el nombre de Jesús.

“Jesús” es el nombre divino revelado por Dios. Este nombre es santo, es el nombre que está por sobre todo nombre, y es el único nombre bajo el cielo por el cual podemos ser salvados. Los apóstoles predicaron y curaron en el nombre de Jesús, y echaron fuera demonios e hicieron milagros en su nombre.

Y los primeros ermitaños y monjes cristianos nos dejaron la tradición de usar el nombre de Jesús como una oración. Esta es una hermosa tradición que quiero recomendarles que incluyan dentro de su vida de oración.

Los católicos bizantinos y los cristianos ortodoxos orientales han estado siempre asociados a la que es conocida como “oración de Jesús”. En su forma clásica, la oración dice: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, que soy un pecador”.

Pero la oración al santo nombre de Jesús tiene una larga tradición dentro de la Iglesia, y ha sido recomendada por Santos como Bernardo de Claraval y Bernardino de Siena. Cuando yo era adolescente, aprendí a orar diciendo: “Jesús, Jesús, se para mí siempre Jesús” (es decir, mi Salvador). Ésta es una hermosa y poderosa oración que todavía hago con mucha frecuencia.

Muchos cristianos practican la oración de Jesús repitiéndola lenta y suavemente mientras se concentran en el ritmo de su respiración. Por ejemplo, al inhalar dicen: “Señor, Jesucristo”, y al exhalar: “Hijo de Dios”. Al inhalar nuevamente, dicen: “Ten piedad de mí”, y al exhalar, “que soy un pecador”.

Pero la oración de Jesús no pretende ser una técnica de relajación o un hechizo mágico que repetimos con el fin de llamar a Dios. El punto importante de ella es ponerse uno mismo en la presencia del Dios vivo, en una actitud de humildad, amor y adoración, siendo conscientes de su cercanía, de que está presente dentro de nosotros y en toda la creación.

Me gusta la Oración de Jesús, porque nos ayuda a ofrecernos a Dios y a abrir el corazón a su misericordia. Todos y cada uno pueden decir la Oración de Jesús, en cualquier momento y en cualquier lugar, en el trabajo o en la escuela, al esperar el autobús, o al preparar la cena, al ayudar a los niños con su tarea o al salir a caminar. En cualquier lugar.

Con esta oración podemos santificar nuestro tiempo, haciendo del nombre de Jesús una especie de “música de fondo” espiritual para todo lo que hacemos durante el transcurso del día.

En su propia oración, puede ser que ustedes prefieran simplemente orar diciendo sólo el santo nombre de Jesús. De hecho, el Catecismo de la Iglesia Católica lo recomienda, diciendo que “la invocación del Santo Nombre de Jesús es siempre la manera más sencilla de orar”.

Ustedes pueden orar con el santo nombre de Jesús tal como lo harían con la Oración de Jesús, repitiendo su nombre en sus corazones, diciéndolo una y otra vez, en silencio, con amor y reverencia.

Decir su nombre los pone ante su presencia y su poder. Orar diciendo “Jesús” es acogerlo en nuestras vidas como el Hijo de Dios que murió y resucitó por nosotros y que sigue iluminando nuestros corazones y conduciéndonos por los caminos de este mundo.

Al repetir su nombre frecuentemente a lo largo de todo el día, ustedes unirán sus acciones a la obra de Él en el mundo, y eso los ayudará a conformar más sus acciones según el pensamiento y el corazón de Cristo, ajustando su voluntad con la de Él y sus propósitos con los propósitos que Él tiene.

De modo que esta semana, oremos unos por otros en el nombre de Jesús.

Y pidámosle a la Virgen de Guadalupe que nos acompañe. Que vele por nuestras familias y por todos los pueblos del Continente Americano, especialmente por las personas del pueblo mexicano, donde quiera que estén viviendo.

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)

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Acerca de la reunión del día 13 de enero

Estimadas/os hermanas/os en Cristo Jesús.

Ayer tuvimos nuestro 2°encuentro virtual en esta nueva etapa de la Fraternidad. Fue muy agradable e interesante. Pese a que muchos recién estamos conociendo esta tecnología de comunicación, pudimos, gracias a Dios, llevar adelante un rico intercambio. Conversamos acerca del texto de Evagrio que estaba pautado, algo también del texto sobre el monacato Athonita que compartimos días atrás y hubo testimonios de algunas vivencias personales en el marco de nuestra vida cristiana. Quedó clara la necesidad de la Fraternidad y la alegría del encuentro con hermanos que buscan a Cristo en el corazón.

Hubo miembros presentes desde España, México, Estados Unidos, Argentina, Suecia y es probable que olvide algún país de procedencia. En el momento de mayor asistencia fuimos 16 hermanos congregados a la distancia en torno al amor por la vida monástica.

