4° Reunión virtual

Estimadas/os en el amor a Jesús y la vida monástica. En pocos minutos, a las 20 horas de España, 16 horas de Argentina, 14 horas de Colombia y 13 horas de México central, haremos nuestra cuarta reunión virtual en esta nueva etapa de la Fraternidad que iniciamos en Noviembre del 2019. Aquí les dejamos el enlace que es el mismo que las reuniones anteriores. https://zoom.us/j/3101503658 Saludos en Cristo Jesús.

Si no podéis ingresar al primer intento, volved a intentar una o dos veces más, ya que se requiere una aprobación desde la sala de reunión, que a veces tiene una demora de varios segundos.

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Homilía del Padre José

7° domingo, Tiempo ordinario, ciclo A

El libro del Levítico tiene una parte llamada ley de santidad, concretamente el capítulo 19, de donde se extrae este domingo, la primera lectura. En ella se pone de manifiesto la llamada a la santidad que Dios nos hace.

La Santidad, es uno de los atributos esenciales del Dios de Israel. Dios es el Otro que trasciende al hombre y a todo el mundo creado. Esto quiere decir, por una parte, que Dios, carece de nuestras miserias humanas y por otra, que es compasivo, fiel y misericordioso. Esto se traduce por nuestra parte, en una vida de santidad, en la que el amor al prójimo brilla y adquiere una gran relevancia: «amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor». Posteriormente Jesús dirá en el Evangelio que el amor a Dios y el amor al prójimo son como las dos caras de una misma moneda.

La segunda lectura tomada de 1Cor 3 ,16-23, nos habla de las dificultades de la comunidad de Corinto para vivir en la santidad pues se daban entre ellos divisiones producidas por los líderes que allí habían aparecido: Apolo, Pedro y Pablo. Estas divisiones, fruto del orgullo, obstaculizan la obra del Espíritu y minan el edificio de Dios que es la comunidad. En medio de esta situación, Pablo proclama que hay un solo Señor, Cristo Jesús, que ha dado la vida por todos y a todos nos ha hecho partícipes de los bienes que Dios ha ofrecido al mundo. Frente a la sabiduría autosuficiente del hombre viejo, Pablo recuerda que solo quien acoge con humildad la locura de la Cruz, podrá ser realmente sabio. Esta es la sabiduría de los pequeños a quienes Dios revela su misterio. Así pues, no hay más soberanía que la de Cristo, de la que todos participan en la celebración de pan único y partido.

En el Evangelio, de Mt 5, 38-48, seguimos leyendo el Sermón de la montaña. Existía la ley del Talión, en ella se procedía según el principio: ojo por ojo y diente por diente. Jesús, no solo invalida esta ley, sino que nos lleva al corazón mismo de su Evangelio, a su propio corazón y nos dirá que no solo no debemos devolver una humillante bofetada recibida, normalmente dada con la mano del revés, sino que hemos de estar dispuestos a poner la otra mejilla. Y esta ha de ser la manera de actuar en cualquier situación de conflicto. Es más, amar a los enemigos es la suprema novedad del Evangelio. En tiempo de Jesús, los enemigos eran los invasores romanos hacia los que el pueblo de Israel sentía un profundo desprecio y un odio visceral. Solo desde las entrañas de un Dios Santo y misericordioso podemos acoger esta palabra de Jesús en la oración, que nos lleva a lo más profundo del misterio del amor de Dios, que él nos ha manifestado, y que le llevó a entregarse por todos nosotros cuando éramos pecadores, enemigos suyos.

Cristo es pues el icono visible del Dios invisible y de su amor por nosotros y cuando Jesús proclama estas palabras lo hace como último enviado del Padre y como intérprete autorizado de su voluntad. Por él sabemos que Dios no manda nada imposible y que el amor a todos incluso a los enemigos pertenece a su plan creador y redentor. Para él todos somos iguales y todos dignos de su eterno amor.

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Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

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“Para decir no dijeres”

Para decir, no dijeres.
Para amar sólo abrieres ese pequeño gran corazón,
como celestial Casa
donde Él ama sin cesar.

¡Oh, pequeña carísima hermana!
hija eres del Creador
subir al Carmelo es cosa
de azarosas almas del Señor.

Mirad, hija de Dios, la Palabra,
miradla con los ojos del interior,
ponedla en el plato invisible
como alimento superior.

Sois pequeña, grande alhora
amadle sin reposición,
amadle sin descanso alguno
esa es la llave para el corazón.

Os amo en ese Carmelo Celeste,
que es silencio, altura y humildad.
Por vos ruego, con mis hermanos
que volváis a la unidad.

No desfallezcáis en seguirle,
Él es Maestro de Vida y Oración,
Él es Camino seguro, Verdad y Eterna Vida,
para llegar y unirse a Dios.

Abriendo y cerrando los ojos
vivid entregada a Él,
en las horas de días y noches,
orad sin cesar en Dios.

Vivid así, hermana,
sencilla, humilde y sabiamente.
Buscad lo auténtico y esencial,
dejad adornos y esa tonta vanidad.

Andad Su Camino atenta,
cada cosa en su tiempo terrenal,
y saboread la Gracia
en su eternidad celestial.

Amiga y hermana de vos soy,
vuestro amor al Padre me llega
y en esa casa que ahora estoy
soy luz y dicha eterna.

Mirad el cielo a menudo
y llevad esa amplitud infinita
a la tierra en cada cosa,
en cada gesto hermanita.

Cuidad y respetad el cuerpo,
esa caja del interior Tesoro,
no sea que alguien se acerque
y os quiera robar el oro.

Para hoy pues, suficiente
sólo un amoroso saludo
para recordaros niña
vivir ese Amor Puro.

Este poema nos fue enviado por María del Carmen, hermana miembro activo de nuestra Fraternidad Monástica Virtual.

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Reunión virtual y texto de intercambio

Estimadas/os en el amor a Jesús y la vida monástica. El próximo lunes 24 de febrero a las 20 horas de España, 16 horas de Argentina, 14 horas de Colombia y 13 horas de México central, haremos nuestra cuarta reunión virtual en esta nueva etapa de la Fraternidad que iniciamos en Noviembre del 2019. Aquí les dejamos el enlace que es el mismo que las reuniones anteriores. https://zoom.us/j/3101503658 Cualquuier duda o consulta nos hacen saber. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

La Soberbia (de Casiano, El Romano)

La octava lucha es contra el espíritu de la soberbia. Es un espíritu terrible el más salvaje de todos los precedentes. Combate sobre todo a los perfectos, y trata de derrocar, sobre todo, a aquellos que han alcanzado el ápice de la virtud. Como un morbo contagioso y pernicioso, no destruye solamente una parte del cuerpo, sino el cuerpo entero; así la soberbia no destruye solamente una parte del alma sino el alma entera. Cada una de las otras pasiones, aún turbando el alma, combate a la sola virtud que se le opone, y solamente ésta se esfuerza en vencerla. Por tal motivo, oscurece solamente en parte al alma y la turba. Pero la pasión de la soberbia oscurece el alma toda y la arrastra a una caída extrema.

Para entender mejor cuánto se ha dicho, observemos lo siguiente: la gula se esfuerza por corromper la continencia; la fornicación tiende a corromper la templanza; el amor por el dinero está en contra de la pobreza; la cólera, contra la humildad; así, cada uno de los distintos vicios trata de corromper la virtud opuesta. Pero el vicio de la soberbia, cuando domina al alma mísera, como un tirano feroz que ha ocupado una grande y excelsa ciudad, la abate completamente desde sus cimientos. Testimonio de todo esto es aquel mismo ángel que cayó del cielo por causa de su soberbia: creado por Dios y adornado de toda virtud y sabiduría, no quiso atribuir todos sus dones a la gracia del Soberano, sino a su propia naturaleza. Y hasta llegó a concebir la idea de ser igual a Dios. Y el Profeta, confrontando este pensamiento, le dijo: Has dicho en tu corazón: Me sentaré sobre la excelsa montaña, pondré mi trono entre las nubes y seré parecido al Altísimo. ¡Pero eres hombre y no Dios! E incluso otro profeta dijo: “¿De qué te alabas en tu malicia, oh poderoso? (Sal 51:1), y continúa el salmo.

Conociendo esto, temamos y pongamos toda vigilancia en custodiar nuestro corazón del letal espíritu de la soberbia, recordándonos siempre a nosotros mismos, cuando ejercemos alguna virtud, lo dicho por el Apóstol: No yo, sino la gracia de Dios que está conmigo (1 Col 15:10); y lo que dice el Señor: Sin mí no podréis hacer nada (Jn 15:5), y cuanto ha sido dicho por el Profeta: Si el Señor no constituye la casa, vano es el trabajo de los constructores (Sal 126:1); y aun esta palabra: No de quién quiere ni de quien corre, sino de Dios que hace misericordia (Rm 9:16). Puesto que si alguno fuera ardiente en su celo, solícito en su determinación, aún así, revestido de carne y sangre como lo es, no podrá alcanzar la perfección si no es por la misericordia de Cristo y de su gracia. Dice Santiago: Todo regalo bueno… viene de lo alto (St 1:17). Y el apóstol Pablo: ¿Qué tienes que no lo hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te alabas como si no lo hubieras recibido? (1Col 4:7), exaltándote como por cosas de tu pertenencia.

De que la salvación nos provenga de la gracia y de la misericordia de Dios, es veraz testimonio aquel ladrón, que adquirió el Reino de los Cielos no ciertamente como recompensa por sus virtudes, sino por la gracia y la misericordia de Dios. Nuestros Padres, que bien conocen todo esto, nos han transmitido con unívoca sentencia que no se puede alcanzar de otro modo la perfección de la virtud si no es mediante la humildad, y ésta es habitualmente generada por la fe, por el temor de Dios y la perfecta pobreza: cosas gracias a las cuales se origina el amor perfecto. Por la gracia y por el amor de nuestro Señor Jesucristo a los hombres, a Él la gloria de los siglos. Amén.

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Homilía del Padre José

6° Domingo del T.O. – Ciclo A –

Todos nacemos libres, pero no siempre somos libres para escoger el bien, es decir, lo que Dios quiere, pues ser libre es saber escoger, y esto es el resultado de la conjunción de conocimiento y amor, de entendimiento y voluntad. El que vive en el odio o en la mentira, en el mal o en la falsedad, aunque sea libre no vive en libertad. La primera lectura del libro del Eclesiástico 15,15-21, nos invita a saber escoger: «Fuego y agua he puesto ante ti, alarga tu mano a lo que quieras»; para ello necesitamos de la sabiduría que viene de lo alto y así, poder escoger libre y responsablemente el bien: «A ninguno obligó a ser impío, a ninguno ha dado permiso para pecar».

Esa sabiduría como nos enseña San Pablo en la segunda lectura de 1ª Cor 2, 6-10, no es de este mundo. Es la sabiduría que brota de la cruz, por ello nos dice: «ninguno de los príncipes de este mundo la conoció, pues si la hubiesen conocido nunca hubiesen crucificado al Señor de la gloria». Pues bien, a nosotros esa sabiduría se nos ha dado por medio del Espíritu. El nos recuerda continuamente el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, del que nada ni nadie nos podrá separar.
El Evangelio de Mt 5, 17-37, nos enseña en que consiste esa sabiduría que nos da Jesús. En primer lugar, él no ha venido a abolir la ley sino a mostrarnos la última voluntad de Dios. Toda la vida de Jesús ha consistido en ser fiel a esa voluntad, de ahí que haya vivido una libertad verdadera y por eso puede añadir al «se dijo», «pero yo os digo». De manera que: Los escribas y fariseos cumplen la ley, pero son duros con los demás, desprecian a los pecadores a quienes consideran impuros. No han entendido lo mejor de Dios, como es la misericordia y la interioridad en el obrar que Jesús nos enseña.

No basta con no matar, sino que cualquier clase de violencia es un atentado contra la vida. En la libertad que Jesús nos da, es necesario fomentar la paz y la concordia para garantizar el respeto a la vida y la integridad del prójimo. El adulterio es duramente castigado en Israel, pero la libertad que Jesús nos da, llega a la purificación del corazón, allí donde se toman las decisiones. Es eso, lo que hay que vigilar. El matrimonio y el divorcio inquietaban ¿Cómo abordarlos? Jesús nos invita a ser libres yendo a los orígenes, cuando Dios dijo: «serán los dos una sola carne». Nos recuerda así que el matrimonio es uno e indisoluble porque el amor de Dios es indisoluble e irrompible, como aparece en su intimidad: tres y uno, inseparables.

Con respecto al juramento, Jesús nos dice que el que es libre no jura, sino que su relación se basa en la sinceridad, la lealtad y la franqueza. Un sí o un no, basta. Todo lo demás viene del maligno, que es mentiroso y no quiere el bien del hombre. Jesús nos enseña, por tanto, a ser libres cumpliendo la voluntad de Dios. Si obramos en su nombre y vivimos en oración y alabanza continua, podremos ser libres para así poder cumplir la voluntad del Padre, como él. Que el Espíritu, nos guíe en esa gran aspiración y deseo de seguir a Jesús.

