Deificación de la naturaleza humana

EN MÁXIMO EL CONFESOR

Hermanas/os: A raíz de la pronta publicación de la 25° clase del curso de Filocalía os dejo aquí un texto sobre Máximo, El Confesor, que va hasta la página 23 del PDF. El texto de más de 400 páginas contiene varios otros temas de interés que serán útiles para quién guste profundizar en cuestiones de la vida y la historia cristiana.


RESUMEN:

La novedosa doctrina de la voluntad humana en Máximo el Confesor, que influirá decisivamente en pensadores como Juan de Damasco, la consolidó aquél a través de su interpretación de las dos voluntades en Cristo en el ámbito de la controversia monotelita, de modo que su objetivo primordial fue demostrar que, aun cuando en el Hijo de Dios hubo contrapuestas voluntades, ello no representó una dualidad de personas o naturalezas. En el artículo se da cuenta de cómo esta finalidad le impuso utilizar una nueva terminología para afrontar los retos surgidos de su innovadora consideración del albedrío.

La práctica totalidad de los teólogos griegos cristianos, desde el s. II hasta el XIV, fueron muy precisos en el cometido de relatar de una manera unívoca la dramática historia del alejamiento del hombre con respecto al Creador: la de Adán, nacido en la beatitud, abocado a la muerte por el pecado, revivido por la gracia y devuelto, por el Santo Espíritu, al seno del Cristo-Lógos, a la luz primera. Hecho a imagen de Dios, similar a él y no sólo asemejándole, Adán habría debido ser partícipe de la gloria: dicho de otro modo, sobrenatural habría sido la verdadera naturaleza del hombre en el Edén.

Creado inmortal y en un estado de perfección dinámica como el del mismo Dios, era un microcosmos único en sí mismo, que pertenecía además al mundo inteligible, casi como un órgano del creador. La misión de Adán, su objetivo, era, según Ireneo advertía, “la absorción de la carne por el espíritu”. Lo sensible en él estaba destinado, por el prestigio de su nacimiento, a mudar en inteligible, a retornar a la idea de lógos. En este tenor, Máximo relata cómo se produjo la transgresión de Adán, que no prestó atención a Dios y desdeñó su luz y, a la manera de un hombre ciego, acabó hundiendo sus manos en la oscuridad de la ignorancia. La totalidad de su ser se tornó hacia lo que los sentidos le ofrecían, abocándose a lo que el Confesor llamará una “muerte vivida”.

Si en lugar de comer del árbol prohibido hubiera confiado en Dios alimentándose del árbol de la vida, no habría perdido el primer hombre su inmortalidad, ni se hubiese revestido de una forma irracional, alejándose, como en efecto hizo, de la belleza inconcebible de lo divino.

Sigue leyendo el texto completo aquí.



Miquel BELTRÁN
Departamento de Filosofía
Universidad de las Islas Baleares
Ctra. de Valldemossa km. 7.5
07071 PALMA DE MALLORCA (España)
m.beltran@uib.es

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Aquello que antes me detenía…

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De la opacidad a la transparencia

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Para quienes oran de corazón, el mundo pierde su opacidad y se vuelve transparente; es decir, el mundo de la experiencia empieza apuntando, más allá de sí mismo, a la luminosa fuente de sabiduría y comprensión, a la esfera traslúcida del Espíritu de Dios. Contemplar es ver, hacer visible aquello que se oculta a la visión ordinaria.

Evragrio Póntico, uno de los Padres del desierto que más significativamente han influido en la espiritualidad monástica de Oriente y de Occidente, define la contemplación como theoria phsyké, lo que significa “visión” (theoria) de la “naturaleza real de las cosas” (physiké). El contemplativo es una persona que ve las cosas como realmente son; que ve las conexiones reales que hacen que las cosas encajen entre si; que sabe -como solía decir Thomas Merton- what the scoop is (aproximadamente: “cuál es la primicia” o “exclusiva”). Para conseguir semejante visión se necesita disciplina espiritual. Evragio aplica a esta disciplina el nombre de praktiké y se refiere a la acción de quitar de nuestros ojos la venda que nos impide ver con claridad. Merton, que estaba muy familiarizado con las enseñanzas de Evagrio, expresó la misma idea cuando dijo que en la vida contemplativa se pasa constantemente de la opacidad a la transparencia, de un lugar donde las cosas son oscuras, espesas, impenetrables y cerradas, a otro lugar donde esas mismas cosas son transparentes, abiertas y permiten ver mucho más allá de sí mismas1.

La práctica de la oración contemplativa nos revela la verdadera naturaleza de las cosas; desenmascara la ilusión de controlarlo todo, la posesividad y la pretensión del falso yo. Para quienes practican la oración contemplativa, el mundo (mundus) ha dejado de ser opaco u oscuro, para hacerse de nuevo y transparente: la “nueva Tierra”, que brilla con su carácter intrínseco. Vivir espiritualmente en el mundo es desenmascarar la ilusión, disipar la oscuridad, y caminar en la luz.

De la misma manera que una ventano no es real si no podemos mirar a través de ella, nuestro mundo no puede mostrar su verdadera identidad si continúa siendo opaco y no apunta a algo que está más allá de sí mismo. En el proceso de formación espiritual, toda la vida puede convertirse en una theoria physiké, una clara visión de la naturaleza de las cosas. El Espíritu de Dios nos muestra cómo desplazarnos continuamente de la opacidad a la transparencia en tres relaciones centrales: nuestra relación con la naturaleza; con el tiempo y con la gente.

[…]

Si, en lugar de manipular la creación, nos decidiéramos a contemplarla, estaríamos en condiciones de verla naturaleza como un regalo de Dios que debemos apreciar y cuidar amorosamente. Si recibimos en nuestros corazones con agradecimiento y asombro lo que Dios ha creado, veremos la naturaleza tal como realmente es: como una realidad trasparente, y la vida empieza a hablar un nuevo lenguaje, revelándonos la bondad y la belleza de Dios. Las plantas y animales con los que vivimos nos dan lecciones acerca del nacimiento, el crecimiento, la maduración y la muerte, acerca de la necesidad de cuidar con delicadeza de las cosas, y especialmente acerca de lo importantes que son la paciencia y la esperanza.

[…]

Si experimentamos el tiempo como chronos (cronología), los acontecimientos de nuestra vida no son otra cosa que una serie, conectada al azar, de incidentes y accidentes sobre los que no tenemos control alguno. El tiempo se ha vuelto opaco, oscuro e impenetrable. No podemos ver a través de él la coherencia subyacente de nuestra historia.[…]El tiempo debe pasar, de chronos, a kairos: una oportunidad para un camio de corazón. Empezar a ver que los múltiples acontecimientos de nuestros días , semanas o años no representan obstáculos para una vida plena y valiosa, sino más bien un camino para alcanzar esto último, constituye una experiencia real de conversión.

En la vida y en el ministerio de Jesús, cada acontecimiento es reconocido como kairós. Jesús inaugura su ministerio público con estas palabras: “Se ha cumplido el tiempo…” (Mc 26,45). Él vive cada momento de su vida como una oportunidad para hacer nuevas todas las cosas.

[…]

Nuestra sociedad hace que resulte difícil ver como transparentes a las personas, porque estamos condicionados para referirnos a ellas como caracteres -diferente, interesante, no interesante… -para utilizarlas como corresponde a nuestras propias necesidades o deseos. “Sí, ella es buena en esto, y él es bueno en lo de más allá, lo que me permite manipularlos, explotarlos o utilizarlos para que desempeñen la función que mejor realizan”-, pensamos a menudo para nosotros mismos.

Si en la contemplación conseguimos ver toda la vida como un don, no nos será difícil después reconocer que en nuestras vidas las personas constituyen el más grande de los dones de Dios. Prescindiendo de su estatuto de personajes, se han convertido en personas con quienes podemos formar comunidad y a través de las cuales puede hablarnos Dios. Cuando nos convertimos en personas unos para otros, trascendemos las limitaciones de nuestros personajes individuales y comprendemos un objetivo más grande, como es el pueblo de Dios, estamos llamados a ser trasparentes unos para con otros, a apuntar, más allá de nuestro propio personaje, hacia Aquél que nos ha regalado amor, verdad y belleza.

[…]

La oración contemplativa nos ayuda a quitarnos la venda de nuestros ojos ver el mundo tal como es -como una realidad sacramental-,conectado y revelándonos ininterrumpidamente el gran amor de Dios.

Extractro : HENRI J. M. NOUWEN – FORMACIÓN ESPIRITUAL. “Siguiendo los impulsos del Espíritu”. Sal Terrae, Santander, 2011. páginas. 47 a 57

1 Según Nouwen, Merton expuso estas ideas en una conferencia dada los monjes en la abadía trapense de Getsemaní (Kentucky, EE.UU.) Véase Clowning in Rome, p 89.

Hermanas/os está disponible la novena a Santo Domingo que publica Padre José OP en el blog de su autoría.

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Novena a Santo Domingo – Día 1

Jesucristo ha querido salvarnos por medio del sufrimiento, pero no nos salva el sufrimiento, nos salva el amor. El sufrimiento se convierte así en la fuerza redentora y salvífica del amor.

