Tres formas de afrontar una crisis

Muy buenos los comentarios y este autor, Casiano, totalmente desconocido para mí. Con respecto a la atención y al discernimiento quería dejar un comentario de Juan Taulero, beato dominico, místico de gran influencia en San Juan de la Cruz, que escribe sobre el año 1300 y se pregunta sobre la crisis de los monjes que a la edad de 50 años dejan el monasterio o abdican de su vocación. Para él una crisis es una coyuntura de cambio en cualquier aspecto de una realidad organizada, pero inestable. Un cambio crítico tiene incertidumbre en sus consecuencias que ponen en riesgo el desarrollo y crecimiento normal. En las crisis espirituales no hay gusto, no hay paz, uno queda agotado. No puedo hacer nada, sin embargo hay que ver que la crisis es obra de Dios. Descubrir mi fondo, es fundamental madurar… pero reaccionamos mal. Incluso no vale solo la oración ni la ascesis. Dios obra por mi vida.

Existen tres formas de afrontar una crisis:
* Primero la huida:
1. Me niego a mirarme, busco la reforma de lo externo. Que cambie otro.
2. Aferrarme a las prácticas de toda la vida de manera formal, no afronto lo interior.
3. Nuevas formas de hacer incesante. Espero solución de fuera, consumismo espiritual. La vida espiritual tiene un escalonamiento que no acepto ni entiendo.
De aquí provienen los famosos giróvagos, nada les contenta en donde están y cambian de lugar. Dice Tomás de Kempis: “El cambio de lugar a engañado a muchos.”

* Segundo inhibición y endurecimiento:
1. Endurecimiento de mis prácticas de piedad. Caigo en la dureza de corazón y la intransigencia. Solo vale la forma exterior, sin amor. Mis principios son mis ídolos. Mi seguridad son mis convicciones, no en el encuentro con el Dios vivo. Fariseísmo. Hay miedo.
2. Dios es un extraño, caemos en ser cisternas secas.
3. Las monjas de Port Royal, puras como ángeles y orgullosas como demonios.

* Tercera respuesta, la correcta: El autoconocimiento desde Dios, la madurez y la interioridad:
1. Es una vía dolorosa. Hay verdades que no deseo ni quiero escuchar, por eso me endurezco, pero debo seguir. Aquí es de donde San Juan de la Cruz saca la idea de la noche oscura.
2. Proyecto mis errores en los demás. Es una conmoción, sin embargo me ayuda a madurar.
3. El Espíritu Santo guía a la apertura. Y hay que pasar por apretura, como una serpiente que muda la piel.
4. ¿Cuáles son mis motivaciones y mis actitudes? Observarse, e imaginar. Aquí es donde la lectura del cuento del Padre Sergio y del monje que pone ejemplo Casiano en boca de Moisés cuando dice que deja la Pascua por su ascetismo… ¿a mí qué me mueve a hacer lo que hago?
5. Cuál es mi verdad sin autojustificaciones.
6. Autoconfianza. Descubrir mis mentiras. Focalizar la atención en Cristo.

De esta reacción sacamos un gran beneficio: La serenidad:
1. No es paz estoica.
2. Es entregar mi voluntad a la voluntad de Dios. Es dinámica.
3. Dejar incluso lo bueno, es como una novia que cambia el vestido. Hay cosas que me sirvieron espiritualmente de joven, de adulto son otras, lo anterior tuvo su valor, pero en el avance espiritual descubro nuevos métodos que me valen mejor que lo que hacía de niño y que me hacen crecer en la fe.
4. Disposición para sufrir, pasar por apretura. Como el cambio de piel de la serpiente.
5. Confiar en el Espíritu Santo. Madurar.
6. Hacer, hacer, hacer no vale, sino…….. dejar hacer a Dios. Entrega del corazón. Y entonces hay como una segunda conversión en la vida, es un nuevo nacimiento de Jesucristo en nuestro interior.

Creo que son ideas muy interesantes que incluso el mismo psiquiatra austriaco Carl Jung subraya: la crisis de la madurez, de los 40-50, es una crisis espiritual cuya respuesta está en la interioridad. De esta manera nuestro discernimiento y atención a lo esencial es bien distinta a la infancia espiritual y nos hace crecer.

Espero que estas líneas ayuden. Saludos.

El texto reproduce un comentario realizado por Sergio Cardona, en el ámbito de la 6° clase de Filocalía en elsantonombre.org Sergio es participante del curso y miembro de la Fraternidad Monástica Virtual

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Acerca de Blog El Santo Nombre

...Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en Él vivimos, nos movemos y existimos... (Hechos de los Apóstoles 17, 27 y 28)
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7 respuestas a Tres formas de afrontar una crisis

  1. Sergio dijo:

    Hola Hermana, interesante comentario.

    Dice en un sermón Juan Taulero: «Hijo hace falta mucha y maravillosa diligencia para que el hombre conozca rectamente su ánimo y carácter. Para ello tiene día y noche que estudiar e imaginar, controlarse a sí mismo y ver lo que le impulsa y mueve en todas sus acciones. Debe dirigir con todas sus fuerzas todo su hacer, y enfocarlo inmediatamente a Dios. Que el hombre no cometa ninguna mentira pues cualquier obra buena que el hombre ejecute y luego la dirija a Dios es una mentira. Todo lo que no tenga a Dios como objetivo es un ídolo.» Aquí es interesante releer el cuento de León Tolstoi, El padre Sergio y sus motivaciones internas, así como la película Ostrov.