Explicitamos que cualquier miembro de la Fraternidad puede enviar textos, vídeos o aportes en formato diverso que serán compartidos en el blog, sin más limitación que la de la temática que nos reúne. Enfatizamos en la necesidad de participar a través de los comentarios para mantener la fluidez del contacto, que facilita nuestro diario caminar. Algunos hermanos destacaron la utilidad que representaban para ellos los ejercicios espirituales del peregrino ruso. Hicimos finalmente una oración a modo de cierre del encuentro invocando la ayuda de Dios para todos.

La próxima reunión está prevista para el lunes 27 de enero. Estos dos textos que enlazamos a continuación pueden servir como eje temático para nuestro intercambio. Un saludo fraterno para todas/os invocando siempre el Santo Nombre del Señor Jesús.

Indicios de lo sagrado

Ascesis

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Aviso a los miembros de la Fraternidad

Estimadas/os en el amor a Cristo Jesús.

Quienes vayan a participar de la reunión de mañana, enviadnos un correo a bloghesiquia@gmail.com para devolveros el enlace que os permita ingresar a la misma. El horario previsto para la reunión es:

Nuestra segunda reunión virtual será el lunes 13 de enero desde las – 20 hs. de España – 16 hs. de Argentina – 13 hs. de México.

Os dejamos aqui un enlace a este vídeo que nos ha parecido portador de interesantes contenidos, en lo que respecta a la entrega a la voluntad de Dios. Fijaos que tiene subtítulos en español. Saludos invocando a Jesucristo.

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El bautismo de Jesús

Homilía del Padre José – Ciclo -A – 12 de enero de 2020

Son pocas las ocasiones en las que aparece Dios Padre en los Evangelios. En la escena del Bautismo se nos dice que: «Se oyó una voz del cielo: Este es mi hijo amado, escuchadle». También se nos dice que: «Se abrieron los cielos y se vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma que venía sobre él». Estamos pues ante una Teofanía, es decir una manifestación de Dios y todo ello nos hace ver que, sin duda, estamos ante un acontecimiento fundamental en la vida de Jesús.

En la primera lectura tomada de Isaías 42,1-4,6-7, se nos habla de un personaje misterioso que por sus rasgos encarna al pueblo de Dios o a algunos de sus personajes históricos y con el que Jesús se identifica. Viene a salvar y a librar al hombre del mal no a condenar ni a aniquilar. «No romperá la caña cascada ni apagará la mecha que se extingue, son símbolos que todos entendían, pues, el pregonero real cuando anunciaba una condena a muerte apagaba el farol y rompía una caña. Este en cambio, animado por el Espíritu, librará al hombre en su ser más íntimo, pues como señala el texto: los ciegos recuperarán la vista y podrán caminar hacia la vida que perdura, los prisioneros recobrarán su libertad, la de hijos de Dios redimidos y amados.

Así se entiende el testimonio de Pedro en Cesarea, en casa de Cornelio, que recoge la segunda lectura de Hechos 10,34-38. Toda la vida de Jesús, marcada por la Unción del Espíritu de Dios, ha sido un paso entre los hombres para comunicarles el amor del Padre hasta dar su vida por el perdón de los pecados y la salvación de todos, incluidos los paganos como ocurre con el centurión Cornelio.

El Evangelio de Mt 3,13-17, nos coloca ante la escena del Bautismo de Jesucristo y denota hasta qué punto los primeros cristianos no entendieron este gesto de Jesús, pues pensaban que Jesús no tenía necesidad de bautizarse y además parecía que Juan Bautista era superior a Jesús. Pero el plan de Dios preveía también esto y Jesús se somete a la voluntad del Padre y también se pone de manifiesto así su condición de siervo que acepta la condición humana.

La escena teofánica, es muy rica en signos, pues pone de manifiesto que cielo y tierra se unen. La imagen de la paloma, que simboliza a Israel, ahora nos indica que estamos ante una nueva creación y una nueva humanidad en Cristo, en la que el Espíritu obra y en la que va a poner su morada.

Así, por una parte, es Jesús el que nos lleva al verdadero conocimiento de Dios por medio del Espíritu. Gracias a él, nosotros tenemos acceso al Padre. Por otra, el bautismo cristiano a diferencia del de Juan, nos convierte en Hijos. Todos los bautizados somos Hijos esperados y amados, sobre los que se posa el Espíritu del Señor y somos llamados como la primera comunidad cristiana, a dar testimonio de que Cristo es el Señor, con nuestra vida y con nuestra oración continua, afirmando, que en su Nombre se nos da la salvación, el perdón y la vida eterna.

Haz click aquí para descargar la homilía

Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

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Encuesta a los miembros de la Fraternidad

Hermanas/os, los que elegís la opción “otros” hagan un comentario respecto de cuál es la opción que os parece bien. De ese modo el dato “otros” no quedará solo en la estadística. Un saludo fraterno invocando a Jesucristo.

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Texto completo del apartado extraído de Filocalía

En referencia al post respectivo y a los comentarios de José y Rebeca

A propósito del discernimiento de las pasiones y de los pensamientos

Entre los demonios que se oponen a la práctica de las virtudes, los primeros que adoptan una actitud de guerra son aquellos que ostentan las pasiones por el buen comer, los que nos insinúan el amor por el dinero, y los que nos estimulan a buscar la gloria que proviene de los hombres. Todos los demás vienen detrás de éstos y reciben a los que han sido heridos por ellos.