Cristo ha dado al sufrimiento un nuevo sentido, el de ser fuerza para la liberación del mal y en consecuencia para la victoria del bien. De modo que no nos salva el sufrimiento sino el deseo del que sufre por salvar al otro. Cristo acepta este sufrimiento por salvar al otro de manera plena y decidida porque nos ama. Pero esto puede darse en otras personas que siendo inocentes pasan por la prueba del dolor. La cruz es pues, salvadora y loes porque en ella, el amor vence al odio y por tanto al dolor. Cristo ha vencido y desde entonces todo sufrimiento humano unido al de Cristo tiene el poder de completar lo que falta hasta que su amor llegue a todos.

Santo Domingo lo entendió y lo vivió perfectamente. Así lo vemos en ese cuadro pintado por Fray Angélico en donde está abrazado a los pies del crucificado, compartiendo el sufrimiento de Cristo y por tanto su amor por nosotros… seguir leyendo…

Seguir la Novena en el blog del Padre José

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Sobre la ira, la tristeza y la acedia

Una hermana, participante del curso de Filocalía, monja de clausura; nos comparte la síntesis temática que va realizando en torno a Casiano, El Romano.

LA IRA: Hasta ahora ignoraba esta emoción como una facultad para luchar contra las pasiones y la consiguiente perversión que le hemos dado. Un estado en sí desagradable y al que de modo alguno quisiéramos quedar aprisionados  y que sin embargo hasta haber tomado comprensión consciente de este estado, de sus causas y efectos, difícilmente podemos tener un control y equilibrio.

Casiano nos muestra a fondo el mal que produce esta reacción incluso en los pensamientos aun cuando no tomen por decirlo así “cuerpo”, no se exterioricen, es el mal escondido en el interior, es como la semilla que al menor descuido germina, ningún brote de animosidad ha de aparecer en el cristiano. 

Basta recordar lo que el Apóstol Santiago nos dice. “El hombre encolerizado no obra lo que agrada a Dios”, sencillamente dejamos de ser gobernados por el Santo Espíritu, para ser dominados por el espíritu de la ira que entorpece cualquiera otra virtud que practiquemos. Podemos a fin de comprender mejor esta pasión, observar la transformación que se produce en nuestro cuerpo: el ritmo cardíaco aumenta, la respiración se acelera, los músculos se tensan, el rostro que toma “otra forma”, nos modifica en nuestro habitual modo de ser, perdemos el aura de hijos de Dios, nuestra verdadera imagen; todo lo contrario del impasible que conserva la suavidad, la armonía de quien no se ha soltado de los brazos de su Padre Dios y cualquier acto externo no perturba su tranquilidad y paz.

Y a modo de colación esta frase de San Escrivá de Balaguer: “Serenidad. ¿Por qué has de enfadarte si enfadándote ofendes a Dios, molestas al prójimo, pasas tú mismo un mal rato… y te has de desenfadar al fin?” “Eso que has dicho, dilo en otro tono, sin ira y ganará fuerza tu raciocinio y sobretodo no ofenderás a Dios”. Camino nn.8 y 9

Y frente a la ira como facultad, el ejemplo de San Francisco de Asís y San Benito que ante una violenta tentación de la carne, se desnudan y se arrojan el uno a la nieve y el otro a espinas, hiriéndose el cuerpo pero saliendo victoriosos. ¿Por qué nos cuesta a veces vencer en la tentación? ¡Nos falta ira!

LA TRISTEZA

“No dejes que la tristeza se apodere de tu alma, ni te aflijas a ti mismo con tus pensamientos. La alegría del corazón es la vida del hombre, y un tesoro inexhausto de santidad; el regocijo alarga la vida del hombre. Apiádate de tu alma, agrada a Dios y sé continente; fija tu corazón en la santidad del Señor, y arroja lejos de ti la tristeza, porque a muchos ha matado, y para nada es buena”. Eclesiástico 30,21

El observar la tristeza como falta de fe implica dar un giro a nuestro modo de mirar, también a una profundidad de sentido existencial y espiritual, un ordenar la escala de valores donde hemos tergiversado lo transcendental; examinándonos podemos ver que la mayoría de las veces la causa de nuestras tristezas y su intensidad no coordinan, damos importancia a ligerezas que más parecen proceder de nuestra inmadurez y poca solidez en la confianza a Dios que en la gravedad de los acontecimientos. Sucesos que nos hicieron derramar copiosas lágrimas en el pasado ahora lo vemos como niñerías y nos causa risa.

El caer presas de este espíritu nos impide avanzar, nos nubla, como las nubes oscurecen y ocultan el sol, nos priva de la luz, de la lucidez necesaria para ver con los ojos de Dios y dejarnos orientar según su beneplácito siendo sumisos a los aconteceres. Esta cita bíblica ilumina mucho lo que nos transmite Casiano y darnos cuenta que aumenta en grado según nos dejemos llevar de los pensamientos, éstos son el combustible para abatirnos aún más y lo que nos limita en nuestras acciones diarias, en nuestra vida espiritual.

El espíritu de la tristeza lo veríamos como propio del espíritu que no está unido a Dios, que carece de contacto con su poder como para soltarse de la tensión, de la amargura, del dolor y dejarlo todo en manos del Señor. La tristeza según Dios es la que da salud al alma, proviene de su Espíritu que baña con su unción, aquí las lágrimas más que lastimar producen alivio  y consuelo porque regeneran al hombre viejo que hay en nosotros. Como decía el P. Paisio: “El corazón se purifica con lágrimas y suspiros”.

LA ACEDIA

Este espíritu que está tan emparejado con la tristeza viene a crear un tedio, una intranquilidad que imposibilita para toda obra buena. El desequilibrio que se patentiza en buscar por fuera, en lo exterior, el bien, la paz que interiormente ha perdido, lo empuja a vanos pretextos, a la ociosidad, al fastidio por su entorno habitual, es como una especie de tibieza en donde la virtud se le hace cargante, todo trabajo le resulta penoso.

El cuerpo predomina más en el acidioso, es un no esforzarse ni fatigarse, más bien un buscar lo placentero, es flojedad. La acidia nos puede atacar y de hecho ataca para impedirnos avanzar y dejarnos estancados y si puede perdernos. Sin poder vernos exentos  de tan maligno espíritu nos corresponde estar en guardia, es decir ocupados, el trabajo resulta un contra que ayuda notablemente a que este espíritu no tome control en nuestras vidas.

Aquí info sobre el curso de Filocalía

Vídeo sobre las emociones de Sergio Cardona

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Homilía dominical del Padre José

Domingo 17, T.O. Ciclo A

“El hombre, con tantas posibilidades a su disposición, necesita hoy más que nunca la Sabiduría que viene de Dios, la cual, alcanza a su vida cotidiana, le descubre la voluntad de Dios y le indica donde se encuentra la verdadera realización humana y consecuentemente su plenitud y felicidad. Esta sabiduría que viene de Dios es el valor más importante.

Así se desprende de la primera lectura tomada de 1 Reyes 3,5.7-12. A la Alianza del Sinaí, realizada entre Dios y su Pueblo, sucedió otra entre Dios y su Rey, en este caso Salomón, de manera que todo queda abierto hacia la gran esperanza mesiánica. Dios atento a las necesidades de los hombres, concede a Salomón lo que éste ha pedido: la sabiduría, que es un don superior y de incalculable valor…”

Sigue leyendo en “Contemplar y proclamar”

Links de hoy:

Los prados del corazón

Las prácticas de la oración monástica

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Perfume del Desierto

Oh, Amor, Oh Amor puro y profundo, ven aquí, ven ahora.

Sé todo; los mundos se disuelven

en tu inmaculado e infinito resplandor;

las delicadas hojas vivas se queman

con tus estrellas más brillantes que frías;

hazme tu siervo, tu respiración, tu centro.

____RUMI

El verdadero adorador del Señor

Bienamado Señor,

o yo estoy loco

o lo está este mundo Tuyo.

 

La adoración que a Ti no te importa

es en la que todos están atrapados;

acerca de la adoración que Tú amas,

casi nadie sabe nada.

 

Amarte, a Ti, y a nadie más,

es ésa la adoración que Te deleita.

Por eso el alma se alejó de Ti:

para regresar a Ti a través de la adoración.

 

¿Para qué encerrarse en formalidades vacías?

Yo canto la gloria de mi amor.

Yo canto sólo aquello que yo mismo he visto.

El que alcanza el rango de Amante

es el verdadero adorador del Señor.

___KABIR

La generosidad verdadera

Una ver, Rabia pregunto a Sofyan Thawri: “¿Cuál es tu definición de generosidad?”.

Él respondió: “Para los habitantes de este mundo, la generosidad consiste en regular lo que uno tiene; para los del siguiente mundo, la generosidad es sacrificar la propia alma”.

Rabia no estuvo de acuerdo y le dijo que estaba equivocado. Luego Sofyan le preguntó cuál era su definición de generosidad.

“La generosidad”, dijo ella, “es adorarlo sólo por el amor a Él, y no para obtener ningún provecho o recompensa”.

____RABIA

Conocer el Amor

¿Qué significa conocer el Amor? 

Convertirse en sangre, beber tu propia sangre,

esperar en la puerta de la fidelidad con los perros….

En el llanto, el que ama es como las nubes;

en la perseverancia, como las montañas;

en la postración, como el agua;

en la humildad, como polvo en el camino.

____RUMI

 

 

[ANDREW HARVEY. “Perfume del desierto. Tesoros de la sabiduría sufí”.