    “¡Permanece sólo contigo mismo y no corras a lo exterior, súfrete y no busques otra cosa!
    Algunos hombres buscan otra cosa cuando están en esta pobreza interior y buscan siempre algo
    distinto para evitar así la apretura. También se quejan y preguntan a maestros, y cada vez
    quedan más confusos. Párate sin dudar nada. Después de la tiniebla viene la luz del día, el
    amanecer del sol.” “Que el hombre se deje preparar y dé al Espíritu ciudad y espacio para que pueda comenzar en él su obra.”

    Y para terminar con Jung: “«De entre todos mis pacientes que habían pasado la mitad de la vida, es decir, de mas de treinta y cinco años, no había ninguno en que el problema decisivo no fuera su actitud religiosa. Ciertamente todo el mundo se pone enfermo por lo que ha perdido y esto es lo que las religiones vivas han dado en todos los tiempos a sus creyentes. Por otra parte, nadie se cura de verdad si no logra recuperar su actitud religiosa.»

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  2. Pingback: La pérdida del propósito – El Santo Nombre

  3. HNO BETOCUA dijo:

    Paz y bien hn@s: Muy interesante el tema, creo que ante la crisis espiritual tambien ayuda lo que decia el Hno Beato Charles de Foucuald:, fruto de su experiencia dice: “Es necesario pasar por el desierto y permanecer en él para recibir la gracia de Dios: es en el desierto donde uno se vacía y se desprende de todo lo que no es Dios y donde se vacía completamente nuestro interior para dejar todo el sitio a Dios solo”.

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    • Sergio dijo:

      Gracias Hermano. Dice Juan Taulero (Johaness Tauler) «Querido: ¡Abísmate, abísmate en el fondo, en tu nada y deja caer sobre ti la torre (de la catedral de la autocomplacencia y de la autojustificación) con todos sus pisos! ¡Deja que vengan a ti todos los demonios que hay en el infierno! ¡Cielo y tierra con todas sus criaturas te servirán maravillosamente! ¡Abísmate solamente! Será para ti lo mejor. Con la confianza de que Dios te conduce a través de la apretura.»

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  4. Pingback: De qué forma el espíritu penetra en el corazón | Hesiquía blog

  5. María dijo:

    Muy buena la aportación, M. Carmen, pero pienso que también, por ejemplo, una enfermedad seria puede desencadenar una crisis de tipo espiritual. En este caso nosotros no hemos ido a la crisis, simplemente el Señor la permite para nuestra mayor purificación y crecimiento.
    Un saludo invocando el Santo Nombre

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  6. Saludos fraternos en Cristo, hermano.
    Esta exposición veo que es muy provechosa pues me hace reconocer esos mecanismos de camuflaje primero y de huída después a la hora de afrontar una crisis, un sufrimiento, ya sea con uno mismo o en el que entran los demás.
    En realidad creo que la crisis es interna, de aquello que no ha sido reconocido, sino ocultado o engañado, por la astucia de ese yo con mil aristas. Y los otros, son en realidad parte de nosotros en el sentido de que nos hacen ver y con ellos podemos entrar en contacto con aquellas áreas no resueltas internas, emocionales o psicológicas. Los demás nos devuelven esa proyección errónea que hemos hecho hacia ellos o la situación. Por eso todos nos necesitamos, unos somos espejos de los otros, y en la interacción, aprendemos y nos reconocemos.

    Carl Jung decía : “No es posible despertar la conciencia sin dolor. Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz, sino haciendo consciente la oscuridad.”.
    Y es ese temor a sufrir, ese miedo a afrontar el dolor lo que a menudo nos impele a volver atrás y no abrirnos al Bien Mayor de Dios.
    Si nos mantenemos, si podemos permanecer en ese dolor u oscuridad, en un primer momento ese estar ahí nos puede volver rígidos, o secos, pero a la vez, en ese estadio es cuando puede la Luz entrar.
    “Dejar hacer a Dios”… cómo nos cuesta eso, cuanta confianza aún nos falta… qué impacientes somos y necesitados de resultados rápidos y respuestas inmediatas. Cómo nos cuesta entregarlo todo a Él en ese momento en que a veces nos fallan las fuerzas y nos inhibimos de toda apertura, pues el dolor nos lleva a encerrarnos.
    Hay una parte del yo que se recrea en el sufrimiento y nos impide aprender y ver qué sucede y qué nos ha llevado allí. Hay tramos de silencio pasivo y oscuro, y otras de silencio activo y luminoso.

    No acabo de ver que Dios nos lleva ahí… aunque por otra parte Él es siempre en todo momento y lugar. Para mí Dios permite, pues todo es para nuestro bien.- quizás ese sea el sentido de la expresión- Pero debemos responsabilizarnos de que nosotros hemos ido a las crisis, con nuestra ceguera, nuestros pensamientos, palabras y obras, nos hemos ido sumergiendo en el pecado el cual nos lleva a sufrir, a las crisis…
    La Luz del Espíritu Santo entiendo, es la clave que nos mostrará mayor claridad de mis culpas y miedos, apegos y juicios, y poder aprender a reconocernos frágiles y despojarnos, entrando en ese desierto de la ambivalencia, acogiendo nuestra sombra, reconociéndola y entregándosela a Él. Nada ni nadie más puede rescatarnos sino su Amor, la acción y Presencia plena de la Divina Trinidad.

    M.Carmen Piña

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