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Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

Aquí un comentario sobre la película “Ostrov” del Hermano Pablo Rafael

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Dios en el corazón

El camino del Espíritu


Son los puros de corazón los que ven a Dios (Mt 5,8). Pero ¿cómo definir el corazón y cómo describir su actividad?

Es un término bíblico que los místicos utilizan constantemente; los autores orientales recientes lo toman a veces como emblema para distinguirse del Occidente «racionalista», que, según ellos, olvida demasiado fácilmente que el fundamento de la vida cristiana es el corazón. Escribe uno de ellos: «Tratar de alimentar el corazón es dirigirse a Dios: Dios mismo es un corazón que abraza todo. Sólo en el corazón es posible captar el secreto del universo, lo que Kant llama la “cosa en sí”. Quien tiene un corazón capta el sentido de Dios, de los hombres, de los animales y de la naturaleza. El corazón es el único órgano capaz de dar la paz al espíritu».

La oración más perfecta, según los autores orientales, es la oración del corazón. Dice Teófanes el Recluso: «¿Acaso no ha mandado el Señor cerrarse en la propia habitación para orar? (Mt 6,6). La habitación del hombre es su corazón; por tanto, el Señor nos manda orar en nuestro corazón».
Pero es preciso dar la noción precisa de este término porque tiene un uso muy amplio. En la Biblia el corazón indica toda la vida interior: el corazón reflexiona, proyecta y decide. Siente el temor de Dios y en él reside la fidelidad a Yavé. En el Nuevo Testamento es la sede del Espíritu Santo (cfr. Rom 10,10). Pero a menudo para los Padres y para los autores medievales, las expresiones bíblicas tienen un toque demasiado semítico y se ven obligados a interpretarlas con una terminología más aceptable para la psicología tradicional. Su interpretación revela claramente la corriente de espiritualidad a la que pertenecen.

Los griegos son especulativos por naturaleza y sustituyen el corazón bíblico por la mente. El sursum corda se convierte entonces en «la elevación de la mente a Dios». Por el contrario, la literatura espiritual de la Edad Media en Occidente oponía el «afecto del corazón» al pensamiento racional puro. Para santo Tomás de Aquino, el precepto «amar a Dios con todo el corazón» (cfr. Mc 12,30) es «un acto de voluntad que se expresa con la palabra corazón». Pero en seguida iba a darse una reacción, sobre todo en la piedad, a favor de los sentimientos. En el lenguaje de hoy, «corazón» significa la parte sentimental del hombre. Eso hace que no siempre se entiendan bien los textos clásicos de espiritualidad. Y se advierte claramente que la pista que parte de las nociones psicológicas no podrá aclarar nunca la cuestión. Se ha intentado situar el corazón en el esquema de la estructura psicológica del hombre y sólo después se ha planteado qué función podía tener ese «corazón» en la vida espiritual.

Pero en realidad se debe proceder al revés. El corazón es el punto de contacto entre el hombre y Dios. ¿Qué órgano nuestro tiene una función privilegiada en ese contacto? Los griegos, siguiendo la tradición platónica, atribuían esta función a la mente, a la
inteligencia. Con eso influyeron mucho en la terminología cristiana. Pero se necesitaban adaptaciones. La mente es sólo una de nuestras facultades, aunque sea la suprema. El contacto con Dios no puede reducirse a una parte de nuestra persona sino que debe implicar al hombre entero: el intelecto, la voluntad, los sentimientos, la memoria y también el cuerpo.

El precepto de amar a Dios «con todo el corazón» significa «con toda el alma, con toda la mente, con todas las fuerzas» (Mc 12,30). Conscientes de que el término «corazón» contenía esa integridad o totalidad del hombre, algunos Padres volvieron a este lenguaje y pensaron que es mejor definir la oración como la «elevación del corazón a Dios». Entonces los autores espirituales ven el corazón como principio de la unidad espiritual; el corazón «mantiene la energía de todas las fuerzas del alma y del cuerpo», es «trono del Espíritu Santo» (Teófanes el Recluso).

Pero esa unidad del hombre se puede considerar bajo dos aspectos, que podemos definir como «horizontal» y «vertical». En el aspecto horizontal, un acto humano «sale del corazón» cuando en él no hay contradicciones, cuando todas las fuerzas humanas colaboran armoniosamente. Teófanes se sirve de una comparación del mundo teatral. Cuando un actor representa su parte fuera de la escena, su trabajo pierde mucho. Lo mismo sucede con el ejercicio de una facultad aislada: su ejercicio es forzado y disminuye su eficacia. La representación fuera de la escena simboliza una oración que se pierde en pensamientos abstractos o en actos de voluntad demasiado «ascéticos». Para realizarlos, la voluntad debe contrariar los sentimientos opuestos y la tendencia del cuerpo, y hacer lo contrario de lo que le insinúa la fantasía. Esa violencia ascética por el bien es necesaria para vencer la naturaleza corrompida. Pero su objetivo es volver a la armonía plena. Sólo así la oración y la conducta humana salen «del corazón». Toda la persona será santificada. Su devoción respirará la belleza natural.

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Estimadas/os en el amor a Jesucristo: Os presentamos aquí unos enlaces a los blogs de miembros de la Fraternidad Monástica Virtual. Cualquier hermana/o que quiera difundir un sitio de temática espiritual o afín a los temas que tratamos avise para que lo incluyamos en nuestras listas de recomendados.

Cristianismo Espiritual (Blog de Alejandro)

Nueva vida en Dios (Blog de María del Carmen)

Soplo de la vida (Blog de María Jesús)

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Homilía del Padre José

5º Domingo del T.O. Ciclo A

La alegría por el retorno a la tierra que quedó atrás tras el exilio, ha sido un momento de ilusión y de desaliento a la vez, pues a pesar de todo, seguía habiendo injusticias. De hecho, en el pueblo de Dios, nunca faltaron los pobres y los despojados de su herencia por la avaricia de los poderosos y las calamidades de las invasiones. El profeta levanta su voz ante un culto vacío, sin alma, sin vida y para remediarlo, Isaías en la primera lectura: 58, 7-10, emplea una frase: «no te cierres a tu propia carne», una expresión que indica algo así como: ante Dios todos somos iguales.

Es más, rechazar, al pobre y al necesitado, es rechazar a Dios mismo, como nos recordará Jesús en Mt, 25. El ayuno deberá ir acompañado de la misericordia y la compasión. Solo quien sabe asumir el sufrimiento y las limitaciones del otro y hace justicia al pobre, verá a Dios y será como un manantial en la estepa. La paz es, por tanto, un fruto preciado de la justicia y del amor sincero y operante entre los hombres. San Pablo, en la segunda lectura de 1ªCor 2,1-5 nos recuerda que es el Espíritu el que nos mueve a obrar y esto se ve sobre todo en la evangelización en la que se manifiesta el poder del Espíritu.

Él mismo, ha experimentado en su propia pobreza y debilidad, es decir, en el rechazo por parte de algunos en Corinto, ese poder del Espíritu. A lo largo de su ministerio ha comprobado que tanto el llevar una vida digna como el poder anunciar el Evangelio es obra del amor de Dios y del conocimiento de Jesucristo crucificado, en quien todos hemos sido acogidos, amados y perdonados sin distinción.
He ahí la clave para acoger a todos, especialmente a los más necesitados. El Evangelio de Mt 5,13-16, nos recuerda que este andar con Cristo, día y noche, de forma continua, nos convierte en sal y en luz, para los demás y para el mundo, pues ni la sal sala para sí, ni la luz ilumina para sí, entonces nuestras obras tampoco son para nosotros, sino para los demás y para que, a través de ellas, Dios, que las hace posibles, reciba gloria y alabanza.

La sal, además de salar y conservar los alimentos, en tiempos de Jesús se utilizaba como placas que se colocaban en el interior de los hornos donde se cocía el pan, de esta manera, se mantenía el calor suficiente y necesario. Pero esas placas con el tiempo perdían su virtualidad y no servían para nada; había que tirarlas. Se arrojaban a la vera del camino. Nuestra vida sin Jesucristo y sin invocarlo continuamente, es como la sal que ha perdido su virtualidad, y que solo sirve para ser tirada y pisoteada, de la misma manera, que tampoco la ponemos al servicio de los demás, sino que nos encerramos en nuestra propia carne.

Pidamos al señor, nos conceda la alegría de vivir entregados al servicio de los demás y especialmente de los más necesitados.

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Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

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La comunión con Cristo es libertad

En mi opinión la libertad no tiene tanto que ver con el libre albedrío sino con la comunión con Cristo.

Respecto a la relación de la gracia y el esfuerzo en la obra de Dios en nosotros, siempre que sale a colación este tema recuerdo la parábola del sembrador. En esta parábola Cristo dice que es posible que la semilla se siembre en mala tierra y no fructifique. Es precisamente en la tierra en lo único en lo que nuestra acción es necesaria. Lo demás, el crecimiento de la planta, es obra de la gracia y ahí nosotros no podemos hacer nada como dice San Pablo: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. 1 Corintios 3:6-7”.

Pero en lo que toca a la tierra, esto es, a nuestra relación con lo terrenal, si que tenemos la responsabilidad de enfocar nuestra vida en la búsqueda de Dios y no diluirnos en el mundo como la semilla que fue plantada entre cardos y espinos y estos la ahogaron: “La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto” Lucas 8:14. Ya en génesis 3:18 se habla de la necesidad de trabajar la tierra y de que produciría espinos y cardos a consecuencia de la caída.

Los pies bien puestos en la tierra (buena conciencia) mirando al Sol (viviendo en oración).

En la experiencia dicen que el esfuerzo es mas necesario al principio, cuando las pasiones están mas vivas y el amor a Dios aún es débil en nosotros, después el árbol se hace grande y las aves de los cielos ¿quizás una alegoría de los pensamientos? hacen nidos en sus ramas. Lc 13:32. Yo creo que es el amor a Dios la principal muralla que nos protege de las tentaciones y hace dulce el esfuerzo.

En las etapas en las que ese amor es débil aparecen las tentaciones de buscar satisfacciones fuera de Dios pero cuando el fuego del amor a Dios arde con fuerza ni siquiera supone un esfuerzo abstenerse de los placeres del mundo porque lo único que se quiere es a Dios y todas nuestras pasiones están ordenadas correctamente hacia ÉL. Los que tienen experiencia dicen que es necesario pasar por crisis de fe y amor en el camino de unión con Dios a fin de purificar nuestras intenciones…

Alejandro191111

Hermano Alejandro es el autor de este blog y miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

Publicación recomendada:

Identidad, seguridades…

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Homilía del Padre José

Presentación del Señor

El Señor viene a su templo, nos dice el profeta Malaquías en la primera lectura: Malaquías 3,1-4. Viene a su casa, viene a lo suyo; lo nuestro es lo suyo. San Juan, en el prólogo de su Evangelio dice que: «vino a los suyos y los suyos no le recibieron, pero a los que lo recibieron les da la potestad de ser hijos de Dios».

Necesitamos de purificación para poder acceder a la presencia de Dios. Tanto en el culto como en la vida, necesitamos de coherencia para que culto y vida, amor a Dios y al prójimo puedan ir juntos. Hemos de ser, así, mensajeros que proclamen la presencia de Dios en el mundo y en la historia, una presencia viva en nosotros, que somos como dice San Pablo: templos del Espíritu.

La segunda lectura tomada de Hebreos 2,14-18, nos recuerda que el que viene a nosotros es el que se ha hecho semejante a nosotros en todo menos en el pecado. El ha querido estar sujeto a las tentaciones y al sufrimiento como nosotros y su vida fue el camino marcado por el Padre, de forma que la humanidad, especialmente los que sufren, no están desamparados, pues desde esta comunión real con los hombres, curtida en la experiencia del sufrimiento, es como Jesús ejerce el ministerio de pontífice fiel. El sufrimiento de Cristo es la respuesta a nuestro sufrimiento y el de toda la humanidad y su coherencia de vida es una llamada a vivir también nosotros en la coherencia.

El Evangelio de Lucas 2, 22-40, nos presenta el más bello de los cánticos lucanos, en él hay un marcado «ahora» que expresa la idea de la promesa cumplida. De este modo, Simeón que simboliza al siervo-pueblo de Dios, puede irse en paz, porque Dios ha cumplido su palabra: la salvación ha llegado a todos los pueblos. Simeón, coloca al principio lo que ocurrió al final: que será bandera discutida y signo de contradicción de manera que el juicio ya se da en función de la actitud que tomemos ante él.

También María no solo será madre, sino que también participará de la fidelidad del discípulo. La dialéctica de elección (a favor o en contra) se da en todos, incluso entre sus propios familiares. La imagen de la espada, sugiere la dificultad que ella misma va a experimentar para comprender que la obediencia a la Palabra de Dios, está por encima incluso de los más sagrados vínculos familiares. El camino de fe de María realizado con fidelidad llegó así a su plena madurez superando todas las pruebas y dificultades.   

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   Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

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Inmersos en el mundo

Conozco personas que creen que para tener una vida de unión profunda con Dios necesitan retirarse del mundo. También hay quienes  piensan que viviendo en un mundo como el de hoy corren peligro de ser influidas, “contaminadas”, confundidas o escandalizadas. Hay personas que en su juventud se decidieron por una vida consagrada o contemplativa, pero las circunstancias de la vida o incluso el ejercicio de su propia libertad les llevó a salir de allí, y parecen que pasan el resto de su vida añorando eso o culpabilizándose o creyendo que su relación con Dios está incompleta.