ALAMAH, México, 2000. págs.. 90.92.93]

 

 

 

 

 

 

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Dios cuida de todo

Homilía del Padre José – 16° Domingo del Tiempo ordinario

Dios cuida de todo y es indulgente, justo y compasivo con todos.

La primera lectura de este domingo, es del libro de la Sabiduría 12, 13.16-19;  nos muestra como la sabiduría  de Dios no tiene medida, de ahí, que su gobierno sobre el mundo no se ajuste a nuestros parámetros. Dios es mostrado como el bienhechor por excelencia, e Israel es llamado a presentar ante el mundo a este Dios que es justo y salvador. De ahí que todos los que le acogen sean invitados a adoptar una actitud humanitaria, pues este obrar del hombre de fe tiene su fundamento en Dios mismo, que ama a todos, sabe esperar nuestro arrepentimiento y nos enseña a amar con su mismo amor, paciente y misericordioso.

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Soplo de la vida

Solitarios en silencio

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Los dones del monacato

“San Benito escribió en su regla que «toda la vida del monje debe tener el carácter de una continua cuaresma», aunque, en realidad, se trataba de un modo de vida llevado en todo momento con la esperanza gozosa de la pascua. Los monjes son por definición
contemplativos, buscan al Dios vivo tanto en la historia, atravesada por Jesucristo, como en la naturaleza, esplendorosa expresión de la belleza divina, y en la profundidad de uno mismo, y aspiran permanentemente al cielo: «Déjame, por favor, ver tu gloria» (Éx 33,18) sería la expresión adecuada de la espiritualidad monástica…”

“El monacato ofrece salud mental y esperanza. Quien vive en serenidad, sin alterarse, sin murmurar ni replicar, sin lentitud ni desgana, no atado ni preocupado por los bienes terrenos, sin estar dominado por las pasiones del cuerpo o espíritu, conservando en cada instante el control de sus propios actos, de sus gestos y de su pensamiento, amando a Dios en quien confía y a quien sirve, consciente de ser hijo de el Padre, hermano de Cristo, quien se encarnó para ser nuestro hermano y salvarnos, bajo la acción benéfica del Espíritu goza de paz de espíritu y vive de esperanza…”Aquí la introducción al texto

Biblioteca Cisterciense

Hoy Festividad de Nuestra Señora del Monte Carmelo

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Homilía de hoy del Padre José

Domingo 15 del Tiempo ordinario

Si, como sugieren los Padres del desierto, antes de hablar nos preguntásemos con qué intención lo hacemos, enseguida enmudeceríamos pues a menudo, nuestras palabras son charlatanería o aún peor, maledicencia. La Palabra de Dios es diferente: está en todo y siempre; es comunicación de su proyecto, de sus deseos. De hecho, comunicar, significa poner en común. Dios pone en común su grandeza por medio de su Palabra.  

La Primera lectura está tomada de Is. 55, 10-11,y  nos muestra la eficacia de la Palabra de Dios. En la comprensión hebrea de la Palabra, ésta es una posibilidad creadora de vida y no solo un vehículo de conocimiento. Esta Palabra es eficaz por sí misma y transmite toda la fuerza creadora y regeneradora de Dios, de quien procede. Esto mismo lo vemos en la parábola del sembrador. Si al principio dijo Dios: «Haya…» y así fue»; ahora en el tiempo marcado por el pecado, la Palabra creadora se hace redentora, suscitando la conversión y sustentado al espíritu, pero, para ello ha de ser acogida, de forma que se haga vida en nosotros como lo hizo en María, para lo que es necesario nuestro consentimiento. Si gracias a María el Verbo se hace carne, gracias a cada uno de nosotros, el Señor seguirá vivo y presente en el mundo.

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Monasterio de Oseira

Desde los primeros años del cristianismo siempre hubo discípulos de Jesucristo que, apartados de pueblos y ciudades, se reunían en grupos para escuchar mejor la Palabra de Dios y vivirla más plenamente. En el siglo VI San Benito redactó una norma de vida para tales comunidades, su famosa Regla, que, debido a su mesura y discreción, con el tiempo llegó a aglutinar en el Occidente cristiano a todas las demás reglas monásticas existentes.

Su actualidad tras sus largos XV siglos de existencia se debe no tanto a lo que ella aporta en sentido de originalidad, cosa que no pretende, sino por el contrario a ser un texto portador del Evangelio, una interpretación sabia y práctica, para un grupo específico de cristianos que son lo monjes. Ella continúa siendo hoy la base del monacato cristiano occidental y el pilar fundamental del monacato benedictino. 

Por su parte, la vida cisterciense de nuestros tiempos es fruto, a su vez, del movimiento reformador del monacato benedictino que tuvo su apogeo en el siglo XII y cuyo fruto más cumplido fué la fundación de la Abadía de Císter, en la Borgoña francesa, el 21 de Marzo de 1098.

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Avisos para la oración y la devoción

VIII

El último y más principal aviso sea que procuremos en este santo ejercicio de juntar en uno la meditación con la contemplación, haciendo de la una escalón para subir a la otra. Para lo cual es de saber que el oficio de la meditación es considerar con estudio y atención las cosas divinas, discurriendo de unas en otras para mover nuestro corazón a algún afecto y sentimiento de ellas, que es como quien hiere un pedernal para sacar alguna centella dél.

Mas la contemplación es haber ya sacado esta centella, quiero decir, haber ya hallado ese afecto y sentimiento que se buscaba, y estar con reposo y silencio gozando dél, no con muchos discursos y especulaciones del entendimiento, sino con una simple vista de la verdad. Por lo cual dice un santo doctor que la meditación discurre con trabajo y con fruto, mas la contemplación sin trabajo y con fruto: la una busca, la otra halla; la una rumia el manjar, la otra lo gusta; la una discurre y hace consideraciones, la otra se contenta con una simple vista de las cosas, porque tiene ya el amor y gusto de ellas; finalmente, la una es como medio, la otra como fin; la una como camino y movimiento, y la otra como término de este camino y movimiento.

De aquí se infiere una cosa muy común que enseñan todos los maestros de la vida espiritual, aunque poco entendida de los que la leen, conviene saber, que así como alcanzado el fin cesan los medios, como tomado el puerto cesa la navegación, así cuando el hombre, mediante el trabajo de la meditación, llegare al reposo y gusto de la contemplación, debe por entonces cesar de aquella piadosa y trabajosa inquisición, y contento con una simple vista y memoria de Dios, como si lo tuviese presente, gozar de aquel afecto que se le da, ora sea de amor, ora de admiración, o de alegría, o cosa semejante.

De Fray Luis de Granada

Lee el texto completo en Cristianismo Espiritual

Homilía del Domingo del Padre José

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Si has perdido…

Si has perdido tu nombre,
recobraremos la puntada de las calles
más solas
para llamarte sin nombrarte.


Si has perdido tu casa,
despistaremos a los guardianes de la
cárcel
hasta dejarlos con su sombra y sin sus
muros.


Si has perdido el amor,
publicaremos un gran bando de palomas
desnudas
para atrasar la vida y darte tiempo.


Si has perdido tus límites,
recorreremos el cruento laberinto
hasta alzar otra forma desde el fondo.


Si has perdido tus ecos o tu origen,
los buscaremos, pero hacia adelante,
en el templo final de los orígenes.


Solamente si has perdido tu pérdida,
cortaremos el hilo
para empezar de nuevo.

Roberto Juarroz

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Homilía del 13° Domingo T.O. Ciclo A

Tiempo Ordinario Ciclo A

La primera lectura de 2 Re 4,8-11.14-16, nos muestra el alto valor de la hospitalidad entre los pueblos orientales, mostrando así que la acogida que damos a otro nos acerca a Dios y Dios como se nos dice, premia ese gesto con algo también muy muy apreciado para ellos, sobre todo entre los hebreos, como es la fecundidad.

Eliseo, pide a Dios esa anhelada descendencia para los que le acogen, pues para Dios no hay nada imposible. Se pone de manifiesto así, la solicitud de Dios hacia todos y cómo él sabe realmente lo que necesitamos y lo que nos hace falta. Estamos pues en buenas manos.

La segunda lectura de Rm 6, 3-4.8-11 nos muestra, el significado de la nueva vida en Cristo que hemos adquirido por el bautismo. En él se nos da la verdadera vida, llegando así al núcleo más profundo del hombre que es su anhelo de vivir y su rechazo a la muerte. Vemos que, si bien por Adán reinó la muerte, por medio de Jesucristo muerto y resucitado hemos pasado al reino de Dios que es reino de vida y de amor.

El Bautismo, en el cristianismo primitivo entrañaba la inmersión en la fuente bautismal de manera que sumergido en el agua participa de la muerte y sepultura de Jesús y al salir del agua, participa de la resurrección. Así pues, Jesús ha compartido la naturaleza humana. Ha padecido la muerte y resucitando ha derrotado la muerte y al pecado. Por la resurrección, también la naturaleza humana de Cristo vive en plena comunión con Dios. Consecuentemente, los cristianos unidos a Cristo debemos abandonar todo comportamiento pecaminoso y vivir para Dios.

El Evangelio de Mt 10,37-42, nos presenta a Jesús, el hombre libre que hace libres a los que le siguen, de manera que Cristo es para el cristiano el valor absoluto que nos abre a los demás valores incluido el de la acogida, de hecho, Jesus nos dice que: «el que os recibe a vosotros me recibe a mí».

