Homilía del Padre José

2º Domingo Tiempo Ordinario, ciclo A – 19 de enero 2020

La primera lectura tomada de Is 49,3.5-6, nos presenta a un personaje que se le conoce como: el Siervo de Yavé. Nos preguntamos: ¿Quién es este personaje, elegido por Dios, íntegro en su fe y al que se le ha confiado una misión universal? ¿Qué rostro o qué nombre le daremos?
Juan el Bautista emplea una expresión para dirigirse a Jesús, que guarda relación con la del Siervo: «este es el cordero de Dios». De modo que podemos decir que lo que Isaías presenta como «Siervo» y lo que el Bautista presenta como «Cordero», guarda una relación.
Efectivamente, este Siervo al cual Dios dice: «te convierto en luz de las naciones para que mi salvación llegue hasta los confines de la tierra», encuentra su pleno cumplimiento en Jesús, luz venida al mundo para alumbrar a todos los hombres y Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. En él vemos nuestra esperanza y la esperanza del mundo cumplida.

San Pablo en la segunda lectura, habla de un Pueblo formado por todos aquellos «que invocan en cualquier lugar el nombre de Jesucristo». Este es un pueblo que tiene un origen apostólico y como distintivo la fraternidad: «yo Pablo, llamado por voluntad de Dios a ser apóstol y el hermano Sostenes». Pues bien, este pueblo es llamado por Pablo: «Iglesia de Dios», lo que nos permite hablar de otros nombres para designar a este siervo que se manifiesta en Cristo como son: Iglesia de Dios y Pueblo de Dios.

Este pueblo, como hemos dicho, tiene su fuerza en la invocación del nombre de Jesús, lo que lo distingue de los demás pueblos. En el Evangelio, hemos escuchado que Juan es el que da testimonio de Jesucristo, con esa expresión que le caracteriza: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Es más, sobre él se posa el Espíritu, por tanto, este es el «Hijo de Dios» y éste será finalmente, el nombre más preciso para designar al Siervo, que desglosado viene a ser así: Jesús, el Cristo, es decir el ungido por el Espíritu y en consecuencia, el Hijo de Dios.

Nos preguntábamos al principio acerca de quién sería este siervo, pues bien, esta figura del Siervo la vemos reflejada en Jesús, cuya presencia atraviesa la historia, como Cordero de Dios, como Pueblo de Dios, Ungido de Dios, Hijo de Dios, y llega hasta nosotros, llamados a seguir sus pasos poniéndonos al servicio los unos de los otros como él, que ha venido a servir y no a ser servido.

El Evangelio hace hincapié en el Siervo que como Cordero, quita el pecado del mundo y forma un pueblo de Hijos, que invocan su Nombre continuamente y al hacerlo atraen continuamente su salvación, su misericordia y su paz.
El es en definitiva, el Siervo que carga con nuestras miserias e incoherencias; con nuestros pecados y transforma con su Gracia, toda iniquidad en santidad, uniéndonos así al Padre, por la sangre de su cruz. En él, todos hemos sido llamados a nacer de nuevo por el agua y el Espíritu, y así hacer posible un mundo nuevo en el que la fraternidad sea el estatuto y el amor la única regla de vida.

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Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y miembro activo de nuestra Fraternidad monástica virtual

Acerca de Blog El Santo Nombre

...Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en Él vivimos, nos movemos y existimos... (Hechos de los Apóstoles 17, 27-28)
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11 respuestas a Homilía del Padre José

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  2. HNO BETOCUA dijo:

    Paz y bien, me gusta esta frase de la conclusión:”definitiva, el Siervo que carga con nuestras miserias e incoherencias; con nuestros pecados y transforma con su Gracia, toda iniquidad en santidad” bendiciones hnos

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  3. Anónimo dijo:

    Amén.
    Además también por hacerme partícipe de esta comunidad monástica virtual.
    ¡ Alabado sea Nuestro Señor Jesús !

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  4. Fernando de Paz dijo:

    Buen día
    Me siento parte de la Fraternidad Monástica Virtual.
    Hago mía la frase : Vivir como monjes en cualquier lugar.
    Por distintas circunstancias no pude ser monje (benedictino), el Señor me fue llevando por distintos caminos. Le doy gracias a Él por todo lo vivido.
    Pero ahora la vida me permite vivir la Eucaristía cada día, rezar la Liturgia de la Hora, meditar y unirme a María en el Rosario de cada jornada.
    Gracias por este modo de hacernos saber que estamos “unidos y orantes”, sin importar la distancia física.
    Bendiciones abundantes para todos.

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    • Carmen Piña dijo:

      Hola Fernando. Soy Maria Carmen de Barcelona, y me siento reflejada en sus palabras. Yo iba para monja de clausura, pero no pudo ser. Y después de retiros y convivencia en algunos Monasterios del Carmelo, y ver que no encontraba mi lugar… me dije: “Seré Carmelita de calle!”.
      Como usted procuro también seguir los sacramentos, la Eucaristía diaria y la Liturgia de las horas -aunque no siempre puedo hacer todas las horas- , el Rosario…y la Lectura bíblica del día.
      He tenido temporadas algo distraída, pero le pido a la Virgen María y a Jesús.. a la Santísima Trinidad que me enraíce ya definitivamente en Cristo Jesús. Y sentí que la Filokalía llegaba como agua bendita! Saludos!

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  5. hnomarcelo dijo:

    JESUCRISTO, Señor de la historia, Cordero de Dios que se ofrecio por nosotros, GLORIA A EL, ETERNAMENTE GLORIA!!!

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  6. “un Pueblo formado por todos aquellos que invocan en cualquier lugar el nombre de Jesucristo”. …y
    “un mundo nuevo en el que la fraternidad sea el estatuto y el amor la única regla de vida”.

    Bastarían esas dos frases para que apegados a ellas nuestra vida se transforme completamente. Graciás Padre José. Un abrazo!

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  7. bibliopilca dijo:

    En Jesús encontramos el Camino, la Verdad y la Vida.

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  8. Sumisos a nuestros obispos y presbíteros, unidos fraternalmente a nuestros hermanos y así, ovejas de un solo rebaño, reconociendo a Jesús Hijo del Padre como nuestro Señor.

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  9. Carmen Piña dijo:

    ¡Amado Jesús, Santo Hijo de Dios, guíanos en esta vida para ir al Padre!

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