Jesús pasó su vida en la tierra viviendo una vida normal, con su familia, su trabajo, sus amigos. Se retiraba a orar a solas pero luego volvía al ajetreo diario. Desde luego que hay personas a las que Dios llama a una vida retirada, pero esa llamada no es para todos. Muchos de nosotros estamos llamados a vivir profundamente la relación con Dios en el mundo. Hay personas que se lamentan de que los monasterios se estén vaciando. Pero el retirarse no es garantía de vivir la presencia de Dios, puedes vivir una vida solitaria y no estar en esa presencia continua, y al contrario,  puedes estar inmerso en el mundo, en calles abarrotadas de gente, con miles de obligaciones diarias, y estar muy unido a Dios. Es algo así como estar enamorado. Cuando lo estás la persona amada te acompaña a todas partes. Por lo tanto lo importante es enamorarse de Dios, estés donde estés.

La presencia de Dios es como un fuego que llevamos en nuestro interior. Este fuego se alimenta en nuestra oración diaria, en esos momentos de silencio y  soledad que buscamos cada día para que ese fuego no se apague. Lo que hace que nos apartemos de la presencia de Dios no es estar en el mundo sino el no tener esos momentos de intimidad con Él. Repetir el nombre de Jesús también va alimentando ese fuego. Y a veces el fuego ha crecido de tal forma que no necesitamos repetir ni siquiera su Nombre, el Espíritu ora en nosotros. 

Ese fuego alimentado en la oración no puede ser apagado por la influencia del mundo. Si tenemos miedo a ser desviados del camino o a perdernos y nos protegemos refugiándonos y huyendo de las actividades diarias es tal vez porque ese fuego es muy débil en nosotros. Entonces la solución no es huir del mundo, no es huir de nuestra condición de cristianos, porque los cristianos estamos llamados a ser luz del mundo. La  solución es incrementar la oración. 

Hay también  personas que tienen una herida en su interior porque creen que no fueron fieles a la vocación recibida o porque siempre tienen la sensación de que están donde no deberían. Tal vez les consuele saber que Dios habla a través de las circunstancias de la vida y que todo está bajo su mirada. Y tal vez esa insatisfacción, ese pesar, actúa en ellas como motor para hacer mucho más bien a los demás que el que hubiesen hecho en sus vocaciones “perdidas”,  por decirlo de alguna manera. 

El encuentro con Dios siempre se da en el presente. Y a veces gastamos muchas energías creyendo que estamos donde no debemos estar. Y es aquí, y es ahora donde Dios vive en nosotros. Nada ni nadie puede hacer que ese fuego que habita en nuestro interior se apague.

María Jesús

La hermana autora del texto participó en la 3° reunión virtual y es participante activa de nuestra Fraternidad Monástica Virtual

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Enlace a la 3° Reunión virtual de miembros

Muy estimadas/os en Cristo Jesús.

Hoy lunes 27 de enero a las 20 horas de España, 16 horas de Argentina, 14 horas de Colombia y 13 horas de México central, haremos nuestra tercera reunión virtual en esta nueva etapa de la Fraternidad.

Aquí os dejamos el enlace de acceso a la misma:


Unirse a la reunión Zoom
https://zoom.us/j/3101503658

ID de reunión: 310 150 3658

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Homilía del Padre José

3º Tiempo Ordinario Ciclo A

Un Pueblo que camina en tinieblas y que ha visto una gran luz, esta es la expresión que emplea el profeta Isaías para manifestar la presencia de Dios en la historia. Algo parecido vemos en el Magnificat cuando María proclama que Dios ha mirado la humillación de su sierva y que, desde ahora, todos la llamarán dichosa, bienaventurada.
Dios trae la alegría, la salvación y la paz al Pueblo que ha experimentado la humillación del exilio y que ahora se siente liberado del pesado yugo Asirio al que había sido sometido. A nosotros esto nos muestra que la presencia de Dios en nuestra vida y en nuestra historia es siempre iluminadora en nuestra ceguera, y salvadora de nuestros yugos, esclavitudes y opresiones.

En la segunda lectura de San Pablo a los Corintios, 1,10-13.17, el Apóstol, se dirige a la comunidad que estaba profundamente dividida, con una expresión típica en él: «por el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo…poneos de acuerdo». Es en este Santo Nombre, en el que nos reunimos y en el que es posible la armonía fraterna. No hay otro nombre: ni Pedro, ni Pablo, ni Apolo en el que podamos encontrar la salvación. La razón de nuestro vivir, de nuestro convivir y conmorir, está en el que ha dado la vida por todos y ha resucitado, dándonos la paz y el perdón, para hacer de nosotros instrumentos de su amor: «luz para el mundo», por ello, la necesidad de mantenernos unidos a él por la oración, la escucha de la Palabra y la alabanza continua.

El Evangelio de Mateo 4,12-23, muestra como esa luz de Cristo, llega a todos, incluidos los gentiles. Allí, en tierra de gentiles, comienza Jesús su predicación con una llamada a la conversión, es decir a un estar abiertos continuamente a la voluntad de Dios, y allí llama también, a los primeros discípulos. El mensaje de Jesús no deja impasible, interpela, llama, pues por medio de él se nos manifiesta el poder de Dios Salvador: «anunciaba la Buena Noticia del Reino y curaba las enfermedades y las dolencias del Pueblo».
Mateo resume, la predicación de Jesús, en un escueto y breve programa: «convertíos porque está cerca el reino de Dios». En ello centra Jesús toda su predicación y esta será nuestra tarea como seguidores suyos.

Esto supone, que es necesaria una rectificación profunda en nuestra vida, que nos permita pasar de la esclavitud a la libertad que ofrece el Evangelio de Jesús. Esta rectificación o arrepentimiento-conversión, pasa por el reconocimiento de Dios como soberano que con su soberanía hace posible la comunión y la libertad de todos los hombres y mujeres del mundo. Con Jesús, esta soberanía de Dios, ha dado comienzo en la historia. Con él queda de manifiesto la paternidad de Dios que nos hace más humanos y más hermanos, pues él nos manifiesta eso: que Dios es «Padre Nuestro» y consecuentemente, todos nosotros, hermanos.
Que esta Palabra sea luz que ilumina las tinieblas y nos permita avanzar hacia la claridad del encuentro con Dios.

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3° Reunión virtual

Estimadas/os en el amor a Cristo Jesús y la vida monástica.

El próximo lunes 27 de enero a las 20 horas de España, 16 horas de Argentina, 14 horas de Colombia y 13 horas de México central, haremos nuestra tercera reunión virtual en esta nueva etapa de la Fraternidad que iniciamos en Noviembre del 2019.

Para los que ya habéis participado, el link es el mismo por la aplicación Zoom. De todas maneras dejaremos el enlace en este blog minutos antes del inicio. De acuerdo a la cantidad de comentarios e interacciones por correo, convendrá intercambiar acerca de la película “Ostrov”, que ha suscitado el interés de muchos de los miembros, debido a diversos matices sobre el pecado, la vida de oración y demás que conviene conversar. Dejaremos espacio libre luego para lo que surja conversar y al final haremos una oración en común. Os enviamos un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

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Película "Ostrov"

Hermanas y hermanos, aquí una película muy interesante donde La oración de Jesús y la vida monástica es protagonista. Si os parece comentad vuestras impresiones luego de verla seria interesante. Un saludo fraterno invocando a Jesús.

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Homilía del Padre José

2º Domingo Tiempo Ordinario, ciclo A – 19 de enero 2020

La primera lectura tomada de Is 49,3.5-6, nos presenta a un personaje que se le conoce como: el Siervo de Yavé. Nos preguntamos: ¿Quién es este personaje, elegido por Dios, íntegro en su fe y al que se le ha confiado una misión universal? ¿Qué rostro o qué nombre le daremos?
Juan el Bautista emplea una expresión para dirigirse a Jesús, que guarda relación con la del Siervo: «este es el cordero de Dios». De modo que podemos decir que lo que Isaías presenta como «Siervo» y lo que el Bautista presenta como «Cordero», guarda una relación.
Efectivamente, este Siervo al cual Dios dice: «te convierto en luz de las naciones para que mi salvación llegue hasta los confines de la tierra», encuentra su pleno cumplimiento en Jesús, luz venida al mundo para alumbrar a todos los hombres y Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. En él vemos nuestra esperanza y la esperanza del mundo cumplida.

San Pablo en la segunda lectura, habla de un Pueblo formado por todos aquellos «que invocan en cualquier lugar el nombre de Jesucristo». Este es un pueblo que tiene un origen apostólico y como distintivo la fraternidad: «yo Pablo, llamado por voluntad de Dios a ser apóstol y el hermano Sostenes». Pues bien, este pueblo es llamado por Pablo: «Iglesia de Dios», lo que nos permite hablar de otros nombres para designar a este siervo que se manifiesta en Cristo como son: Iglesia de Dios y Pueblo de Dios.

Este pueblo, como hemos dicho, tiene su fuerza en la invocación del nombre de Jesús, lo que lo distingue de los demás pueblos. En el Evangelio, hemos escuchado que Juan es el que da testimonio de Jesucristo, con esa expresión que le caracteriza: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Es más, sobre él se posa el Espíritu, por tanto, este es el «Hijo de Dios» y éste será finalmente, el nombre más preciso para designar al Siervo, que desglosado viene a ser así: Jesús, el Cristo, es decir el ungido por el Espíritu y en consecuencia, el Hijo de Dios.

Nos preguntábamos al principio acerca de quién sería este siervo, pues bien, esta figura del Siervo la vemos reflejada en Jesús, cuya presencia atraviesa la historia, como Cordero de Dios, como Pueblo de Dios, Ungido de Dios, Hijo de Dios, y llega hasta nosotros, llamados a seguir sus pasos poniéndonos al servicio los unos de los otros como él, que ha venido a servir y no a ser servido.

El Evangelio hace hincapié en el Siervo que como Cordero, quita el pecado del mundo y forma un pueblo de Hijos, que invocan su Nombre continuamente y al hacerlo atraen continuamente su salvación, su misericordia y su paz.
El es en definitiva, el Siervo que carga con nuestras miserias e incoherencias; con nuestros pecados y transforma con su Gracia, toda iniquidad en santidad, uniéndonos así al Padre, por la sangre de su cruz. En él, todos hemos sido llamados a nacer de nuevo por el agua y el Espíritu, y así hacer posible un mundo nuevo en el que la fraternidad sea el estatuto y el amor la única regla de vida.

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Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

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2° Vídeo presentación del Curso de Filocalía

Algunos párrafos de Casiano, El Romano

Aquí info sobre el curso

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Columna del Arzobispo de Los Ángeles

Sobre La Oración de Jesús

Publicada en el sitio original el 26/02/16

Al terminar esta columna me encuentro en El Paso, Texas. El día de hoy, un poco más tarde, voy a cruzar la frontera junto con mis hermanos obispos de Estados Unidos y nos uniremos a los obispos de México para celebrar una Misa con el Papa Francisco, en Ciudad Juárez.

Como ustedes lo han hecho, he estado siguiendo la peregrinación del Papa a México con oración y un profundo interés. Su homilía en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe fue hermosa, y me llamó la atención por su frase final.

En ésta, él nos llama a salir y continuar la misión de San Juan Diego, esa obra que consiste en hacer del Continente Americano un “santuario de Dios”. Y el Papa aclaró que deberíamos acompañar a la gente de nuestro tiempo con las obras corporales y espirituales de misericordia.

“Y, sobre todo, roguemos y oremos a Dios”, dijo el Papa Francisco. “Y en el silencio digámosle lo que está en nuestro corazón”.

Por encima de todo, hay que orar.

El Papa nos recuerda que la oración no es un escape, no nos aparta de la vida. La oración nos sumerge, más profundamente, dentro del misterio del plan de Dios para la historia. La oración nos impulsa a buscar el rostro de Dios en el rostro de nuestros hermanos y hermanas; la oración nos llena de sentimientos de responsabilidad hacia la misión de compartir la promesa de la salvación de Cristo y la sanación con nuestros hermanos y hermanas dentro de la Iglesia.

El corazón de la misión cristiana y el corazón de la oración cristiana es el nombre de Jesús.

“Jesús” es el nombre divino revelado por Dios. Este nombre es santo, es el nombre que está por sobre todo nombre, y es el único nombre bajo el cielo por el cual podemos ser salvados. Los apóstoles predicaron y curaron en el nombre de Jesús, y echaron fuera demonios e hicieron milagros en su nombre.

Y los primeros ermitaños y monjes cristianos nos dejaron la tradición de usar el nombre de Jesús como una oración. Esta es una hermosa tradición que quiero recomendarles que incluyan dentro de su vida de oración.

Los católicos bizantinos y los cristianos ortodoxos orientales han estado siempre asociados a la que es conocida como “oración de Jesús”. En su forma clásica, la oración dice: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, que soy un pecador”.