Cuando ponemos a Jesús en el centro, todo tiene su verdadero sentido y su significado y todo se resitúa, incluida la relación paterno filial. Jesús no deja en desamparo a los que le siguen en la misión, sino que les garantiza una nueva familia que se cuidará de ellos y en la que se encontrarán plenamente integrados. El centro visible de esta nueva familia y de toda familia, es Jesús. Así pues, el Evangelio puede llegar a crear otros lazos, más profundos si cabe, que los que proceden de la propia sangre, de modo que la nueva familia nacida alrededor de Jesús, no es una imagen o un recurso romántico, sino que se trata de una realidad profunda, gozosa y comprometedora.

En ella, todos trabajan por la misma causa que es la de Jesús y todos reciben el mismo premio que es él mismo.   

Homilía del Padre José, extraída de “Contemplar y proclamar

Aquí la continuidad de las charlas sobre “El Kerigma y la vida consagrada

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5° Charla sobre el Kerigma y la vida consagrada

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4° Charla sobre el Kerigma y la vida consagrada

Aquí el blog del Padre José con todas las charlas

Link recomendado:

Noche oscura, crisis existencial o depresión

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3° Charla sobre el Kerigma y la vida consagrada

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2° charla sobre el Kerigma y la vida consagrada

Charla del Padre José Antonio a Las Siervas de Jesús en Valencia, durante unos ejercicios espirituales en este mes de Junio.

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«La Vida Consagrada a la luz del Kerigma»

Estimadas/os hermanas y hermanos en el amor a Cristo y la vida monástica. Compartiremos desde hoy, una serie de charlas del Padre José A. Heredia OP en oportunidad de los ejercicios espirituales que ofreciera a Las Siervas de Jesús en Valencia, España, hace pocos días. Son 12 charlas en total. Un saludo para todos invocando El Santo Nombre de Jesús.

Para acceder a todas las charlas ya mismo puedes ir al blog del Padre José

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Homilía del domingo del Padre José

El Profeta Jeremías en la primera lectura nos muestra su estado interior. A él le hubiera gustado centrarse más bien, en asuntos referentes a la paz, el bienestar, las relaciones sanas propias de la Alianza de Dios con su pueblo, pero esta alianza se ha roto y el corazón del profeta también.

En esta situación, no deja de tener la seguridad de que Dios no le abandona. Su petición de venganza, es propia de la antigua Alianza, hemos de esperar a la llegada de Jesucristo para que la cosa cambie y nos adentremos por el camino del perdón y de la misericordia que tanto hubiera deseado el profeta…

Haz click aquí para ir al texto completo

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Algún texto sobre la vía apofática

Estimadas hermanas/os en el amor a Jesucristo y la vida monástica: Os dejamos aquí dos textos en torno a la “Vía apofática” o “Teología negativa” que consideramos muy útiles para profundizar en nuestras formas de oración. Un saludo fraterno para todos.

Obras completas de Pseudo Dionisio Areopagita

Textos místicos renanos

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Corpus Christi

Homilía del Padre José – Ciclo A –

La Fiesta del Corpus nos sitúa ante la Eucaristía, que como nos recuerda el Concilio, es la fuente y la cumbre de los sacramentos, esto es, de nuestra Vida Cristiana.

La liturgia de este día nos presenta en primer lugar una lectura tomada del libro del Deuteronomio: 8,2-3.14-16. En ella, se invita al Pueblo a hacer memoria: «acuérdate del camino que el Señor tu Dios, te ha hecho recorrer durante estos cuarenta años a través del desierto». Y también: «no te olvides del Señor tu Dios. Fue él quien te sacó de Egipto, de aquel lugar de esclavitud». La memoria, el recuerdo de las obras de Dios, es algo muy importante para el Pueblo de Israel y para nosotros, que en la Eucaristía no solo hacemos memoria, sino que la actualizamos, aquí y ahora.

Haz click aquí para leer la homilía completa

Enlaces:

Agua tranquila

Fenomenología del Psiquismo

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Ordenarse en el silencio. (*)

En medio de una cultura ruidosa y de ritmo trepidante, el silencio se va imponiendo como un bien del que es peligroso prescindir y que urge volver a encontrar. son muchos quienes hoy lo buscan y desean incorporarlo a sus vidas, pero es necesario el discernimiento para acertar con esa búsqueda. La propuesta de este artículo es explorar por qué diferentes caminos se puede llegar al silencio y qué experiencia vitales lo favorecen. Algunas son legativas (la intoxicacion, el desencanto o la vergüenza) y otras positivas ( el convencimiento, la alteridad, la atracción, la rendición). Cada una de ellas está abierta a la reflexión y al diálogo para tomar parte en esta conversación de personas que “se han convertido” al silencio.

[…]

¿Necesita el silencio ser ordenado? Si “nos hemos hecho” con él después de tanta búsqueda, esfuerzo y estrategias para aposentarlo en nuestras vidas; si hemos tardado tanto en darnos cuenta de cuánto lo necesitábamos y hemos recorrido un largo camino para acompasarnos con él ¿hay que sospechar ahora que viene desordenado y necesitado de armonización?

Podemos mirar hacia atrás (o hacia delante, según la mirada bíblica sobre el tiempo, que ve el pasado ya vivido y conocido por delante y el futuro, aún desconocido, detrás) y poner nombre a las etapas recorridas hasta acogerle en nuestra vida como un huésped deseado.

Ciudadanos de una cultura ruidosa, nos habíamos acostumbrado a vivir zambullidos y aturdidos a partes iguales por ella, canturreando por lo bajo con Atahualpa Yupanqui: “No necesito silencio, ya no tengo en qué pensar…”. Quizá durante demasiado tiempo hemos dejado que chirriaran los ejes de la carreta y nos  hemos amigado con sus chirridos y sus sucedáneos urbanos: el móvil y sus reclamos han tomado el mando y nos han sometido a la tiranía de sus interrupciones; tertulianos y comentaristas se han apoltronado en los sillones de nuestro laberinto auditivo y nos han impuesto sus visiones del pensamiento dominante en política, deporte, cultura o sucesos; torbellinos de imágenes han  colonizado nuestro imaginario a una velocidad parecida ala de la luz. Y ya en la cumbre de esa escalada sonora, nos hemos comprado un asistente virtual al que dar órdenes ya desde la puerta: “Alexa ¡conecta el hilo musical!”, asegurando así la expulsión de ese okupa aburrido e insípido que nos resulta el silencio.

Pero posiblemente nos consideremos ya entre los desencantados de la cultura del estrépito, y el silencio haya empezado a asomarse con timidez en nuestro horizonte vital: se le nota con gana de quedarse y empezamos a encariñarnos con él. Imaginemos una terturlia en la que un grupo de “conversos al silencio” comparten sus itinerarios, experiencias y preguntas. Y ofrecen, desde su proceso de “ordenamiento” pistas para ayudarnos a encarrilar el nuestro.

[…]

Conversos por rendición

(…)En ocasiones es la experiencia de ser perdonado la que puede sumergir  a alguien en un silencio de rendición: cuando el hijo menor volvió a casa, llevaba preparado su discurso: “…le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco llamarme hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros”. (vv. 19-20), pero sólo llega a pronunciar la primera parte “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. (21). ¿Dónde fue a parar la segunda? El abrazo de su padre borraba para siempre su nombre de pródigo y lo cambiaba por el de “cubierto de besos” y a ese nombre nuevo sólo podía responder con un silencio desbordado.

Se diría que estaba siguiendo el consejo del autor de La nube del no saber. “Aquello que sientas te dirá cuando has de hablar y cuándo has de estar en silencio”. Quizá era este el origen del de Tomás de Aquino al final de su vida, después de una intensa experiencia de Dios. Cuando le preguntaban por qué y no enseñaba ni escribía contestaba: “Ya no puedo, todo lo que he escrito ahora me parece paja”. Lo mismo que el hijo de la parábola había ido silenciado por un abrazo del Padre.

Quizá es a esa clase de silencio a la que aludía Francisco de Osuna en su Tercer Abecedario Espiritual que tanto influyó en Teresa de Jesús: “La reina de Saba y el rey Salomón se correspondían  con dones admirables, tornando a reciprocar el amor en la soledumbre del silencio; habla Dios no con palabra al corazón, sino con seráficas comunicaciones; hablan por señas más esclarecedoras que jamás fueron palabras; y finalmente, callan Dios y el ánima como amigos que duermen muy seguros en un estrado, a los cuales el amor ha hechos tan conformes, que no salgan de una parecer, en tal manera que lo que hace uno se diga hacer al otro”.**

¿Que en qué consisten ese soledumbre del silencio y esas señas esclarecedoras? Quién pueda entender que entienda, habría dicho Jesús.

DOLORES ALEIXANDRE PARRA

Religiosa del Sagrado Corazón .

*“Ordenarse en el silencio. Tertulia de  Conversos

**Místicos franciscanos españoles, Madrid 1998, 553

“Extracto Artículo Revista de Teología SAL TERRAE. Junio 2019. T 107/ 6 nº1.245 (pp.517-529)

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¡Qué bello es Tu Nombre!