Efectivamente, es poco probable que se caiga en manos del espíritu de la fornicación si no se cayó antes por gula. Y no hay quien, habiendo sido turbado por la ira, no se haya previamente encendido por los placeres de la buena mesa, por las riquezas o por la gloria. Y no hay modo de huir del demonio de la tristeza, si no se soporta la privación de todas estas cosas. Así como nadie puede huir del orgullo, primera camada del diablo; si no se ha erradicado antes la raíz de todos los males, que es el amor por el dinero, si es verdad, como dice Salomón, que la indigencia hace al hombre humilde (Pr 10:4).

En breve: no sucede que el hombre tropiece con el Demonio, si antes no ha sido herido por esos tres males principales. Y también delante del Salvador, el Diablo antepuso estos tres pensamientos: primeramente exhortándolo a convertir las piedras en panes, luego prometiéndole el mundo si se postraba a sus pies, adorándolo, y como tercera cosa, lo tienta con la posibilidad de que la gloria lo cubriría si, cayendo de las almenas del templo, los ángeles lo recogen y lo salvan, como Hijo de Dios que es. Pero nuestro Señor, mostrándose superior a todo esto, ordenó al Diablo que se alejara de Él, enseñándonos así que no es posible rechazar al Diablo si no se desprecian estos tres pensamientos.

Todos los pensamientos demoníacos introducen en el alma conceptos relativos a objetos sensibles, y el intelecto, compenetrándose de ellos, imprime en sí mismo las formas de esos objetos. El alma reconoce, entonces, al demonio que se asocia al objeto mismo. Por ejemplo: si en mi mente se presenta la fisonomía de quien me ha agraviado u ofendido, es evidente que surgirán en mí pensamientos de rencor. Si surgiera el recuerdo de las riquezas o de la gloria, recordaré claramente por el objeto, cuál es el motivo de mi angustia. Lo mismo sucede con los otros pensamientos: por el objeto descubrirás quién es el que viene a insinuarlos. Sin embargo, no quiero decir que todo recuerdo de tales objetos provenga de los demonios. Porque es el intelecto mismo, accionado por el hombre, el que produce las imágenes de los acontecimientos. Provienen de los demonios aquellos recuerdos que suscitan la ira o la concupiscencia contra natura.

Con motivo de la turbación que causan estas potencias, el intelecto, mediante el pensamiento, comete adulterios y se embarca en guerras, porque no puede acoger la imagen de Dios, su legislador. En efecto, esa luminosidad se manifiesta al principio fundamental del alma en el tiempo de la plegaria, en la medida en que ésta se despoje de los conceptos relativos a los objetos.

El hombre no puede rechazar los recuerdos pasionales si no presta atención a la concupiscencia y a la cólera, disipando a la primera con ayunos, velando y durmiendo en el suelo, y calmando a la segunda con actos de soportación, de paciencia, de perdón y de misericordia. De las pasiones antedichas surgen casi todos los pensamientos demoníacos que empujan al intelecto a la ruina y a la perdición. Pero es imposible superar estas pasiones si no se desprecian totalmente los manjares, las riquezas y la gloria y aun el propio cuerpo, con motivo de aquellos pensamientos que tan a menudo lo flagelan.

Es absolutamente necesario, pues, imitar a aquellos que se encuentran en el mar, en peligro, y que echan por la borda los aparejos a causa de la violencia de los vientos y de las olas. Pero llegados a este punto, debemos guardarnos de desprendernos de los aparejos para ser mirados por los hombres, o habremos ya recibido nuestra merced, ya que otro naufragio más terrible que el primero nos afligirá, y entonces soplará el viento contrario, el del demonio de la vanagloria. Por tanto, también el Señor nuestro de los Evangelios, impulsando a nuestro intelecto que es el capitán del barco, nos dice: Mirad que no hagáis vuestra justicia delante de los hombres, para ser visto por ellos: de otra manera no tendréis merced de vuestro Padre que está en los Cielos (Mt 6:1). Y dice además: Y cuando recéis, no seáis como los hipócritas; porque ellos gustan de orar en las sinagogas y en los cantones de las calles, de pie para ser vistos por los hombres: por cierto os digo, que ya tienen su pago (Mt 6:5-16).

Pero en este punto debemos prestar atención al médico de las almas y observar como él cura la cólera con la limosna, y con la oración purifica el intelecto, y aún mas, diseca con el ayuno la concupiscencia: de este modo surge el nuevo Adán, quien se renueva a imagen de Aquel que lo ha creado, en el cual no existe – con motivo de la impasibilidad – ni macho ni hembra, y – basados en la única fe – ni griego ni judío, ni circunciso ni incircunciso, ni bárbaro ni escita, ni esclavo ni liberto, sino que todo está en Cristo.

de Evagrio el monje, en Filocalía

Aquí info sobre el curso de Filocalía

Día 6 de los ejercicios espirituales

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