Pero la oración al santo nombre de Jesús tiene una larga tradición dentro de la Iglesia, y ha sido recomendada por Santos como Bernardo de Claraval y Bernardino de Siena. Cuando yo era adolescente, aprendí a orar diciendo: “Jesús, Jesús, se para mí siempre Jesús” (es decir, mi Salvador). Ésta es una hermosa y poderosa oración que todavía hago con mucha frecuencia.

Muchos cristianos practican la oración de Jesús repitiéndola lenta y suavemente mientras se concentran en el ritmo de su respiración. Por ejemplo, al inhalar dicen: “Señor, Jesucristo”, y al exhalar: “Hijo de Dios”. Al inhalar nuevamente, dicen: “Ten piedad de mí”, y al exhalar, “que soy un pecador”.

Pero la oración de Jesús no pretende ser una técnica de relajación o un hechizo mágico que repetimos con el fin de llamar a Dios. El punto importante de ella es ponerse uno mismo en la presencia del Dios vivo, en una actitud de humildad, amor y adoración, siendo conscientes de su cercanía, de que está presente dentro de nosotros y en toda la creación.

Me gusta la Oración de Jesús, porque nos ayuda a ofrecernos a Dios y a abrir el corazón a su misericordia. Todos y cada uno pueden decir la Oración de Jesús, en cualquier momento y en cualquier lugar, en el trabajo o en la escuela, al esperar el autobús, o al preparar la cena, al ayudar a los niños con su tarea o al salir a caminar. En cualquier lugar.

Con esta oración podemos santificar nuestro tiempo, haciendo del nombre de Jesús una especie de “música de fondo” espiritual para todo lo que hacemos durante el transcurso del día.

En su propia oración, puede ser que ustedes prefieran simplemente orar diciendo sólo el santo nombre de Jesús. De hecho, el Catecismo de la Iglesia Católica lo recomienda, diciendo que “la invocación del Santo Nombre de Jesús es siempre la manera más sencilla de orar”.

Ustedes pueden orar con el santo nombre de Jesús tal como lo harían con la Oración de Jesús, repitiendo su nombre en sus corazones, diciéndolo una y otra vez, en silencio, con amor y reverencia.

Decir su nombre los pone ante su presencia y su poder. Orar diciendo “Jesús” es acogerlo en nuestras vidas como el Hijo de Dios que murió y resucitó por nosotros y que sigue iluminando nuestros corazones y conduciéndonos por los caminos de este mundo.

Al repetir su nombre frecuentemente a lo largo de todo el día, ustedes unirán sus acciones a la obra de Él en el mundo, y eso los ayudará a conformar más sus acciones según el pensamiento y el corazón de Cristo, ajustando su voluntad con la de Él y sus propósitos con los propósitos que Él tiene.

De modo que esta semana, oremos unos por otros en el nombre de Jesús.

Y pidámosle a la Virgen de Guadalupe que nos acompañe. Que vele por nuestras familias y por todos los pueblos del Continente Americano, especialmente por las personas del pueblo mexicano, donde quiera que estén viviendo.

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)

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Acerca de la reunión del día 13 de enero

Estimadas/os hermanas/os en Cristo Jesús.

Ayer tuvimos nuestro 2°encuentro virtual en esta nueva etapa de la Fraternidad. Fue muy agradable e interesante. Pese a que muchos recién estamos conociendo esta tecnología de comunicación, pudimos, gracias a Dios, llevar adelante un rico intercambio. Conversamos acerca del texto de Evagrio que estaba pautado, algo también del texto sobre el monacato Athonita que compartimos días atrás y hubo testimonios de algunas vivencias personales en el marco de nuestra vida cristiana. Quedó clara la necesidad de la Fraternidad y la alegría del encuentro con hermanos que buscan a Cristo en el corazón.

Hubo miembros presentes desde España, México, Estados Unidos, Argentina, Suecia y es probable que olvide algún país de procedencia. En el momento de mayor asistencia fuimos 16 hermanos congregados a la distancia en torno al amor por la vida monástica.

Explicitamos que cualquier miembro de la Fraternidad puede enviar textos, vídeos o aportes en formato diverso que serán compartidos en el blog, sin más limitación que la de la temática que nos reúne. Enfatizamos en la necesidad de participar a través de los comentarios para mantener la fluidez del contacto, que facilita nuestro diario caminar. Algunos hermanos destacaron la utilidad que representaban para ellos los ejercicios espirituales del peregrino ruso. Hicimos finalmente una oración a modo de cierre del encuentro invocando la ayuda de Dios para todos.

La próxima reunión está prevista para el lunes 27 de enero. Estos dos textos que enlazamos a continuación pueden servir como eje temático para nuestro intercambio. Un saludo fraterno para todas/os invocando siempre el Santo Nombre del Señor Jesús.

Indicios de lo sagrado

Ascesis

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Aviso a los miembros de la Fraternidad

Estimadas/os en el amor a Cristo Jesús.

Quienes vayan a participar de la reunión de mañana, enviadnos un correo a bloghesiquia@gmail.com para devolveros el enlace que os permita ingresar a la misma. El horario previsto para la reunión es:

Nuestra segunda reunión virtual será el lunes 13 de enero desde las – 20 hs. de España – 16 hs. de Argentina – 13 hs. de México.

Os dejamos aqui un enlace a este vídeo que nos ha parecido portador de interesantes contenidos, en lo que respecta a la entrega a la voluntad de Dios. Fijaos que tiene subtítulos en español. Saludos invocando a Jesucristo.

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El bautismo de Jesús

Homilía del Padre José – Ciclo -A – 12 de enero de 2020

Son pocas las ocasiones en las que aparece Dios Padre en los Evangelios. En la escena del Bautismo se nos dice que: «Se oyó una voz del cielo: Este es mi hijo amado, escuchadle». También se nos dice que: «Se abrieron los cielos y se vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma que venía sobre él». Estamos pues ante una Teofanía, es decir una manifestación de Dios y todo ello nos hace ver que, sin duda, estamos ante un acontecimiento fundamental en la vida de Jesús.

En la primera lectura tomada de Isaías 42,1-4,6-7, se nos habla de un personaje misterioso que por sus rasgos encarna al pueblo de Dios o a algunos de sus personajes históricos y con el que Jesús se identifica. Viene a salvar y a librar al hombre del mal no a condenar ni a aniquilar. «No romperá la caña cascada ni apagará la mecha que se extingue, son símbolos que todos entendían, pues, el pregonero real cuando anunciaba una condena a muerte apagaba el farol y rompía una caña. Este en cambio, animado por el Espíritu, librará al hombre en su ser más íntimo, pues como señala el texto: los ciegos recuperarán la vista y podrán caminar hacia la vida que perdura, los prisioneros recobrarán su libertad, la de hijos de Dios redimidos y amados.

Así se entiende el testimonio de Pedro en Cesarea, en casa de Cornelio, que recoge la segunda lectura de Hechos 10,34-38. Toda la vida de Jesús, marcada por la Unción del Espíritu de Dios, ha sido un paso entre los hombres para comunicarles el amor del Padre hasta dar su vida por el perdón de los pecados y la salvación de todos, incluidos los paganos como ocurre con el centurión Cornelio.

El Evangelio de Mt 3,13-17, nos coloca ante la escena del Bautismo de Jesucristo y denota hasta qué punto los primeros cristianos no entendieron este gesto de Jesús, pues pensaban que Jesús no tenía necesidad de bautizarse y además parecía que Juan Bautista era superior a Jesús. Pero el plan de Dios preveía también esto y Jesús se somete a la voluntad del Padre y también se pone de manifiesto así su condición de siervo que acepta la condición humana.

La escena teofánica, es muy rica en signos, pues pone de manifiesto que cielo y tierra se unen. La imagen de la paloma, que simboliza a Israel, ahora nos indica que estamos ante una nueva creación y una nueva humanidad en Cristo, en la que el Espíritu obra y en la que va a poner su morada.

Así, por una parte, es Jesús el que nos lleva al verdadero conocimiento de Dios por medio del Espíritu. Gracias a él, nosotros tenemos acceso al Padre. Por otra, el bautismo cristiano a diferencia del de Juan, nos convierte en Hijos. Todos los bautizados somos Hijos esperados y amados, sobre los que se posa el Espíritu del Señor y somos llamados como la primera comunidad cristiana, a dar testimonio de que Cristo es el Señor, con nuestra vida y con nuestra oración continua, afirmando, que en su Nombre se nos da la salvación, el perdón y la vida eterna.

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Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

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Encuesta a los miembros de la Fraternidad

Hermanas/os, los que elegís la opción “otros” hagan un comentario respecto de cuál es la opción que os parece bien. De ese modo el dato “otros” no quedará solo en la estadística. Un saludo fraterno invocando a Jesucristo.

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Texto completo del apartado extraído de Filocalía

En referencia al post respectivo y a los comentarios de José y Rebeca

A propósito del discernimiento de las pasiones y de los pensamientos

Entre los demonios que se oponen a la práctica de las virtudes, los primeros que adoptan una actitud de guerra son aquellos que ostentan las pasiones por el buen comer, los que nos insinúan el amor por el dinero, y los que nos estimulan a buscar la gloria que proviene de los hombres. Todos los demás vienen detrás de éstos y reciben a los que han sido heridos por ellos.

Efectivamente, es poco probable que se caiga en manos del espíritu de la fornicación si no se cayó antes por gula. Y no hay quien, habiendo sido turbado por la ira, no se haya previamente encendido por los placeres de la buena mesa, por las riquezas o por la gloria. Y no hay modo de huir del demonio de la tristeza, si no se soporta la privación de todas estas cosas. Así como nadie puede huir del orgullo, primera camada del diablo; si no se ha erradicado antes la raíz de todos los males, que es el amor por el dinero, si es verdad, como dice Salomón, que la indigencia hace al hombre humilde (Pr 10:4).

En breve: no sucede que el hombre tropiece con el Demonio, si antes no ha sido herido por esos tres males principales. Y también delante del Salvador, el Diablo antepuso estos tres pensamientos: primeramente exhortándolo a convertir las piedras en panes, luego prometiéndole el mundo si se postraba a sus pies, adorándolo, y como tercera cosa, lo tienta con la posibilidad de que la gloria lo cubriría si, cayendo de las almenas del templo, los ángeles lo recogen y lo salvan, como Hijo de Dios que es. Pero nuestro Señor, mostrándose superior a todo esto, ordenó al Diablo que se alejara de Él, enseñándonos así que no es posible rechazar al Diablo si no se desprecian estos tres pensamientos.

Todos los pensamientos demoníacos introducen en el alma conceptos relativos a objetos sensibles, y el intelecto, compenetrándose de ellos, imprime en sí mismo las formas de esos objetos. El alma reconoce, entonces, al demonio que se asocia al objeto mismo. Por ejemplo: si en mi mente se presenta la fisonomía de quien me ha agraviado u ofendido, es evidente que surgirán en mí pensamientos de rencor. Si surgiera el recuerdo de las riquezas o de la gloria, recordaré claramente por el objeto, cuál es el motivo de mi angustia. Lo mismo sucede con los otros pensamientos: por el objeto descubrirás quién es el que viene a insinuarlos. Sin embargo, no quiero decir que todo recuerdo de tales objetos provenga de los demonios. Porque es el intelecto mismo, accionado por el hombre, el que produce las imágenes de los acontecimientos. Provienen de los demonios aquellos recuerdos que suscitan la ira o la concupiscencia contra natura.

Con motivo de la turbación que causan estas potencias, el intelecto, mediante el pensamiento, comete adulterios y se embarca en guerras, porque no puede acoger la imagen de Dios, su legislador. En efecto, esa luminosidad se manifiesta al principio fundamental del alma en el tiempo de la plegaria, en la medida en que ésta se despoje de los conceptos relativos a los objetos.

El hombre no puede rechazar los recuerdos pasionales si no presta atención a la concupiscencia y a la cólera, disipando a la primera con ayunos, velando y durmiendo en el suelo, y calmando a la segunda con actos de soportación, de paciencia, de perdón y de misericordia. De las pasiones antedichas surgen casi todos los pensamientos demoníacos que empujan al intelecto a la ruina y a la perdición. Pero es imposible superar estas pasiones si no se desprecian totalmente los manjares, las riquezas y la gloria y aun el propio cuerpo, con motivo de aquellos pensamientos que tan a menudo lo flagelan.

Es absolutamente necesario, pues, imitar a aquellos que se encuentran en el mar, en peligro, y que echan por la borda los aparejos a causa de la violencia de los vientos y de las olas. Pero llegados a este punto, debemos guardarnos de desprendernos de los aparejos para ser mirados por los hombres, o habremos ya recibido nuestra merced, ya que otro naufragio más terrible que el primero nos afligirá, y entonces soplará el viento contrario, el del demonio de la vanagloria. Por tanto, también el Señor nuestro de los Evangelios, impulsando a nuestro intelecto que es el capitán del barco, nos dice: Mirad que no hagáis vuestra justicia delante de los hombres, para ser visto por ellos: de otra manera no tendréis merced de vuestro Padre que está en los Cielos (Mt 6:1). Y dice además: Y cuando recéis, no seáis como los hipócritas; porque ellos gustan de orar en las sinagogas y en los cantones de las calles, de pie para ser vistos por los hombres: por cierto os digo, que ya tienen su pago (Mt 6:5-16).