Agradecemos al Hermano José Miguel por enviarnos el enlace a este vídeo, que nos permte conocer una hermosa canción dedicada al Nombre de Jesús. Recuerden hermanos que el blog está abierto a todos para publicar reflexiones, aportes, artículos y cualquier contenido que veais contribuye a elevar nuestro deseo hacia Dios.

Como se ha de hacer la contemplación

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La Santísima Trinidad

Homilía del Padre José

La primera lectura de este Domingo de la Trinidad, tomada de Ex. 34,4b-6.8-9, nos muestra como Dios, después del episodio del becerro de oro se manifiesta como el Dios amor que corrige la infidelidad: «Dios compasivo y misericordioso lento a la ira y rico en clemencia y lealtad». La actitud adecuada frente a Dios es pues la adoración y la invocación o alabanza. Es esta la actitud que queremos también tener en esta fiesta de la Santísima Trinidad, ya que la manifestación de Dios como amor, quiere recordarnos insistentemente que él se dirige a nosotros con la dedicación y el cariño de quien está en el corazón de nuestra vida.

Sigue leyendo la homilía en el blog original:

Contemplar y proclamar

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El monte de las bienaventuranzas, la alegría espiritual

Hermanas y hermanos, aquí les dejamos este fragmento del libro “El eremitorio” que posteamos el otro día, para destacar este capítulo, que un hermano nos refirió como muy adecuado y quizá no lo hayáis leído. Un abrazo fraterno en Cristo Jesús.

Óyelo de una vez: no se puede morir a fuego lento sin notarlo…


La POBREZA es la soledad, el silencio, el abandono. Es la virginidad del corazón, el expolio de toda posesión aun de los favores de Dios en lo que tienen de sabroso. Es la acogida cordial dispensada a la aridez, a la noche, a la desolación. Es sufrir todo eso, sin saberlo los hombres, por el Amado, con una generosidad gratuita que sólo aspira a darle gusto.


La MANSEDUMBRE es la inalterable paciencia dentro y fuera, el amor apacible de los quereres que contrarían de Dios y de sus instrumentos: hombres y cosas. Es la sonrisa sincera que brota de un corazón roto pero sumiso.


El LLANTO es el gemido amoroso y benévolo a toda prueba del alma estrujada por la animadversión de los, hombres, las magulladuras de la existencia, la acción purificadora de Dios, esa que nadie adivina, ni comprende, ni compadece.


La JUSTICIA es el deseo lacerante de Dios, que El mismo atiza y que obra frutosadmirables de santidad. Es la “herida de amor” que no deja descansar, el tormento atroz del alma desterrada que muere de impaciencia por que se rasgue el velo que le oculta el rostro de su Dios.


La MISERICORDIA es la intuición perspicaz y entrañable de la indigencia humana, hecha necesidad de remediarla; la tierna compasión por la debilidad ajena, nacida del sentimiento agudo de la propia y de la actitud del Dios-Hombre para con los pecadores. Es la indulgencia que comprende, perdona todo y rehabilita con palabras y gestos de bondad…

La PUREZA es la aversión por el mal y la fealdad; el temor filial de ofender a Dios,el valeroso esfuerzo por expiar las propias faltas, la vigilancia heroica por evitar nuevas, la pasión de la gloria de Dios superior a toda otra intención, la oración instante por que sea lavada nuestra alma del polvo del camino.


La PAZ es, dentro de sí y fuera, la tranquilidad del orden en el respeto de la jerarquía de los valores, el cumplimiento, en la propia vida, de las tres primeras peticiones del Padre nuestro: que el Nombre de Dios sea santificado, que su reino venga, que su voluntad se haga. Es el advenimiento en nuestra alma del Reino de Dios.


La PERSECUCIÓN santificada es el dolor por la incomprensión de los hombres, la más penosa de todas, la de los buenos, de los que más amamos, aceptada con un corazón generoso, con agradecimiento no fingido para con los que así nos ayudan a despegarnos de nosotros mismos.


Bien mirado es el programa de la santidad auténtica, del que las Bienaventuranzas emergen a manera de cumbres, no muchas veces alcanzadas, pero a las que es preciso aspirar.

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El inicio y el fin del camino

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Pentecostés

Homilía del Padre José

Con la fiesta de Pentecostés finalizamos el tiempo Pascual. Han sido cincuenta días de celebración de la resurrección del Señor y de preparación para acoger su fruto: el don del Espíritu Santo.

La liturgia nos muestra en la primera lectura de los hechos de los apóstoles, 2,1-11, a San Lucas recordándonos que la venida del Espíritu Santo acontece cuando los discípulos están juntos y en oración. En oración es como se recibe el Espíritu Santo y por medio de la oración se renueva constantemente su presencia. Necesitamos espacios y tiempos de silencio y escucha para recibir y percibir la presencia del Espíritu…

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Esa silenciosa Presencia

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El Eremitorio

Espiritualidad del desierto – Dom Esteben Chevevière

Hermanas/os en el amor a Cristo y la vida monástica, aquí les dejamos un libro en PDF que puede ser útil para quienes nos sentimos llamados a una vida de contemplación. Les recomiendo su lectura atenta y cualquier intercambio será bienvenido. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

Aquí un fragmento:

Si sigues a Cristo de cerca, bien pronto te llevará al monte de las Bienaventuranzas. Como discípulos suyos sólo quiere corazones dilatados y rostros sonrientes: “El reino de Dios es… gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14,17). Dejó el desierto y, al poco tiempo, dice San Mateo, “subió al monte, se sentó y sus discípulos se le acercaron” (3,1).

El Ermitaño ha de ponerse en primera fila para recoger la Ley de la Alegría que Jesús promulga aquí y que es la médula de su Evangelio. A todos embelesa, muy pocos la viven. El Eremitorio te revelará su sentido oculto y te descubrirá que tampoco tú, para tu confusión, habías captado su misterio. Aquí no hay equívoco posible, ni compromiso, ni retroceso. La palabra de Cristo es simple, directa, tajante, y te pone entre la espada y la pared.

Haz click aquí para ir al PDF

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La Fiesta de la Ascensión

Homilía del Padre José

La fiesta de la Ascensión nos pone en una fuerte tensión hacia el cielo, nuestra verdadera patria, y nos hace experimentar con mayor intensidad el deseo de la eternidad.

En la primera lectura tomada de los hechos de los Apóstoles 1,1-11, veíamos como Jesús que ha salido del Padre para venir a nosotros, regresa al Padre. Esto nos recuerda un poco la parábola del Hijo pródigo, con matices, claro está. Aquel que se fue y luego regresó. Y Jesus cuando regresa al Padre nos lleva a todos con él ¿Cómo? Dándonos el Espíritu Santo. «vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo». Este Espíritu que es Señor y dador de vida, es el que nos introduce en la vida nueva junto al Padre y el Hijo, nos hace partícipes de la divinidad y nos convierte en hijos.

Veíamos también, que el que ahora asciende es el que volverá de nuevo para cerrar la historia y manifestarse plenamente. En la Ascensión, hemos contemplado su gloria. La segunda lectura de Efesios 1,17-23, nos muestra que la Ascensión es como la rúbrica final del cumplimiento del plan de Dios en favor de los hombres. A partir de aquí,se pone en marcha la gran tarea de la evangelización, anunciando la extraordinaria grandeza del poder de Dios para nosotros los que creemos, según la fuerza poderosa que desplegó en Cristo. De este modo también la Iglesia que vive según los pasos del Señor, será también glorificada. Si bien experimenta la cruz, sabe que ésta no es su destino final.

El Evangelio de Mat 28, 16-20, nos muestra eso, que tras la Ascensión comienza la misión apostólica: el anuncio de Jesús como el único Señor. La Ascensión es la fiesta de la evangelización por todo el mundo y a todos los hombres, de todas las razas culturas y lenguas. Es también, el inicio de la perpetua presencia de Jesús que junto con la presencia del Espíritu hace posible y fecunda la tarea evangelizadora de la Iglesia Si nos fijamos bien, el Evangelista utiliza el verbo «estar» en presente (estoy) y no el futuro (estaré).

Es un presente de prolongación permanente, de continuidad. Jesús se va, pero no se desentiende de este mundo, sino que seguirá siendo siempre el compañero de camino de la humanidad hasta que lleguemos a esa su meta gloriosa. Mientras tanto le encontramos sobre todo en el pobre y en el que sufre. Ahora no le vemos glorioso, lo vemos en la humildad de las mediaciones humanas: cuando nos amamos, nos acogemos y cuando oramos unos por otros. Del mismo modo que cuando viene a nosotros no deja al Padre, cuando va al Padre no nos deja a nosotros.

Hermanas/os os pedimos oración por el eterno descanso de Esteban y de Juan, por la salud de Fabiola y por la fortaleza espiritual de Fernando, Raquel, Mario y Sonsoles.

Cada semana podéis poner vuestras intenciones en los comentarios para que podamos agregarlos aquí.

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LA RATONERA

¿Quién nos tendió la trampa? ¿Qué invisible mano nos cerró la puerta? Una amenaza silenciosa inundó la ciudad con una sombra de muerte pegada a la espalda, como un monigote macabro. El espacio, hasta ahora íntimo, pasó a ser una cárcel. Por primera vez la muerte no era algo aleatorio y ocasional que siempre sucedía a otros, sino una presencia cierta que pringaba las paredes de aprensión. Me podía tocar a mí o  a los míos. Y. ¿qué podríamos hacer, sino encerrarnos en esta ratonera?

