Homilía del Padre José

2° Domingo de Cuaresma – Ciclo “A”

Dios llama a Abrahán a dejar su pasado, un pasado idolátrico y politeísta para comenzar el camino hacia el encuentro con el Dios único y verdadero. Un camino no falto de dudas, de búsquedas, de purificaciones y es así que comienza su vocación como el gran peregrino de la fe. Esa peregrinación, estará alentada por la búsqueda y la sorpresa, pero también, la dureza y la dificultad. De este modo, se convierte en el primer eslabón de un gran pueblo en medio de las naciones y un punto de referencia para todos los que invocan el nombre del Señor manifestado en Cristo Jesús, que con su muerte y resurrección ha derribado todos los muros y fronteras y en quien se cumple la promesa hecha a Abrahán, nuestro Padre en la fe.

En la segunda lectura, tomada de 2 Tim 18b-10, Pablo escribe a su discípulo Timoteo, advirtiéndole que la tarea evangelizadora no está libre de dificultades. Esta consiste en presentar ante los hombres la obra de Dios realizada en Cristo Jesús a través de su muerte y resurrección y que nosotros la actualizamos y hacemos viva en nuestra vida cotidiana y con nuestra oración continua. Al igual que Pablo y Timoteo, es inevitable que tengamos que sufrir por Cristo, pero no estamos solos: la gracia de Dios nos sostiene y nos fortalece en la debilidad.

El Evangelio de Mat 17, 1-9 nos presenta el relato de la Transfiguración que se enmarca después de la confesión de Pedro en Cesarea y del primer anuncio de la Pasión, que provocó en Pedro el rechazo, asustado por el escándalo de la cruz. Jesús aparece como un nuevo Moisés, cuando recibe las tablas de piedra en el Sinaí, mostrándonos ahora en el tabor, que la ley y los profetas se sintetizan en su nuevo mandamiento: el del amor a Dios y al prójimo. La nube y la voz que se oyen ponen de manifiesto que Jesus es el profeta más grande y lo es por ser el «Hijo predilecto de Dios».

Toda la escena nos permite contemplar que en Jesús, cielo y tierra se han unido y Él es el centro donde converge la realidad de lo alto y la realidad de lo terreno. Así podemos experimentar que Jesús es el auténtico mediador entre Dios y los hombres, al que hemos de escuchar y en cuyo Nombre todo se renueva. La promesa de la bendición divina colmó de esperanza la vida de Abrahán; la fuerza de Dios ayuda a Timoteo a obtener la gracia de Cristo para difundir el Evangelio con entusiasmo; la visión de Cristo transfigurado corrobora a los discípulos en la hora de la ignominia de la cruz y el Espíritu no deja de alentarnos a nosotros en la oración continua y en el seguimiento de Jesucristo.

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Padre José es sacerdote de la Orden de Predicadores y miembro activo de nuestra Fraternidad Monástica Virtual

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...Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en Él vivimos, nos movemos y existimos... (Hechos de los Apóstoles 17, 27 y 28)
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3 respuestas a Homilía del Padre José

  1. Que podamos nosotros unir el cielo con la tierra, nuestra luz con nuestra sombra, que la repetición de su Santo Nombre nos transfigure poco a poco hasta que sea Él quién viva en nosotros. Un abrazo fraterno padre José.

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