Pero en este punto debemos prestar atención al médico de las almas y observar como él cura la cólera con la limosna, y con la oración purifica el intelecto, y aún mas, diseca con el ayuno la concupiscencia: de este modo surge el nuevo Adán, quien se renueva a imagen de Aquel que lo ha creado, en el cual no existe – con motivo de la impasibilidad – ni macho ni hembra, y – basados en la única fe – ni griego ni judío, ni circunciso ni incircunciso, ni bárbaro ni escita, ni esclavo ni liberto, sino que todo está en Cristo.

de Evagrio el monje, en Filocalía

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Día 6 de los ejercicios espirituales

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Fiesta de la Epifanía

Homilía del Padre José – 6 de enero de 2020 –

La fiesta de la Epifanía, tradicionalmente conocida como fiesta de los Reyes Magos, nos coloca ante una realidad muy presente en los profetas: el universalismo y la unidad de todos los pueblos en camino hacia Jerusalén. En la primera lectura de: Is. 60,1-6 se nos decía: «A tu luz caminarán los pueblos y los reyes al resplandor de tu aurora». Así pues, el plan de Dios concierne a todos los pueblos y Dios mismo los atrae hacia él. En el nacimiento de Jesús, los evangelistas ven que esto se ha cumplido pues él es el Rey universal a quien los magos vienen a adorar. Ellos son personajes ilustres, primicia de los pueblos paganos, que exaltan la dignidad de Jesús, le reconocen su realeza y le ofrecen sus dones.

Mientras tanto, Herodes y las autoridades de Jerusalén, se turban ante la noticia del nacimiento del mesías y lo buscan para matarlo de modo que tiene que huir a Egipto, de forma, que Jesus se convierte en signo de contradicción: Por un lado, es marginado por su pueblo y por otro es buscado con esperanza por los de lejos. Tampoco nacerá en Jerusalén, como cabría esperar, sino en Belen, que se convertirá como nos recordaba la profecía en la nueva Sion, la ciudad universal de las de las naciones, mientras que Jerusalén es descartada y el nuevo pueblo de Dios, heredero de las antiguas promesas, será la continuación del Antiguo y está formado por todos aquellos que guiados por la fe, como los Magos por la estrella, invocan el nombre de Jesus y lo reconocen como Rey y Señor.

Este es el misterio del que nos habla San Pablo en la segunda lectura: «que todos los pueblos comparten la misma herencia, son miembros de un mismo cuerpo y participan de la misma promesa hecha por Cristo Jesús a través del Evangelio». Así pues, mediante la comunión con Jesús, cabeza de la Iglesia, es posible la comunión auténtica de todos los hombres. Invocar su Santo Nombre, es reconocerle como Señor y así, hacer posible la unidad y la paz universal que tanto han buscado los hombres y mujeres de todos los tiempos.

En la invocación de su Santo Nombre nos sabemos llamados a vivir y promover la paz como verdaderos hermanos y a permanecer unidos en él como hijos de un mismo Padre. Como de la vida de comunión y de amor entre el Padre y el Hijo ha derivado la misión de Jesús, así, de nuestra intimidad con él, brota la misión que nos incumbe a todos los que hemos creído en su Santo Nombre: crear la unidad entre todas las razas, pueblos y lenguas.

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Segundo Domingo después de Navidad

Homilía del Padre José – 5 de enero de 2020

En la primera lectura de Eclesiástico 24,1-4.8-12, la Sabiduría se nos presenta unida a
Dios, pero al mismo tiempo distinta de él. Se identifica, como persona con la Palabra de
Dios y como símbolo con la niebla que cubre la Tierra, semejante al Espíritu de Dios
que se cernía sobre el caos primordial de la creación (Gen. 1,12)


Para nosotros, esta sabiduría es Jesucristo, Verbo encarnado, la Palabra última y
definitiva de Dios, la auténtica sabiduría hecha visible. Todo se nos ha dado por medio
de él, nos decía San Pablo en la segunda lectura de Efesios 1,3-6.15-18. Exactamente:
«nos ha bendecido por medio de Cristo con toda clase de bienes espirituales de forma
que nuestro destino es estar en su presencia como verdaderos hijos y seamos así
alabanza viva de su gloria». Vemos así, que, aunque Dios ha dispuesto la salvación del
hombre, el objetivo último de la historia de la salvación es la gloria de Dios, así lo
vemos reflejado en el Salmo 115: «no a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre
da la gloria». Dios recibe gloria cuando alabamos su Nombre Santo.

María en el Magníficat, insiste: «su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Ser alabanza “viva” del Dios “vivo” mediante la
pronunciación de su santo nombre, es a lo que nos sentimos llamados como cristianos.
Este nombre es para nosotros: “Jesús”. «le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará
al pueblo de los pecados» dirá el Ángel a José.

Este es, como nos decía el Evangelio, que es el mismo de la misa de Navidad y el del 31 de Diciembre, el Verbo que se hace carne, es decir, el que se ha hecho hombre en la debilidad, fragilidad e impotencia del rostro de Jesús, mostrándonos así el amor infinito de Dios. En él contemplamos la gloria de Dios, que no es una gloria como la de Moises, que nos dio la Ley, sino la de Jesús, que nos dio la Gracia, la cual nos hace libres porque nos convierte en hijos amados y si hijos, herederos, por voluntad de Dios.


El nuevo año que hemos comenzado, nos recuerda esta vida nueva que Jesús nos da y
que es una vida de comunión con Dios, al que llamamos Padre y de comunión con los
demás a los que llamamos hermanos. Jesús, Palabra viva del Padre nos enseña lo que vale realmente en la vida, esto es, escuchar esta Palabra que resuena en lo más profundo de nuestro ser, pues como dice San Agustín: «he aquí el gran secreto: el sonido de la palabra golpea nuestros oídos, pero el maestro se encuentra en lo más íntimo». Que la oración continua nos permita encontrarnos con el Maestro.

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A propósito del discernimiento de las pasiones y de los pensamientos

Texto de estudio e intercambio – 4 –

Entre los demonios que se oponen a la práctica de las virtudes, los primeros que adoptan una actitud de guerra son aquellos que ostentan las pasiones por el buen comer, los que nos insinúan el amor por el dinero, y los que nos estimulan a buscar la gloria que proviene de los hombres. Todos los demás vienen detrás de éstos y reciben a los que han sido heridos por ellos.

Efectivamente, es poco probable que se caiga en manos del espíritu de la fornicación si no se cayó antes por gula. Y no hay quien, habiendo sido turbado por la ira, no se haya previamente encendido por los placeres de la buena mesa, por las riquezas o por la gloria.

Y no hay modo de huir del demonio de la tristeza, si no se soporta la privación de todas estas cosas. Así como nadie puede huir del orgullo, primera camada del diablo; si no se ha erradicado antes la raíz de todos los males, que es el amor por el dinero, si es verdad, como dice Salomón, que la indigencia hace al hombre humilde (Pr 10:4).

En breve: no sucede que el hombre tropiece con el Demonio, si antes no ha sido herido por esos tres males principales. Y también delante del Salvador, el Diablo antepuso estos tres pensamientos: primeramente exhortándolo a convertir las piedras en panes, luego prometiéndole el mundo si se postraba a sus pies, adorándolo, y como tercera cosa, lo tienta con la posibilidad de que la gloria lo cubriría si, cayendo de las almenas del templo, los ángeles lo recogen y lo salvan, como Hijo de Dios que es.

Pero nuestro Señor, mostrándose superior a todo esto, ordenó al Diablo que se alejara de Él, enseñándonos así que no es posible rechazar al Diablo si no se desprecian estos tres pensamientos.

Todos los pensamientos demoníacos introducen en el alma conceptos relativos a objetos sensibles, y el intelecto, compenetrándose de ellos, imprime en sí mismo las formas de esos objetos. El alma reconoce, entonces, al demonio que se asocia al objeto mismo. Por ejemplo: si en mi mente se presenta la fisonomía de quien me ha agraviado u ofendido, es evidente que surgirán en mí pensamientos de rencor. Si surgiera el recuerdo de las riquezas o de la gloria, recordaré claramente por el objeto, cuál es el motivo de mi angustia. Lo mismo sucede con los otros pensamientos: por el objeto descubrirás quién es el que viene a insinuarlos.

Sin embargo, no quiero decir que todo recuerdo de tales objetos provenga de los demonios. Porque es el intelecto mismo, accionado por el hombre, el que produce las imágenes de los acontecimientos …

Evagio el Monje. (La Filocalia)

Estimadas/os en Cristo: ¿Qué os suscita el texto? ¿Queréis hacer algún aporte, consulta o comentar algo?

Si queréis participar activamente de la Fraternidad, sería bueno que asistieras a la próxima reunión virtual a través de la aplicación “Zoom”.

La realizaremos el lunes 13 de enero

desde las – 20 hs. de España – 16 hs. de Argentina – 13 hs. de México –

Ejercicios espirituales de 30 días

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Invitación a los miembros

Hermanas/os de la Fraternidad: Más allá de los textos, la reunión próxima y las actividades que aquí compartamos, aquellos que lo deseen pueden participar de los 30 días de ejercicios espirituales con El Peregrino ruso y La Oración de Jesús en elsantonombre.org

Un abrazo fraterno para todos haciendo oraciones por un año pleno de gracia y comunión fraterna.

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Santa María Madre de Dios.

Homilía del Padre José – 1° de enero de 2020


La fiesta del uno de Enero, está dedicada a Santa María Madre de Dios. Es Una de las fiestas más antiguas dedicadas a María y que Pablo VI recuperó y la colocó en este día de la octava de navidad y primero de año.
Comenzamos así el año en el tiempo, celebrando que María es madre de Dios, el título más grande que se le puede dar, pues por ella, Dios ha venido a nosotros y se nos ha dado en el tiempo.
El tiempo es para nosotros en consecuencia, oportunidad de crecimiento en nuestro ser personal y en el conocimiento de Dios que sacramentalmente se hace presente en el tiempo y así se convierte en lugar de salvación y de encuentro con él Señor por medio de la oración.
Al finalizar el año nos preguntamos: ¿Qué he hecho con el tiempo dado? y al comenzar un nuevo año nos seguimos preguntando: ¿Qué voy a hacer con el tiempo que se me da? Más aún: ¿doy gracias a Dios por el tiempo que me concede de manera que cada día es para mí una nueva oportunidad de encuentro con Dios y con los demás?
Desde hace unos años, el uno de Enero, celebramos también el día mundial de oración por la paz. El lema de este año es: «la paz como camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica».

Una vez más se nos invita a pensar que la paz es un don, que no es simplemente el resultado de la guerra, como decían los antiguos, sino que más bien, la guerra es el indicativo de que en nosotros no hay paz y desde la no paz, no es posible construir ni esperar la paz.
Para hablar de paz debemos acudir a lo que los judíos llaman: Shalom y los griegos: Hesiquia. Tanto el Shalom como la Hesiquia no solo significan ausencia de conflictos o de guerras sino el deseo de que Dios, dador de todo bien, esté en nosotros y nos conceda todo lo que necesitamos, especialmente la paz y la unión con él.

En la primera lectura escuchábamos la fórmula de bendición que se empleaba y que recoge lo que es Dios para su pueblo: bendición y paz; un entrar en armonía, con nosotros, con los demás y con toda la creación. Un descansar en él.
Pidamos al finalizar y al comenzar un nuevo año, que podamos vivir en esta paz que procede de Dios, que la hagamos realidad con nuestro trabajo y oración. En una palabra, que el Señor nos acompañe, nos bendiga y sea nuestra paz.

 El autor de las homilías es el Padre José A. Heredia Otero O.P. y miembro de nuestra Fraternidad Monásica Virtual 

La torre inexpugnable

La ausencia de Su Presencia

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Homilía del Padre José – 29 de diciembre 2019

2º de Navidad – Ciclo A – (Sagrada Familia)

En la fiesta de la Sagrada Familia nuestra mirada se dirige hacia el hogar de Nazaret donde Jesús, María y José llevan una vida humilde y sencilla en la que abunda el sentido de las cosas y consiguientemente, la santidad.
La primera lectura del libro del Eclesiástico (3,2-6.12-14) es un desarrollo del cuarto mandamiento de la ley de Dios. Nos muestra la manera de llevar una vida santa en el entorno familiar al poner en relación el honrar a Dios y el honrar a los padres, de manera que respetarlos y cuidarlos es obedecer a Dios.

Del mismo modo, no apiadarse de ellos y abandonarlos en el momento de la prueba es despreciar al Señor. Así, no solo el respeto sino también, la ayuda, el afecto, la estima y la atención a los padres significa hacer la voluntad de Dios, lo que es también fuente de recompensa como: una vida larga, la remisión de los pecados, el ser escuchados en la oración y la seguridad de ser acogidos en el futuro por parte de Dios.