La normalidad se trocó en un sueño distorsionado. Empecé a recorrer  mi ratonera buscando algo, pero sólo encontraba justo aquello de lo que trataba de huir: a mí mismo. Poco a poco se sentían las presencias de otros vagabundos que buscaban (o huían) igual que yo.  Todos callándose el espanto bien para no asustar a los demás, bien para no reconocer su propio miedo. Empezamos a oír noticias de héroes y aplausos. De repente, alguien dijo: “Todo va a ir bien”. Algo en mi interior despotricó: “¿Y cómo lo sabes?” Otro dijo: “De esta saldremos mejores”. Otro contestó: “No, todos no”. Y entonces me pregunté: ¿y yo?, ¿cómo quiero salir yo de esta ratonera?

Los días pasaban en una monotonía extraña. Una mano invisible nos arrojó encima todo el tiempo que anhelábamos, ahora como una condena. Empapados de tiempo, en puro hartazgo, nos ahogábamos en el aburrimiento. Para sobrevivir empecé a llenar el día de distracciones, cualquier video, cualquier cuento, cualquier mensaje parecí espantar el mal presagio. Sin embargo, el entretenimiento ¡cuánto harta!

Volvió a mi mente la idea de transformación. En esto llegó la cuaresma y su provocadora propuesta. Me atendí un poco, no demasiado. Me puse a la escucha no de muy buena gana. ¡Total, por ocupar el rato! Empecé a dejar de entretener el tiempo para habitarlo. Y así descubrí que el tiempo ya estaba habitado, habitado por Ti Comprendí que la ratonera existía ya antes de entrar en ella, la había construido yo con mis pretensiones, manías e intenciones. De la ratonera debía salir yo por el camino de la renuncia. Mirar desde dentro sin proyectar futuros egoístas, ampliar la mirada, percibir el dolor que inundaba las calles, humildemente hacerlo mío. De repente te encontré, allí, no donde te buscaba, entre mis seguridades y cer4tezas, sino en medio del dolor  de mis semejantes. Te anhelaba inmutable, inofensivo, y te encontré crucificado en medio del clamor de las UCIS y las morgues sin derecho a duelo.

Es allí donde te me apareciste, como a las buenas mujeres en el vacio del sepulcro.  ¡Cómo resonaron esas palabras en mí! “Buscáis al crucificado (hacéis bien), pero no está aquí”. NO ESTÁ AQUÍ. No en la ratonera. “Ha resucitado”. Y entonces, algo dentro de mí se despertó (despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos), se encendió tu llama en medio de mi herida, pasaste por mi llanto como solo el Viviente puede pasar: dando vida- “Me saciarás de gozo en tu presencia”, escuché ¡Tu presencia!, ¡tan patente, tan incuestionable ahora! Como el gozo sereno que deja: “¿No ardían nuestros corazones…?

Ahuyentada la sombra, comprendí que abandonar la ratonera dependía de mí pero transformarme, no. Llevado de tu mano resonaba tu voz: “Deja que sea yo quien te salve”. “La trasformación será transfiguración, cuando el sol de mi justicia brille sobre ti”. Se me había olvidado que eras del dios que salva. Pero ahora Tu me pedías permiso. ¿A mí? ¿Para salvarme? Pero entonces Tú dijiste: “Mira que hago nueva todas las cosas”. De repente sentí que mi oscuridad empezó, tímidamente, a billa como el mediodía.

La ratonera no era tal, sino crisálida. Y tu salvación se hizo cierta. Me desperté con un hormigueo en mi espalda, como i quisieran nacerme unas alas.

FRANCISCO JAVIER LUENGO, SCJ.

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El valor de la lentitud

Nunca olvidaré la conmoción que me produjo mi profesor de piano al decirme que cuando quisiera descubrir si alguien era buen músico le pidiera que tocara un adagio de Mozart. Para un adolescente obsesionado con el virtuosismo, eso representaba un ángulo completamente contrario a mi creencia central entonces: que rápido significa bueno.

A pesar de lo que pueda pensar, es mucho más difícil tocar una pieza lenta que una rápida en el piano. Con un studio presto de Chopin, después de las horas requeridas de práctica, los dedos básicamente ejecutan el trabajo por sí mismos en forma de piloto automático. Suena impresionante en la sala de conciertos, pero es bastante unidimensional. Un problema matemático resuelto con física y una inteligente elección en cuanto a la digitación.

Sin embargo, una pieza lenta, tierna y hermosa es un mundo completamente diferente. Importan la claridad y el peso de la melodía. La sutileza de la mano izquierda que lo acompaña, el equilibrio de los acordes donde cada pulsación marca una diferencia de peso minúscula e independiente: tan frágil que dos gramos adicionales de presión con un dedo pueden destruir todo.

Enviado por “Fernando del Santo Nombre” miembro de la Fraternidad Monástica Virtual

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¿Qué es la muerte?

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Eucaristía del 6° Domingo de Pascua

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Reconocer desde ahora la puerta abierta

Ves, oh Cristo, mi angustia, ves mi falta de valentía, ves mi falta de fuerza, ves mi pobreza, ves mi debilidad, y de mi, ¡oh Verbo, ten piedad!

Brilla ahora sobre mí como antiguamente, alumbra mi alma, ilumina mis ojos para verte, luz del mundo (Jn 8,12), tú, el gozo, la felicidad, la vida eterna, delicia de los ángeles tú, el Reino de los cielos y del Paraíso, corona de los justos, su Juez y su Rey.

¿Por qué escondes tu rostro? ¿Por qué te alejas de mí, tú, mi Dios
tú, que no quieres jamás alejarte
de los que te aman?

¿Por qué me huyes, por qué me quemas por qué me hieres y me aplastas?

Tú sabes que te amo y que te busco con toda mi alma..

Revélate, según tu palabra…  ¡Ábreme los dos batientes la sala de bodas, Dios mío; sí, no me cierres la puerta de tu luz, oh Cristo mío!

“- ¿Piensas tú, hijo de los hombres,
forzarme con tus palabras?

¿Qué es lo que estás diciendo, insensato: que escondo mi rostro?¿Sospechas tú, aunque sea solo un poco que cierro puertas y batientes?

¿Te imaginas tú que me alejo jamás de ti? ¿Qué es lo que has dicho: yo, verdaderamente, te enciendo, te quemo, te aplasto?

Tus palabras, es verdad, no son justas, y esta idea tampoco es justa.

Mejor que escuches las palabras
que te voy a decir: yo era luz, incluso antes de haber creado todas las cosas que ves.

Por todas partes, yo soy, por todas partes, yo era, y, habiendo creado toda la creación, estoy por todas partes y en todo…

¡Considera mis beneficios,
mira mis designios,
aprende cuales son mis dones!

Me manifesté al mundo
y he dado a conocer a mi Padre,
he derramado abundantemente
mi Espíritu santísimo,
realmente, sobre toda carne.

He revelado mi nombre
a todos los hombres,
y a través de mis obras, porque soy creador, porque soy el autor del mundo.

He dado a conocer y ahora muestro
Todo lo que es preciso hacer.”

Simeón el Nuevo Teólogo
Himno 53

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Colaciones de Casiano

Estimadas hermanas y hermanos, aquí os dejamos el pdf con las Colaciones de Casiano, tomo I y II, pueden ser de provecho para quienes gustamos de la vida monástica. La difusión es permitida temporalmente por Editorial Rialp

Tomo I

Tomo II

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La sociedad estaba enferma desde antes

Esta sociedad en la que vivimos ya estaba enferma antes de la pandemia, y yo creo que eso nadie lo puede dudar, aunque tal vez sí se trate de olvidar y de ocultar. Y esta sociedad con esta enfermedad profunda, que afecta a los valores más importantes del ser humano y a su madurez, nos quiere hacer creer que cuando salgamos de esta crisis seremos más fuertes. Es un eslogan que me canso ya de oír. 
No se trata de ser más fuertes con una fortaleza falsa basada en la prepotencia y en creer que el hombre puede superarlo todo. Una fortaleza que no pone su fundamento en la trascendencia no es fortaleza

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Contemplación y misericordia

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La contemplación está lejos de ser un estado amortiguado e insensible al hombre que vive al mismo tiempo que quien tiene una dimensión más radical de buscar en todo a Dios y trascender todas las cosas. Pero, sobre todo, hay  algo que sobresale en los que se adentran en la intimidad de Dios y que es para nosotros siempre una llamada y un atractivo.

Los que realmente se encuentran con Dios no se apartan nunca de la caridad; todo lo contrario. Dice el monje anónimo de la Iglesia de Oriente: la contemplación no es estado de perfección si no llega a ser estado de amor. Y el culmen de la contemplación es el culmen de la caridad. Por tanto, el culmen de la contemplación será el culmen de la caridad, el culmen de la perfección. (…) ¿Cómo entender entonces el ejercicio de la caridad por parte de las personas que tienen el don de la contemplación, y el don de la intimidad con Dios? (…) En el misterio de Dios intuyo que lo que yo más puedo hacer por los demás, en este sentido, es ser yo cada vez más lo que Dios quiere de mí, ser más El.