El Evangelio (Mt 2,13-15.19-23) Narra la huida a Egipto de la Sagrada Familia. Más allá de las circunstancias, sin duda, complicadas, que tuvieron que atravesar, este Evangelio nos muestra que Jesús es el nuevo Moisés que experimenta su misma suerte, pues él, al igual que Moisés es perseguido y debe huir, pero regresa posteriormente a
Israel, concretamente a Nazaret, de manera que así se cumple la profecía: «será llamado Nazareno». Jesús aparece así, como el Mesías humilde que cumple las esperanzas del pueblo y las promesas de Dios.
La segunda lectura (Col 3,12-21) nos presenta todo un programa de vida cristiana en donde San Pablo, expone una serie de virtudes que merece la pena recordar tales como: la compasión, la bondad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia, el perdón, la acogida mutua… pero hay algo que lo engloba todo, lo supera y que nos llama la atención: «todo cuanto hagáis o digáis, hacedlo en nombre de Jesús, el Señor, dando gracias a Dios, Padre por medio de él». Este criterio, como hemos dicho, no anula lo anterior, pero lo supera y perfecciona.

El Santo Nombre de Jesús, nos pone pues, en relación con el mismo Señor y con su forma de vida libre y obediente al Padre. En una palabra: Jesús nos hace libres para amar y él es el lazo de unión de toda familia cristiana.
Podemos concluir que la sagrada familia no era una familia sin problemas, pero la presencia de Dios le comunicó: sabiduría, fortaleza, serenidad y paz interior.

El autor de las homilías es el Padre José A. Heredia Otero O.P. y miembro de nuestra Fraternidad Monásica Virtual

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Prácticas contemporáneas del monacato en el Monte Athos

Texto de estudio e intercambio – 3 –

Hermanas/os aquí un texto que os interesará que podemos tener leído para nuestra reunión virtual de enero/2020 donde podremos intercambiar impresiones sobre el mismo. Un abrazo fraterno invocando a Jesucristo.

Hacer click aquí

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El espíritu de la tristeza y Vídeo sobre el curso

de Casiano, el romano, en Filocalía

Nuestra quinta batalla es contra el espíritu de la tristeza que oscurece el alma y no le permite ninguna contemplación espiritual, impidiéndole toda obra buena. Cuando nuestro espíritu malvado aferra el alma y la obnubila, no le permite cumplir sus oraciones con buena disposición de ánimo ni perseverar en el provecho que traen las sagradas lecturas, no permite que el hombre sea humilde y tierno hacia sus hermanos, en pocas palabras, le genera odio por cualquier tipo de actividad y por la promesa misma de la vida.

Quiero decir esto: la tristeza, confundiendo todas las saludables decisiones del alma, aflojando su vigor y su constancia, la vuelve estúpida y la paraliza, sostenida por el pensamiento de la desesperación. Por tanto, si estamos dispuestos a combatir la batalla espiritual y, junto a Dios, vencer a los espíritus de la malicia, deberemos custodiar nuestro corazón con toda posible vigilancia contra el espíritu de la tristeza. Así como la polilla roe el traje, y el gusano la madera, así la tristeza carcome el alma del hombre. Ésta induce a retirarse de toda buena conversación y no nos permite aceptar una buena palabra de consejo, ni siquiera de amigos sinceros, ni a su vez darles una respuesta buena o pacífica; por el contrario, envuelve toda el alma colmándola de amargura y de tedio.

También le sugiere rehuir de los hombres, como si éstos fueran culpables de su turbación. No le permite reconocer que su mal lo lleva dentro y que no le viene del exterior; se manifiesta cuando, estimulada por las tentaciones, es llevada a la superficie. Nunca un hombre causará daño a otro si no lleva en sí mismo las causas de las pasiones. Por este motivo, Dios, creador de todas las cosas y médico de las almas, Él, que es el único que conoce con precisión las heridas del alma, no nos manda abandonar nuestras relaciones con los hombres, sino que eliminemos en nosotros mismos las causas de la malicia y reconozcamos que la salud del alma no se practica por la separación nuestra de los hombres, sino cuando vivimos y nos ejercitamos junto a los virtuosos.

Cuando abandonamos a los hermanos con un pretexto cualquiera – ¡razonable, por supuesto! – no hemos eliminado las ocasiones que producen la tristeza, las hemos solamente cambiado por otras, porque el mal que se ha instalado dentro de nosotros las renueva sirviéndose incluso de objetos diversos. Por tanto, toda nuestra guerra deberá ser llevada a cabo contra nuestras pasiones íntimas. Una vez que, con la gracia y la ayuda de Dios, las hayamos echado de nuestro corazón podremos vivir fácilmente, no digo con los hombres, sino también con las bestias salvajes, según lo dicho por el bienaventurado Job: Estarán en paz contigo las bestias salvajes (Jb 5:23).

Antes que nada, deberemos luchar contra el espíritu de la tristeza que empuja el alma a la desesperación, a fin de echarlo de nuestro corazón. Porque es éste el espíritu que no ha permitido a Caín arrepentirse después del asesinato de su hermano, ni a Judas después de la traición al Señor. Practicaremos solamente esa tristeza que es necesaria para la conversión de nuestros pecados, unida a una buena esperanza. Y de ésta el Apóstol nos dice: La tristeza según Dios produce una conversión saludable de la que no nos arrepentiremos (2 Co 7:10).

Porque la tristeza según Dios al nutrir al alma con la esperanza de la conversión, se halla mezclada con la alegría. Por tanto, el hombre se torna dispuesto y obediente en cada obra buena; se torna afable, humilde, manso, paciente, capaz de soportar toda buena fatiga y toda aflicción, todo lo que es según Dios. Y por esto se reconocen en el hombre los frutos del Espíritu Santo, es decir, la alegría, el amor, la paz, la paciencia, la bondad, la fe, la continencia. De la tristeza contraria reconoceremos los frutos de un espíritu malo que son: el tedio, la intolerancia, la cólera, el odio, la contradicción, la desesperación, la pereza en la oración.

De una tristeza tal, deberemos huir como de la fornicación, del amor al dinero, de la cólera y otras pasiones. Esa tristeza se cura con la oración, la esperanza en Dios, la meditación de las divinas palabras y viviendo con hombres píos.

Extraído de Filocalía

Hermanas/os os dejo aquí el link al vídeo de hermana Lourdes que nos da alguna información sobre el curso de Filocalía que comienza en enero/2020. Mientras os sea posible participad con vuestros comentarios, dudas e inquietudes, para que la Fraternidad vaya tomando mayor dinámica. Un saludo fraterno para todos/as en estos gozosos días de la Natividad de Nuestro Señor Jesús.

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Navidad 2019

Estimados/as hermanos/as de la Fraternidad Monástica Virtual:

Que en la Natividad de nuestro Señor Jesucristo, alumbre en el corazón de todos un fuerte deseo de unión con Dios. Que la gracia nos inflame en la firme decisión de orar sin cesar y de vivir conforme a la enseñanza evangélica, en espíritu y en verdad.

Os dejamos un enlace al texto “Los sentidos espirituales” en la nueva página. Invocamos el Nombre de Jesús para que el ejercicio del amor sea nuestro comportamiento natural.

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La homilía del Padre José

4º Adviento A *


En la primera lectura que hemos escuchado, Isaías anima a Acaz a tener fe, a estar tranquilo en medio de una situación difícil y en la que Dios parece no ser tenido muy en cuenta ante esa situación delicada.

En cambio, Dios mismo se ofrece a dar un signo pero curiosamente Acaz lo rechaza, pues en el fondo no quiere dejarse guiar por Dios y es aquí donde surge la cuestión de fondo ¿Acaso Dios no tiene nada que ver con las grandes cuestiones que afectan al mundo, nuestra vida, nuestra historia o es solo aquel que adoramos cuando vamos al templo y nada más?


Para responder a esta pregunta Dios ofrece un signo: un niño nacido de una virgen y que tiene por nombre Enmanuel, que significa Dios con nosotros ¿qué nos dice este signo frágil y fuerte a ala vez? Pues nos dice que Dios cuida de todos y cada uno de nosotros y que no es ajeno a nuestro devenir.
El Evangelio a continuación nos dirá que esta profecía que hemos escuchado se cumple en María de la cual nacerá Jesús. El es verdadero hombre, insertado en la historia, pero su nacimiento es obra del Espíritu Santo, por ello es a la vez el Dios con nosotros, el Enmanuel.


José, descendiente de David es el que le pone un nombre. Esa era la función del Padre, más allá de la de la generación física. De ahí que, por él, Jesús sea también hijo de David. Pero José como queda claro en el relato, es el hombre de la fe, ese es su gran distintivo.
José nos muestra que solo por la fe podemos entrar en el misterio de Dios. El es el hombre del silencio, por eso es también el hombre de la escucha y es el hombre de la fe y de la esperanza.

La segunda lectura nos muestra que Jesús resucitado es el mediador de la Nueva Alianza. Por él Dios nos ha llamado y nos ha destinado a ser hijos y a formar un pueblo Santo. Gran alegría se nos da al haber sido destinados por Cristo a ser santos y amados de Dios.
Esto es lo que vamos a celebrar estos días de Navidad, que por medio del que nace en Belén, en la debilidad de nuestra carne, que muere pero que resucita. Es por Él que a nosotros se nos da la filiación, la vida eterna, el perdón de los pecados, la santidad.

En él encontramos todo lo que necesitamos para vivir una vida sobria, honrada y religiosa. Por Él estamos destinados a Dios como único fin.
Que la Eucaristía una vez más nos renueve y nos disponga a celebrar con alegría y animo las próximas fiestas de Navidad.

22 de diciembre de 2019
Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

  • Dios mediante, contaremos con las homilías del Padre José cada domingo a primera hora del día.
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La vanagloria

de Casiano, el romano, en Filocalía

Estimadas/os en el amor a Cristo y la vida monástica. Mientras preparamos el curso de Filocalía (pronto lo presentaremos con un vídeo de la hermana Lourdes) nos ha parecido interesante recordar este texto de Casiano, que tanto nos toca a todos.

Les dejo aquí el enlace hacia el texto, en la nueva página que estamos construyendo, que tiene nuevas funciones y capacidades que vendrán bien para nuestras reuniones e intercambios. Y también el enlace a un texto que sirve para preparar la Navidad de nuestro Señor en el corazón.

Sería bueno que participen con vuestra opinión sobre los textos. Planteando dudas, consultas o incluso si os parece, presentaros al resto de los lectores. Hagamos que la Fraternidad sea de todos. Les mando un saludo fraterno invocando a Jesucristo.

La vanagloria

Nativitas cordis

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Texto semanal de estudio e intercambio – 2 –

La duda y la evidencia

La duda surge cuando el centro soy yo, en cuanto ego.

Por lo contrario, cuando el interés radica en hacer lo que agrada al Señor, en cuanto seguir la voluntad suya enteramente, se dan los signos claramente en el corazón. Esto es: En la conciencia que se vuelve sobre si misma ante la Presencia de Dios.

No puede equivocarse el bien intencionado en esto: El hombre interior sabe a ciencia cierta si esa o aquella acción se corresponde con su Sagrado deber.

El deber ante Dios, no excluye la congoja o aún el temor, sin embargo subyace la paz profunda de estar haciendo lo que El Señor quiere.

En general, menudencias distraen al ser esencial, queriendo apartarlo  de Su centro. Importa llegar a estar con Dios y solo eso, a uno y a todos los hombres. Todo problema, toda duda y angustia, surgen ante la ausencia de la Sagrada Presencia.

Si en Dios…¿qué temo? Temo porque no siento a Dios conmigo. Y si a Dios no siento es porque algo quiero para mi que no es estar con Dios.

Porque si lo quiero a Él se silencia todo movimiento en mí, y al esto producirse, Su santa presencia emerge evidente, al no estar ya el  claro reflejo de la conciencia movido por las múltiples apetencias.

De suerte que todo movimiento surge del ansia y toda quietud de la gracia; el ansia busca el placer y la gracia a Dios, volviéndose hacia el sitio de donde provino.

Ignorantes erramos creyendo felicidad el hartazgo del sentido, absortos en el velo de la medianía, abrazamos la miseria; sin saber que al inclinarnos hacia la total renuncia, el abandono sin límites y la sumisión completa, recalaríamos en el puerto de Sus brazos haciéndonos Uno con Él.

En lo que atañe a la ascesis de los sentidos, la resistencia se manifiesta ante el cambio pretendido. El vicio ejerce inercia, oponiéndose a la purificación que quisiéramos operar.

Es decir que la resistencia muestra la voluntad nueva que la actúa, queriendo mutar la esclavizante costumbre en liberadora praxis. Esta fuerza de lo nuevo libre, ha de sostenerse  apenas un poco, lo suficiente hasta que el sentido acoja la penitencia con el mismo gusto con que antes  lo malsano.

En muy poco tiempo, mucho menos que lo que el tentador pretende que creamos; toda la percepción adecúa su linde al nuevo rigor, disfrutando ahora el pan desnudo y simple como antes el manjar untuoso, acogiendo el duro lecho sin ablandes con el mismo regocijo que antes, los mullidos edredones.

Pero  vale aclarar, que este disfrute y regocijo que se hallan también en la rusticidad de la regla, no encadenan reclamando a cada paso nueva manifestación; sino que van soltando al cuerpo hacia una experiencia de la libertad por entero novedosa, hacia una liviandad y extrañeza de los apetitos e ínfulas que antes constituían su vida por entero.

Y es por cierto este nuevo espacio rústico, libre de afeites y amaneramientos y consentimientos varios, en el que comienza a mostrarse el rostro de Aquél, que ajeno a toda riqueza habla en el corazón de la pobreza.