¿Sin embargo, cómo saber que mi camino es un sendero recto y progresivo hacia esa meta profunda e íntima? Nunca se puede saber si no por el grado de caridad, cuando no nos consolamos con pensar que el mero recuerdo material ante Dios, en la oración, es todo, y tampoco es vocación de todos ir a curar o a resolver materialmente los problemas humanos.

(…) ¿Entonces?

Si no me satisface totalmente el cumplir mi relación que debo a la humanidad en la oración. Si no soy yo quien puede realizar la solución a todos los problemas materiales. Si ahora tampoco quedo conforme con la dimensión de la hospitalidad como única expresión.

Empiezo a introducirme en la urgencia de la misericordia, en la carencia de juicio, en el sentirme pequeño e incapaz de juzgar a nadie e intuir que cada hombre en sus comportamientos, que, a veces, son tan opuestos a mi modo de pensar, tendrá sus razones, o en todo caso, que el acercamiento a Dios me da la experiencia de su perdón y de su misericordia para conmigo y, cómo si esto hace conmigo, puedo yo volverme de otra manera para con los demás.

Recuerdo el ejemplo de los Padres del desierto:

__”Un hermano que había pecado fue expulsado de la Iglesia por el sacerdote. Pero abba Besarión se levantó y salió con él, diciendo: “También yo soy pecador”.

__”Un hermano preguntó a abba Hiéraco: “Dime: ¿cómo puedo salvarme?”. El anciano contestó: “Siéntate en tu celda; si tienes hambre, como; si tienes sed, bebe; pero no hables mal de nadie; entonces te salvarás”.

__”Una vez cierto hermano cometió una pecado en Escete y los ancianos se reunieron en asamblea, pidiendo que el abba Moisés acudiera a ella. El, sin embargo, no quería ir. Entonces el sacerdote le envió un mensaje, diciéndole: “Ven, todos te están esperando”; al fin se levantó y se fue y cogió un cesto lleno de agujeros, lo llenó con  arena y lo fue arrastrando. La gente que salía a su encuentro le decía: “¿Qué significa esto, Padre? El anciano contestó entonces: “Mis pecados corren detrás de mí y yo no los veo. Y, sin embargo, hoy he venido a juzgar los pecados de otro.” Al oír esto, no dijeron nada al hermano y le perdonaron.

La misericordia, el no juicio, pero no como dádiva o como gesto de piedad, sino como pura necesidad personal de misericordia y de perdón es la reacción de estos hombres de Dios. (…) En todos los hombres de Dios será esta sensibilidad una huella del amor que contemplan. Un amor que no se rompe, ni reacciona como los humanos a infidelidad – infidelidad. El es fiel, y fiel a su misma esencia que es AMOR. (…) Cuando uno se queda solo, replegado sobre sí mismo, no se soporta, huye, o se desprecia y le acontecerá la depresión y la irreflexión, o podrá constatar si no se deja abatir, la fuerza en la debilidad, el perdón en el pecado, el amor que se le ofrece aun en la división de su corazón.

Quedar en la contemplación es exclamar: “Señor, ten misericordia”, como los leprosos, o como el ciego y sanar, ir sanando. (…) El contemplativo, si lo es, si de verdad contempla al Dios revelado, no podrá otra cosa que ir por la vida agradecido por perdonado, por amado y sostenido, e ir por los demás abierto al perdón y a la misericordia; en una capacidad, al menos, de intercesión, de no juicio, de perdón.

Sigamos escuchado a los Padres del desierto:

__”Un hermano preguntaba a abba Mateoes: “¿Qué he de hacer? Mi lengua me causa problemas y cuando me encuentro entre la gente no puedo controlarla. Yo condeno todas sus buenas obras y les llevo la contraria. ¿Qué, pues, he de hacer?” El anciano le contestó: “Si no puedes controlarte, apártate de la gente y vive sólo. Pues ésta es una debilidad. Los que viven juntos con otros no deben ser cuadrados, sino redondos, a fin de volverse hacia todos.”

El anciano le dijo también: “Yo vivo solo no por mi virtud, sino más bien por mi debilidad. Ya lo ves, los que viven entre la gente son los fuertes”.

__”Un hermano preguntó a un anciano: “¿Qué es la humildad?”, y el  anciano dijo: “Hacer bien a los que te ofenden”. El hermano repuso: “Si no se puede ir tan lejos, qué haría?” El anciano replicó: “Aléjate de ellos y mantén cerrada tu boca”.

Cuando se actúa así suceden dos cosas mal: la primera, que no se ha tenido misericordia; pero la segunda es que no se podrá rezar, ni parar la mente para la contemplación.

“Todo lo que hagas como venganza contra tu hermano que te ha herido aparecerá al punto en tu corazón a la hora de orar.”

La contemplación derivará en misericordia o de lo contrario no podrá uno progresar en la contemplación. Pienso en todos los pasajes de la Escritura en que Dios se manifiesta como misericordia y como perdón y la contemplación del mismo Crucificado me enseña que no ha querido juzgar, sino morir para el perdón de los pecados.

Extracto capítulo 9 de “Donde la fuente mana”, D. Ángel Moreno, de Buenafuente del Sistal. Publicaciones Claretianas. Madrid, 1988, pp. 83-89

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Misa del 4° Domingo de Pascua

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La verdadera libertad

En diciembre de 1936, en su monasterio, bordeado por una carretera muy transitada y una línea de ferrocarril que hace temblar todas las paredes, hno Rafael Arnáiz Barón redacta una meditación llena de humor que lleva por título “Libertad”. ¡Son tantos los viajeros que van y vienen a tanta velocidad! Se creen libres, pero «la verdadera libertad se encuentra a menudo encerrada entre los cuatro muros de un convento». La libertad –añade el hermano– «se halla en el corazón del hombre que sólo ama a Dios. Se halla en el hombre cuya alma no se encuentra apegada ni al espíritu ni a la materia, sino sólo a Dios».

Extraído de Abadía San José de Clairval

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Lo mejor es cerrar los ojos

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Misa del 3° Domingo de Pascua

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Vivir el confinamiento

Consejos de un monje

Aunque hay muchos expertos en confinamiento, son los monjes y las monjas quienes optaron por este estilo de vida… ¡libremente y con conocimiento de causa! Hemos tenido la oportunidad de pedirle a uno de ellos algunos consejos para vivir mejor este periodo inédito que no debe ser sinónimo de pasividad, sino de disciplina.

También en la abadía de Saint Wandrille, en el norte de Francia, viven tiempos de confinamiento. La tienda ha cerrado las puertas, los últimos huéspedes se marcharon hace unos días y los monjes, para rezar juntos, ocupan uno de cada dos asientos en el coro, en disposición de quince y a lo largo de cuatro hileras en vez de dos. Por el momento no hay enfermos en esta comunidad de treinta frailes de entre 24 y 93 años. Según nos asegura de inmediato uno de ellos, “para nosotros no ha cambiado gran cosa, salvo quizás el paseo fuera del claustro que debíamos haber hecho para mediados de Cuaresma”.

“Y luego, en un monasterio, todo se hace en el mismo lugar, la regla de san Benito lo tiene todo previsto, incluso confinados, tenemos un claustro de catorce hectáreas, grandes pasillos, un refectorio majestuoso…”. Parece fácil, entonces, respetar la distancia de “un metro”. Así que, según estos expertos, ¿cuáles son los secretos para vivir un “buen” confinamiento? “El confinamiento es un aprendizaje, hay que habitar el tiempo, vivirlo en el instante y no permitir que fluya de forma informe”, explica el monje de Saint Wandrille.

En la vida de los monjes, es bastante fácil implementar esto con la ayuda de una vida marcada por el ritmo de los oficios. “Dios se da en el instante presente, ¡incluso en tiempos de crisis!”. Pero para los otros confinados, también hay que aprender a vivir el momento presente, y este es el primer pilar de la vida confinada. “Concentrarse en lo que se esté haciendo, en el instante, y cuando el momento haya pasado, detenerse para pasar a otra cosa, esta es una forma constructiva” de pasar el tiempo… con disciplina.

El segundo pilar de la vida confinada es la disciplina. “Paradójicamente, un tiempo de confinamiento puede ser un tiempo de dispersión y de ansiedad, sobre todo en las redes sociales, que consumen tanto tiempo”. Sorprende oír hablar a este monje, “aislado del mundo” desde hace diez años, explicando con claridad y gran conocimiento el mundo de Facebook, Twitter e Instagram, donde tantos de nosotros malgastamos el tiempo. “La libertad interior puede ser exterminada por la vacuidad de Internet igual que por la ausencia de disciplina”. Por tanto, hay que jerarquizar lo importante y no desviarnos con lo que nos aleja de ello.

El hombre debe seguir siendo dueño de sí mismo, aceptar su debilidad, pero también dominarse. Así que, volviendo a las pantallas que a todos nos parecen indispensables para no estar aislados del mundo en este periodo de confinamiento, podemos usarlas, pero con buen criterio. “¡El rosario en directo con el Papa en la página web del Vaticano no es tiempo perdido! Pero son 30 minutos, no tres horas actualizando la página de Twitter…”.

Así que la relación con el tiempo es el auténtico desafío de este confinamiento. Encontrar una disciplina en el horario de la jornada, en una dedicación del tiempo prevista con antelación para dar ritmo al día. “Este confinamiento puede ser una oportunidad para hacer las cosas de otra manera, para replantearse las prioridades de la vida”. Y plantearse también preguntas pertinentes, como “¿qué hábito no tengo y que podría adquirir ahora?”.