Porque El Señor es simple como el agua y liviano como el aire; el cuerpo torna entonces instrumento del espíritu transponiéndose así el obstáculo en medio.

Extraído de “Desde la ermita

Estimadas/os en el amor a Jesús y la vida monástica: Todo comentario, aporte o consulta será bienvenido para ir enriqueciendo nuestra vida comunitaria en estos nuevos inicios. Puede utilizarse para ello el espacio para comentarios debajo del post. Una hermana se encuentra haciendo un vídeo presentación del estudio que haremos de La Filocalía muy pronto, teórico y práctico, que esperamos sea de utilidad para todos.

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Acerca del Monje interior y la Fraternidad

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Texto semanal de estudio e intercambio – 1 –

Para miembros de la Fraternidad monástica virtual

Estimadas/os hermanas/os en el amor a Cristo y la vida monástica, aquí os dejo dos enlaces a textos sobre la atención y la necesidad de ella para llevar una vida de oración.

¿Que es la atención?

La atención es camino a la oración continua

En base a estos dos textos llevaremos adelante el estudio y la reflexión durante la semana que se inicia. Podemos intercambiar sobre ello, efectuar consultas y aportes que se consideren afines al tema libremente.

Para ello pueden usar los comentarios de aquí abajo. Si fuera preciso pueden escribir al mail o usar el Whatsapp

En unas horas pondremos un vídeo donde comentamos el tema y que buscará también aportar a este intercambio.

En este día de La Inmaculada les enviamos un abrazo fraterno, invocando el Nombre de nuestro Señor Jesús.

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La escala de San Juan Climaco

Benedicto XVI en audiencia general

La “Escala al paraíso” de san Juan Clímaco

Queridos hermanos y hermanas:

Después de veinte catequesis dedicadas al apóstol san Pablo, quiero retomar hoy la presentación de los grandes escritores de la Iglesia de Oriente y Occidente en la Edad Media. Y propongo la figura de san Juan, llamado Clímaco, transliteración latina del término griego klímakos, que significa de la escala (klímax). Se trata del título de su obra principal, en la que describe la ascensión de la vida humana hacia Dios. Nació hacia el año 575; así pues, su vida se desarrolló en los años en que Bizancio, capital del Imperio romano de Oriente, sufrió la mayor crisis de su historia. De repente cambió el marco geográfico del Imperio y el torrente de las invasiones bárbaras hizo que se desplomaran todas sus estructuras. Sólo quedó la estructura de la Iglesia, que en esos tiempos difíciles continuó su acción misionera, humana y sociocultural, especialmente a través de la red de los monasterios, en los que actuaban grandes personalidades religiosas, como san Juan Clímaco.

Entre las montañas del Sinaí, donde Moisés se encontró con Dios y Elías oyó su voz, san Juan vivió y narró sus experiencias espirituales. Se han conservado noticias sobre él en una breve Vida (PG 88, 596-608), escrita por el monje Daniel de Raithu: a los dieciséis años, Juan, monje en el monte Sinaí, se hizo discípulo del abad Martirio, un “anciano”, es decir, un “sabio”. Cuando tenía alrededor de veinte años, eligió vivir como eremita en una gruta al pie de un monte, en la localidad de Tola, a ocho kilómetros del actual monasterio de Santa Catalina. La soledad no le impidió encontrarse con personas deseosas de recibir dirección espiritual, ni visitar algunos monasterios cerca de Alejandría. De hecho, su retiro eremítico, lejos de ser una huida del mundo y de la realidad humana, lo impulsó a un amor ardiente a los demás (Vida 5) y a Dios (Vida 7).

Después de cuarenta años de vida eremítica vivida en el amor a Dios y al prójimo, durante los cuales lloró, oró, luchó contra los demonios, fue nombrado abad (egúmeno) del gran monasterio del monte Sinaí. Así volvió a la vida cenobítica, en el monasterio. Pero algunos años antes de su muerte, sintiendo la nostalgia de la vida eremítica, pasó a su hermano, monje en el mismo monasterio, el gobierno de la comunidad. Murió después del año 650. La vida de san Juan se desarrolla entre dos montes, el Sinaí y el Tabor, y verdaderamente se puede decir que de él irradió la luz que vio Moisés en el Sinaí y que contemplaron los tres apóstoles en el Tabor.

Como he dicho, se hizo famoso por su obra la Escala (klímax), llamada en Occidente Escala del Paraíso (PG 88, 632-1164). Compuesta por las insistentes peticiones del abad del cercano monasterio de Raithu, en el Sinaí, la Escala es un tratado completo de vida espiritual, en el que san Juan describe el camino del monje desde la renuncia al mundo hasta la perfección del amor. Es un camino que —según este libro— se desarrolla a través de treinta peldaños, cada uno de los cuales está unido al siguiente. El camino se puede sintetizar en tres fases sucesivas: la primera consiste en la ruptura con el mundo con el fin de volver al estado de infancia evangélica. Lo esencial, por tanto, no es la ruptura, sino el nexo con lo que Jesús dijo, o sea, volver a la verdadera infancia en sentido espiritual, llegar a ser como niños.

San Juan comenta: “Un buen fundamento es el formado por tres bases y tres columnas: inocencia, ayuno y castidad. Todos los recién nacidos en Cristo (cf. 1 Co 3, 1) deben comenzar por estas cosas, tomando ejemplo de los recién nacidos físicamente” (1, 20; 636). Apartarse voluntariamente de las personas y los lugares queridos permite al alma entrar en comunión más profunda con Dios. Esta renuncia desemboca en la obediencia, un camino que lleva a la humildad a través de las humillaciones —que no faltarán nunca— por parte de los hermanos. San Juan comenta: “Dichoso aquel que ha mortificado su propia voluntad hasta el final y que ha confiado el cuidado de su persona a su maestro en el Señor, pues será colocado a la derecha del Crucificado” (4, 37; 704).

La segunda fase del camino es el combate espiritual contra las pasiones. Cada peldaño de la escala está unido a una pasión principal, que se define y diagnostica, indicando además la terapia y proponiendo la virtud correspondiente. El conjunto de estos peldaños constituye sin duda el más importante tratado de estrategia espiritual que poseemos. Sin embargo, la lucha contra las pasiones tiene un carácter positivo —no se ve como algo negativo— gracias a la imagen del “fuego” del Espíritu Santo: “Todos aquellos que emprenden esta hermosa lucha (cf. 1 Tm 6, 12), dura y ardua, (…), deben saber que han venido a arrojarse a un fuego, si verdaderamente desean que el fuego inmaterial habite en ellos” (1, 18; 636). El fuego del Espíritu Santo, que es el fuego del amor y de la verdad. Sólo la fuerza del Espíritu Santo garantiza la victoria. Pero, según san Juan Clímaco, es importante tomar conciencia de que las pasiones no son malas en sí mismas; lo llegan a ser por el mal uso que hace de ellas la libertad del hombre. Si se las purifica, las pasiones abren al hombre el camino hacia Dios con energías unificadas por la ascética y la gracia y, “si han recibido del Creador un orden y un principio (…), el límite de la virtud no tiene fin” (26/2, 37; 1068).

La última fase del camino es la perfección cristiana, que se desarrolla en los últimos siete peldaños de la Escala. Estos son los estadios más altos de la vida espiritual; los pueden alcanzar los “hesicastas”, los solitarios, los que han llegado a la quietud y a la paz interior; pero esos estadios también son accesibles a los cenobitas más fervorosos. San Juan, siguiendo a los padres del desierto, de los tres primeros —sencillez, humildad y discernimiento— considera más importante el último, es decir, la capacidad de discernir. Todo comportamiento debe someterse al discernimiento, pues todo depende de las motivaciones profundas, que es necesario explorar. Aquí se entra en lo profundo de la persona y se trata de despertar en el eremita, en el cristiano, la sensibilidad espiritual y el “sentido del corazón”, dones de Dios: “Como guía y regla de todo, después de Dios, debemos seguir nuestra conciencia” (26/1, 5; 1013). De esta forma se llega a la paz del alma, la hesychia, gracias a la cual el alma puede asomarse al abismo de los misterios divinos.

El estado de quietud, de paz interior, prepara al “hesicasta” a la oración, que en san Juan es doble: la “oración corporal” y la “oración del corazón”. La primera es propia de quien necesita la ayuda de posturas del cuerpo: tender las manos, emitir gemidos, golpearse el pecho, etc. (15, 26; 900); la segunda es espontánea, porque es efecto del despertar de la sensibilidad espiritual, don de Dios a quien se dedica a la oración corporal. En san Juan toma el nombre de “oración de Jesús” (Iesoû euché), y está constituida únicamente por la invocación del nombre de Jesús, una invocación continua como la respiración: “El recuerdo de Jesús se debe fundir con tu respiración; entonces descubrirás la utilidad de la hesychia“, de la paz interior (27/2, 26; 1112). Al final, la oración se hace algo muy sencillo: la palabra “Jesús” se funde sencillamente con nuestra respiración.

El último peldaño de la escala (30), lleno de la “sobria embriaguez del Espíritu” se dedica a la suprema “trinidad de las virtudes”: la fe, la esperanza y sobre todo la caridad. San Juan también habla de la caridad como eros (amor humano), figura de la unión matrimonial del alma con Dios. Y elige una vez más la imagen del fuego para expresar el ardor, la luz, la purificación del amor a Dios. La fuerza del amor humano puede volver a ser orientada hacia Dios, como sobre un olivo silvestre puede injertarse un olivo bueno (cf. Rm 11, 24) (15, 66; 893).

San Juan está convencido de que una experiencia intensa de este eros hace avanzar al alma más que la dura lucha contra las pasiones, porque es grande su poder. Por tanto, en nuestro camino prevalece lo positivo. Pero la caridad se ve también en relación estrecha con la esperanza: “La fuerza de la caridad es la esperanza: gracias a ella esperamos la recompensa de la caridad. (…) La esperanza es la puerta de la caridad. (…) La ausencia de la esperanza anula la caridad: a ella están vinculadas nuestras fatigas; por ella nos sostenemos en nuestros problemas; y gracias a ella nos envuelve la misericordia de Dios” (30, 16; 1157). La conclusión de la Escala contiene la síntesis de la obra con palabras que el autor pone en boca de Dios mismo: “Que esta escala te enseñe la disposición espiritual de las virtudes. Yo estoy en la cima de esta escala, como dijo aquel gran iniciado mío (san Pablo): “Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad” (1 Co 13, 13)” (30, 18; 1160).

En este punto, se impone una última pregunta: la Escala, obra escrita por un monje eremita que vivió hace mil cuatrocientos años, ¿puede decirnos algo a los hombres de hoy? El itinerario existencial de un hombre que vivió siempre en el monte Sinaí en un tiempo tan lejano, ¿puede ser de actualidad para nosotros? En un primer momento, parecería que la respuesta debiera ser “no”, porque san Juan Clímaco está muy lejos de nosotros. Pero, si observamos un poco más de cerca, vemos que aquella vida monástica sólo es un gran símbolo de la vida bautismal, de la vida del cristiano. Muestra, por decirlo así, con letra grande lo que nosotros escribimos cada día con letra pequeña. Se trata de un símbolo profético que revela lo que es la vida del bautizado, en comunión con Cristo, con su muerte y su resurrección.

Para mí es particularmente importante el hecho de que el vértice de la “escala”, los últimos peldaños, sean al mismo tiempo las virtudes fundamentales, iniciales, las más sencillas: la fe, la esperanza y la caridad. Esas virtudes no sólo son accesibles a los héroes morales, sino que son don de Dios para todos los bautizados: en ellas crece también nuestra vida. El inicio es también el final, el punto de partida es también el punto de llegada: todo el camino va hacia una realización cada vez más radical de la fe, la esperanza y la caridad. En estas virtudes está presente la ascensión. Fundamentalmente es la fe, porque esta virtud implica que yo renuncie a mi arrogancia, a mi pensamiento, a la pretensión de juzgar sólo por mí mismo, sin confiar en los demás.

Este camino hacia la humildad, hacia la infancia espiritual, es necesario: hace falta superar la actitud de arrogancia que lleva a decir: en mi tiempo, en el siglo XXI, yo sé mucho más de lo que sabían los que vivían entonces. Al contrario, es preciso confiar solamente en la Sagrada Escritura, en la Palabra del Señor, asomarse con humildad al horizonte de la fe, para entrar así en la enorme vastedad del mundo universal, del mundo de Dios. De esta forma crece nuestra alma, y crece la sensibilidad del corazón hacia Dios.

Con razón dice san Juan Clímaco que sólo la esperanza nos capacita para vivir la caridad; la esperanza, por la que trascendemos las cosas de cada día; no esperamos el éxito en nuestros días terrenos, sino que esperamos al final la revelación de Dios mismo. Sólo en esta extensión de nuestra alma, en esta autotrascendencia, nuestra vida se engrandece y podemos soportar los cansancios y las desilusiones de cada día; sólo así podemos ser buenos con los demás sin esperar recompensa. Sólo con Dios, la gran esperanza a la que tiendo, puedo dar cada día los pequeños pasos de mi vida, aprendiendo así la caridad. En la caridad se esconde el misterio de la oración, del conocimiento personal de Jesús: una oración sencilla, que tiende sólo a tocar el corazón del Maestro divino. Así se abre el propio corazón, se aprende de él su misma bondad, su amor.

Por tanto, usemos esta “escala” de la fe, de la esperanza y de la caridad; así llegaremos a la verdadera vida.

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Reemplazar un hábito por otro

Estimadas hermanas y hermanos de la Fraternidad.

Nos encontramos ahora en el retiro sobre la oración de Jesús, en torno a la espiritualidad del peregrino ruso, que organizamos desde el blog Hesiquía. Les dejo aquí un link al día 9 de unos ejercicios sobre el mismo tema que realizáramos a finales del año 2012. Quizá pueda resultarles de utilidad.

Aquí el link

Les comento también que estamos organizando un curso sobre La Filocalía para miembros de la Fraternidad con una clase semanal de dos horas y que duraría dos años. El día de La Inmaculada el 8 de diciembre, cuando tengamos la primera reunión en esta nueva etapa, lo conversaremos bien.

Un saludo fraterno para todos invocando al Señor Jesucristo

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Ascetikón

Estimadas/os en Cristo Jesús.

Hemos recibido vuestro mails de inscripción como participantes activos de la Fraternidad, os hemos apuntado para la reunión el próximo 8 de diciembre. Días antes haremos un recordatorio y enviaremos las instrucciones técnicas.

Revisad las pestañas que estamos actualizando en la parte superior de este blog, donde también listamos proyectos que os pueden interesar y quizás colaborar.

Dejamos aquí el Ascetikón de Isaías de Gaza, con la recomendación de que visitéis este sitio – Aquí – del hermano Alejandro, que tiene interesantes artículos y una biblioteca muy exquisita en textos antiguos y de los padres. La misma está en la barra lateral derecha de dicho página.

Os mando un saludo fraterno, invocando el Santo Nombre de Jesús

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Aviso primera reunión de miembros

Estimadas hermanas y hermanos de la Fraternidad:

Aquí os dejo el último post del blog Hesiquía, con un audio, de la carta 7 del libro “La Oración de Jesús”. En el mismo canal de Youtube podéis encontrar las 6 cartas anteriores. Se irán agregando hasta completar el libro.

Haremos la primera reunión de miembros (En esta nueva etapa) el próximo 8 de diciembre, fiesta de La Inmaculada, a las 20 hora española (16 hs. de Argentina) por la aplicación de comunicación “Zoom”.

No olvidéis apuntaros para esta reunión. Agregad este número a vuestro Whatsapp: 54-351-3095309

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Tres cuentas y un collar

Hermanas y hermanos, aquí les dejo el enlace recién puesto en Hesiquía blog, mientras seguimos organizado la nueva etapa de la Fraternidad. Ya se han anotado más de 20 miembros para participar activamente.

Aquí el enlace

Un saludo fraterno invocando el Nombre de Jesús

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Ser monje

¿Qué es ser monje? Lo responderemos, por supuesto, desde nuestro punto de vista; el que quisiéramos usar en esta Fraternidad.

Para nosotros es monje el que tiene un deseo solo: Vivir unido a Dios en cada instante.

Esto empieza por un anhelo intenso, un deseo de Dios o de lo sagrado en la vida. Uno quiere consagrarse, comprometerse, sentirse íntimo de la vida divina. En ese sentido, el deseo de Dios es un noviciado, una preparación, uno aspira a la unificación de todas las apetencias del alma en una sola: Ser de Dios, ser mero instrumento, uno llega así a enamorarse de lo divino.

Sin darse mucha cuenta, amanece un día en que uno no vive para otra cosa, no desea otra cosa, no piensa en nada como no sea ese deseo de unión con Dios. No en vano en la historia se ha usado la metáfora de los amantes. Quién ama vive para el objeto de su amor; respira con su aire, mira por sus ojos, pisa sus huella y en todas las cosas encuentra rastros del amado/a.

Cuando el amor por Dios consume a la persona, en cierto modo esta deja de existir. Puede que siga en el mundo pero ya no es del mundo; lo que hace, lo que piensa y siente está atravesado por la gracia. Se ha perdido a si mismo, a tenido el don de sacarse de en medio para que brille El Único que Es.

Eso es un monje, alguien que tiene unificado los deseos en uno solo. Con hábito o sin hábito, con orden donde congregarse o sin ella, con regla pautada o sin ella, reconocido o ignorado, varón o mujer, pobre o rico; un monje es aquella persona que reconoce la primacía de la voluntad de Dios en todo y todas las cosas y que se ha abandonado a Su designio. Entregado por entero a la verdad profunda de su ignorancia, abraza su no-saber a la infinita sabiduría de Dios.

Aquí hermanos todos somos novicios, deseamos a Dios y queremos desearlo cada día más, hasta que ese anhelo nos inflame y nos consuma para siempre, liberados del sufrimiento que nos impone creernos separados del Padre.

Continuaremos en los próximos días, si Dios lo quiere, delineando el perfil de la Fraternidad y sus participantes. Los saludo con afecto fraterno, invocando sin cesar el Santo Nombre de Jesús.

Hno. Mario

Aquí el post de hoy del blog Hesiquía

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Participar activamente

Muy estimadas y estimados en el amor a la vida monástica. En esta etapa de reorganización del blog quisiéramos saber quienes, además de ser lectores, están interesados en participar activamente en esta etapa de la Fraternidad.

¿Podéis avisarnos?

Enviad por favor un mail (puede ser incluso en blanco) con el asunto o subject “Quiero participar”, al mail

hermanomariodecristo@gmail.com

Eso bastará para que os incluyamos en las tareas de preparación de este nuevo momento, que si Dios lo quiere, sirva para actualizar aquél ideal que nos agrupara en los principios de 2010.

Os dejo con otro post recién puesto en Hesiquía acerca de dos preguntas sobre la vida espiritual.

¡Oh Señor! ¿Donde está mi amor por Ti?

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Mientras reorganizamos

Estimadas hermanas y hermanos de la Fraternidad: Durante unos días, mientras reorganizamos esta iniciativa ligaremos con una serie de posts en Hesiquía blog que tratan sobre la Metanoia del corazón. Pueden formular consultas e intercambiar sobre el tema. Un saludo fraterno, invocando a Jesucristo.

Cultivando la metanoia

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Invitación y nuevo comienzo

Estimadas hermanas y hermanos de la Fraternidad Monástica Virtual:

Volviendo a participar de este espacio, después de un largo viaje por cielos e infiernos (externos e internos); me comunico con ustedes con la intención de invitarlos al retiro, en torno a la temática de la oración de Jesús, apoyándonos en el libro del peregrino ruso, que realizaremos próximamente de manera virtual y presencial. Os dejo dos enlaces aquí debajo al respecto que publicamos en Hesiquía blog hace unos días.

1° post sobre el retiro

2° post sobre el retiro

En los próximos días reorganizaremos el blog y trataremos de relanzar la Fraternidad Monástica Virtual, de acuerdo a lo aprendido estos años, en todo sentido. Quiero agradecer especialmente al Hno. Gabriel y a la Hna. María, quienes han contribuido a mantener vivo el espacio a lo largo de varios años. Ellos, cada uno en su momento, aportó lo mejor de sí sin esperar nada a cambio y por amor al proyecto y la vida monástica. También agradezco a los lectores y a quienes han comentado siempre; que El Señor Jesús fuente de toda misericordia los inunde con su gracia inefable.

Un saludo fraterno para todos, invocando siempre el Nombre de Jesús.

Hno. Mario

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Fraternidad Monástica Virtual

La idea básica

Nace con la intención de ser un vínculo entre Hermanos y Hermanas católicos con vocación monástica.

Un ámbito propicio para todos aquellos que anhelando profundamente la vida del claustro o de la ermita, nos vemos impedidos de abrazarla íntegramente debido a particulares circunstancias. (Edad, familia, salud, etc.)

Es una invitación a la creación de nexos permanentes y asiduos entre quienes sintiéndonos monjes en el corazón, no podemos todavía externalizar esa condición.

Es el intento de aprovechar efectivamente la posibilidad que brinda la tecnología de la internet, para vivir en comunidad espiritual, siguiendo una regla de vida, sirviendo mediante un apostolado concreto y manteniendo viva y al abrigo la vocación monástica; llamada que será respondida de mas y mejores modos en la medida que la vida personal se vaya adecuando al ideal.

La espiritualidad

Nuestra espiritualidad se articula en torno a la oración de Jesús, camino hacia la oración del corazón, ambiente favorable para establecerse en la hesiquía, en ese centro pacífico e imperturbable donde habita Cristo.

Un progresivo despojamiento de lo innecesario, tanto sicológica como materialmente, permite hacer espacio para el crecimiento del espíritu; arraigando así un silencio fecundo y  una serena alegría, no dependiente de logros o circunstancias.

Además de la Sagrada Escritura, “La Filocalia”, La “Nube del No Saber” y la “Teología mística” de Dionisio son las fuentes en las cuales nos nutrimos en el camino hacia la pureza del corazón. Dos textos mas simples pero en la misma línea, sirven de introducción a esta vía apofatica: “Relatos de un peregrino ruso” y “El breve tratado de oración contemplativa” ambos de autor anónimo.

El apostolado

Además de aquella actividad apostólica que cada uno quiera realizar en su lugar de residencia, según su particular disposición y posibilidad, nos unifica el servicio a la evangelización a través de Internet, tratando de llevar a este “nuevo areópago” los frutos que van surgiendo de la oración.

Utilizar los medios masivos para difundir el mensaje de Cristo y la Iglesia, con espíritu fraterno a todos los hombres, es la clave del apostolado que queremos construir.

Servir a la Iglesia mediante el diseño y mantenimiento de sitios web para órdenes y fraternidades monásticas o instituciones religiosas en general, sería lo mas acentuado de un servicio gratuito, que puede incluir la digitalización de materiales, la producción de videos o programas en los medios, generación de boletines o revistas etc.

Por cierto que se brindará la capacitación necesaria a distancia para quienes interesados en esta labor, no tuvieran los conocimientos necesarios.

Las formas de participación

Una forma básica de participación, útil al acercamiento para un conocimiento progresivo de la espiritualidad de la fraternidad, es la suscripción gratuita mediante mail a un boletín, de carácter semanal, en el cual se tratan temas de interés para el desarrollo de la espiritualidad hesicasta, fortaleciendo la construcción de la celda interior.

Una segunda forma de participación, mas comprometida, implica la aplicación creciente en la vida cotidiana de la regla de vida y la inclusión diaria en un momento de oración e intercambio a través de la internet, que sirve de estímulo orientativo en la aplicación de aquello que se va leyendo e intentado practicar en la jornada.

La tercera forma esbozada de participar, implica además de lo anterior, el hacerse cargo de una tarea concreta dentro del apostolado planteado, sirviendo a alguno de los proyectos webs de los que la fraternidad se haya hecho cargo.

La regla básica de vida

La Santa Misa.

En la medida de lo posible, asistir a la Eucaristía diariamente, llevando al altar los pedidos de oración encomendados y nutriéndose de los santos dones, encontrar las fuerzas para una dedicación creciente a lo único necesario.

La Oración de Jesús.

Según las enseñanzas de los Santos Padres, ir afianzando el hábito de la oración de Jesús, liberando a la mente de pensamientos vanos, ligándola al corazón en una creciente atención a la Sagrada Presencia. El fortalecimiento de toda la voluntad que la repetición del Santo Nombre produce, permitirá en el futuro abrazar mas intensas prácticas ascéticas, liberar la propia vida de secundariedades e ir generando una ermita interior donde habite el silencio místico.

La Meditación.

Dedicar un momento en cada jornada a la práctica de la oración de quietud, en donde a la paulatina inmovilidad del cuerpo le sigue la concentración de la mirada en el icono, la profundización de la respiración y el gradual ingreso del espíritu en el corazón.  En etapas posteriores de la práctica, a una oración cada vez mas queda, progresivamente libre de conceptos e imágenes, podría sucederle el acceso a una zona interior que ha sido llamada por Dionisio como “tiniebla supra esencial”.

Atentas lecturas, orientación personal y habitual sobre estos temas e intercambio con otros que intentan caminar por la misma senda son requisitos ineludibles para el progreso en la efectiva aplicación de esta regla básica de vida.

La imagen a futuro.

Que esta fraternidad virtual sirva para el sostenimiento de las vocaciones monásticas postergadas, hasta el momento en que cada uno pueda sumarse al monasterio u orden que anhela es para nosotros una meta clara.

También, para los que no son admitidos por diversas razones en ordenes existentes, concebimos la idea de que pudieran reunirse en viviendas comunes o cercanas, a fin de llevar al contacto personal no intermediado por la tecnología, estas formas de trabajo y esta actitud para orar y servir.

Todo ello si la experiencia de fraternidad monástica en el ámbito de lo virtual fuera nutrida, útil y se enriqueciera con un número mínimo de miembros.

Esto está apenas comenzando, toda sugerencia o aporte será valorado. Que Cristo nos de la gracia para hacer algo útil a los demás y que el modelo de María Virgen nos oriente hacia la pureza del corazón.

Hno. mario de Cristo Salvador

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