Permanecer en comunión

La otra necesidad que este confinamiento pone de relieve es la necesidad esencial de que las personas estén en comunión. “El confinamiento afecta a nuestro deseo de sociabilidad, un deseo que también hay que cultivar”. Una vez más, nada vale más que el contacto humano, en estos momentos el teléfono, la voz, que comunica más que un medio social. ¡Prueba de ello son las numerosas y creativas iniciativas entre vecinos y feligreses!

Por último, si hiciera falta convencerse más, conviene saber que incluso los ermitaños se imponen una disciplina diaria. Y en lo que respecta a la comunión con los demás, ¡la viven a través de la unión por la oración! Ahí está el secreto, vivir en comunión con los demás, por alejados que estén. Y pensar también en quienes viven “la doble pena”, como las personas sin hogar, por ejemplo. “No descuidemos nunca la fuerza de la oración y la comunión de los santos”, concluye nuestro monje francés.

Texto enviado por el Hno. Gabriel de Santa María de nuestra Fraternidad

Texto extraído de Aleteia

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A Nuestra Señora de la Pascua

Señora de la Pascua:

Señora de la Cruz y la Esperanza.
Señora del Viernes y del Domingo,
Señora de la noche y la mañana
Señora de todas las partidas,
porque eres la Señora

Escúchanos:
Hoy queremos decirte:
«muchas gracias».

Muchas gracias, Señora, por tu Fiat:
por tu completa
disponibilidad de «Esclava».
Por tu pobreza y tu silencio.
Por el gozo de tus siete espadas.
Por el dolor de todas tus partidas
que fueron dando la paz
a tantas almas.

Por haberte quedado con nosotros
a pesar del tiempo
y las distancias

Tú conoces el dolor de la partida
porque tu vida fue siempre despedida.

Por eso fuiste
y fue fecunda tu vida.
Señora del Silencio y de la Cruz.
Señora del Amor y de la Entrega.
Señora de la Palabra recibida
y de la palabra empeñada,
Señora de la Paz y la Esperanza.
Señora de todos los que parten,
porque eres la Señora
del camino y de la Pascua.

Enséñanos, María, la gratitud y el gozo de todas las partidas.
Enséñanos a decir siempre que Sí, con toda el alma.
Entra en la pequeñez de nuestro corazón y pronúncialo Tú misma por nosotros.

Sé el camino de los que parten y
la serenidad de los que quedan.

Acompáñanos siempre mientras vamos peregrinando juntos hacia el Padre.
Enséñanos que esta vida es siempre una partida.
Siempre un desprendimiento y una ofrenda.
Siempre un tránsito y una Pascua.

Hasta que llegue el tránsito definitivo, la Pascua consumada.
Entonces comprenderemos que para vivir hace falta morir,
para encontrarse plenamente en el Señor hace falta despedirse.
Y que es necesario pasar por muchas cosas para poder entrar en la gloria (Lc 24, 26).

Señora de la Pascua:
en las dos puntas de nuestro camino,
tus dos palabras: fíat y magnificat.
Que aprendamos que la vida es siempre
un «sí» y un «muchas gracias.
Amén. Que así sea.

Cardenal Pironio

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Eucaristía del 2° Domingo de Pascua

Vísperas de San Vicente Ferrer

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La paz interior

Nuestra época es una época de agitación y de inquietud. Esta tendencia, evidente en la vida cotidiana de nuestros contemporáneos, se manifiesta también con gran frecuencia en el ámbito mismo de la vida cristiana y espiritual: nuestra búsqueda de Dios, de la santidad y del servicio al prójimo suele ser también agitada y angustiada en lugar de confiada y serena, como lo sería si tuviéramos la actitud de los niños que nos pide el Evangelio.

Por lo tanto, es fundamental que lleguemos a comprender un día que el itinerario hacia Dios y hacia la perfección que se nos pide es mucho más eficaz, más corto y también mucho más fácil cuando el hombre aprende poco a poco a conservar en cualquier circunstancia una profunda paz en su corazón.

Haz click aquí para descargar el PDF del libro

Entrevista al autor del libro

Estimadas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: El próximo lunes 20 de Abril realizaremos un encuentro virtual para los lectores en general y también para quienes participan del curso de Filocalía. Lo haremos Dios mediante, a las 20 horas de España, 15 horas de Argentina, 13 horas de Colombia y 12 horas de México central. Aquí les dejamos el enlace de la aplicación Zoom, con la cual continuaremos, ya que se han realizado actualizaciones de seguridad y funciona mejor. Hacer click aquí para el enlace .

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Carta sobre la obediencia de San Ignacio de Loyola

Hermanas/os en Cristo Jesús; a raíz del texto sobre el Pseudo Simón de la undécima clase de Filocalía, donde se trata algo sobre la obediencia, Hno. Sergio Cardona de nuestra Fraternidad, nos envía este texto de San Ignacio que tiene mucha riqueza de contenido y puede suscitar comentarios e intercambio. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre del Resucitado.

… Y aunque en todas virtudes y gracias espirituales os deseo toda perfección, es verdad (como habréis de mí oído otras veces) que en la obediencia más particularmente que en ninguna otra, me da deseo Dios nuestro Señor de veros señalar, no solamente por el singular bien que en ella hay, que tanto en la Sagrada Escritura con ejemplos y palabras en el Viejo y Nuevo Testamento se encarece, pero porque (como dice San Gregorio) la obediencia es una virtud, que sola ella ingiere en el ánima las otras virtudes, e impresas las conserva; y en tanto que ésta floreciere, todas las demás se verán florecer y llevar el fruto que yo en vuestras ánimas deseo, y el que demanda el que redimió por obediencia el mundo perdido por falta de ella, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Haced click aquí para leer el texto completo

Dos enlaces:

Índice de catequesis sobre los Padres de la Iglesia

La desesperación

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Nos llevamos a donde vamos

Básicamente has de tener en cuenta que nos llevamos a nosotros mismos donde vamos.

Por eso, el monasterio o la ciudad, la vida solitaria o en matrimonio etc. no son demasiado relevantes como estado, en cuanto a la interiorización se refiere. Lo que es importante es la unión real con Dios; cuyo parámetro es la percepción de la presencia o la tranquilidad inalterable con que tomamos los acontecimientos o el grado de amor con el que percibimos a los demás.

Allí tienes tres criterios claros para discernir tu avance en la vía hacia la beatitud de Dios. No te juzgues, deja que Dios lo haga en su infinita misericordia. No importa cuanto hemos pecado o cuán esclavos nos sentimos de las pasiones; lo que es prioritario es el “hacia donde” tiende nuestra intención y nuestro deseo más profundo. No hay forma de hacernos dignos, solo Él nos da la dignidad por ser sus Hijos y eso basta. 

Perdónate hijo, trátate con el mismo cariño que Jesús nos pide para el prójimo. No olvides que el mandamiento dice “…como a nosotros mismos”. Si te quieres poco a ti mismo, ¿Cómo podemos amar al prójimo? o ¿Cuán poco lo amaremos?. Espero que me sepa explicar. Deja atrás el pasado, no te mires según lo hecho, aprecia tu existencia como maravillosa sólo por tu filiación divina, por nada más. Haz lo mejor posible y deja el perdón en manos de Dios, no olvides que Él te hizo como eres en su misterioso designio.

Más allá de lo anterior, nada impide que intentes entrar a un monasterio apenas tu deber de estado lo permita. En esta época extraña, que tal vez podamos llamar “de transición”, los monasterios están cada vez más vacíos. Quizá hay un llamado renovado a cristianos de todas las edades y géneros a esa vida de silencio interior en comunión contemplativa. Confía en Dios, deja actuar a la gracia, que si te quiere en el claustro allí te encontrarás tarde o temprano.

De todos modos, tu verdadero sitio es en la ermita interior, el lugar donde habita Cristo resucitado irradiando una luz imperturbable.

Un poema:

Atención refinada por el Divino Maestro

Dos vídeos sugeridos por Hna. María del Carmen:

Portrait of Monks

Grande Chartreuse

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La luz de Cristo ilumina al corazón

Estimadas/os hermanas/os en el amor a Cristo y la vida monástica: Que la resurrección de Jesucristo en el corazón permanezca iluminando nuestra alma y alentando nuestra entrega a la Santa Voluntad de Dios.

Os dejamos aquí dos vídeos enviados por el Hermano Heraldo, a quién agradecemos mucho. Pese a no estar en español, son igualmente elocuentes y nos parecen muy adecuados para todos aquellos que buscamos alimentar el monje interior; más allá de nuestra situación actual en la vida. Un abrazo fraterno para todas/os. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

Dos enlaces recomendados:

Ha llegado el Reino de la vida

Hozana

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5° Meditación de Semana Santa

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4° Meditación de Semana Santa

El blog del Padre José

Enlaces

Para mí la vida es Cristo

Biblioteca de Alejandro

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3° Meditación de Semana Santa

Hermanas y hermanos, haced click aquí y podéis dejar vuestras peticiones de oración.

Dos enlaces

Para mí la vida es Cristo

Película sobre las apariciones Marianas en Garabandal

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1° y 2° Meditación en torno a la Semana Santa

Aquí el nuevo blog del Padre José OP, miembro activo de nuestra Fraternidad

La atención es libertad

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